Ojalá no olvidarnos de nuestra propia realidad. Conversación con Nelson Reguera

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Por Josmar Echevarría

Los entornos virtuales condicionan, codifican y modifican cada vez más la comunicación humana. El bailarín y coreógrafo francocubano Nelson Reguera, quien tiene un vínculo profesional y personal sólido con la Compañía Rosario Cárdenas, regresa a La Habana con Ojalá, cuarta obra que el creador pone en los cuerpos de bailarines cubanos para discursar sobre la hiperconexión y dependencia digital que ha reconfigurado las relaciones humanas.

Antecedida por Deseo (2019), Murmuro (2020) y Brutal (2023), Ojalá llega a la escena como estreno absoluto. En medio de la vorágine creativa Reguera ha accedido a esta conversación (también virtual) sobre su formación, relación con la compañía y la puesta en escena.

Te formaste en la Escuela Nacional de Danza , posteriormente, diste tus primeros pasos profesionales en la Compañía Danza Combinatoria, hoy Compañía Rosario Cárdenas. ¿Cómo fue ese tránsito desde tu formación académica hasta la compañía? ¿Qué aprendizajes de aquella etapa temprana aún persisten hoy en tu manera de componer?

Mi transición como bailarín desde la escuela a la compañía de Rosario Cárdenas, en aquel entonces Danza Combinatoria, fue muy intensa. Estar terminando la escuela y a la vez estar con la compañía fue una etapa enriquecedora. Recuerdo que apenas llegué me incorporé al montaje de Toques de salón y después empezamos con María Viván, una de las grandes obras de la compañía que me permitió crecer  en el ámbito profesional. Ya no era la escuela donde uno repetía lo que los maestros te decían, con la compañía era completamente diferente. Había que leer, instruirse, coger un poema e improvisar sobre ese  poema, había que seguir las clases con Rosario Cárdenas y su combinatoria, una técnica completamente diferente a la que estábamos acostumbrados en la escuela. Eso fue un reto y a la vez muy enriquecedor para mí como bailarín que llegaba al mundo profesional.

Esos primeros pasos con Rosario Cárdenas son la base que me ha formado como bailarín y me ha servido para el trabajo con diferentes compañías y proyectos, desde bailar en el Ballet Nacional de Australia, en obras de teatro o hacer videos para la televisión. La Compañía Rosario Cárdenas fue ese toque final después de la escuela donde empecé a madurar, es el lugar donde empezaron a crecer las alas. Rosario te enseña, te prueba, te reta a hacer algo diferente. Esos tres años y medio con la compañía me permitieron estar preparado para presentarme en cualquier escenario, esa disciplina aprendida la llevo todavía. Rosario fue muy exigente con nosotros y así aprendimos a tener esa entrega y exigencia para el trabajo artístico y en la vida fuera de la escena también.

«Tenemos el internet en el bolsillo pero hemos perdido la capacidad de estar presentes. Ojalá se pregunta qué le pasa al cuerpo humano cuando nunca está solo y aún así lo está más que nunca.«

Hace más de dos décadas que vives y trabajas en Francia, un contexto artístico que te ha permitido desarrollar una carrera internacional como bailarín y coreógrafo, transitando por ciudades como París, Bruselas, Budapest y Sidney. ¿Cómo ha influido esa experiencia tanto en lo estético como en lo organizativo en tu mirada coreográfica?

Esa oportunidad que he tenido de trabajar con diferentes coreógrafos y compañías ha sido enriquecedora. Cada coreógrafo tiene un estilo y visión diferente del hecho artístico, yo soy como una esponja, aprendo, aprendo, aprendo… y trato de llevar a mi trabajo todas esas vivencias que he experimentado como bailarín y como asistente de coreografía. Tengo una gran influencia de Pal Frenak, fueron 11 años que estuve trabajando con él, compartiendo como bailarín y como asistente de coreografía. También tengo la influencia de todas esas otras compañías con que he bailado y que han completado de alguna manera quien soy hoy como el coreógrafo, como creador que intenta poner en escena ideas e imágenes. Trabajo mucho con las imágenes y eso es lo que lo que trato de desarrollar, las cosas que me imagino y las cosas que he acumulado en todos estos años de trabajo.

«…siempre es bueno trabajar con bailarines cubanos que son tan entregados, tan creativos y eso es lo que me ha permitido poder sacar la obra en tan poco tiempo.»

 

Ahora llega Ojalá, tu más reciente estreno con la compañía.  ¿Qué gesto coreográfico o qué pregunta escénica articula la pieza?, ¿Qué esperas que el público habanero lleve consigo al salir de la sala?

Ojalá, es una obra que la vengo trabajando hace dos años. La empecé a trabajar en parte de los estudios que hice como de coreografía en la Fábrica de la Danza en París. Es una obra que ha ido cocinándose, mutando y finalmente estoy aquí tratando de sacarla, es retador porque los tiempos son limitados, pero siempre es tan bueno trabajar con estos bailarines cubanos que son tan entregados, tan creativos y eso es lo que me ha permitido poder sacar la obra en tan poco tiempo.

Ojalá, es una obra que viene sobre mi inquietud de ver a tanta gente dependiente de su teléfono u otro soporte digital, a un mundo virtual y cada vez más desconectadas de la realidad. Ya no hay una mirada a los ojos, ya no se conversa en vivo con la gente, todo es por el teléfono. Se ha perdido el roce humano en los lugares públicos. Casi siempre todo el mundo está presente, pero a la vez no está presente. Estamos conectados, pero a la vez estamos cada vez más aislados y nos estamos olvidando de cómo tocarnos, cómo mirarnos, cómo poder hablar con el cuerpo.

Nos distanciamos de esa parte humana de nosotros mismos. Con Ojalá concibo un entorno virtual en la escena y trabajo desde la transformación del cuerpo, esa transformación humana que yo me imagino que pasará si seguimos dejando que la tecnología tome el control. Siempre trabajo con imágenes y doy esa libertad al público que se imagine cada escena, que el propio espectador la transforme desde su punto de vista.

Ojalá es para todas aquellas personas que también han mirado alguna vez el teléfono buscando lo que el teléfono no le puede dar, el contacto emocional. Sobre eso va el discurso, como hemos condicionado la dependencia a un teléfono, una conexión, unas redes sociales, unos likes, el scroll infinito. Pero, ¿nos dan realmente lo que estamos buscando?, ¿es algo real o irreal?

Tenemos el internet en el bolsillo pero hemos perdido la capacidad de estar presentes. Ojalá se pregunta qué le pasa al cuerpo humano cuando nunca está solo y aún así lo está más que nunca, ¿qué se transforma?, ¿qué se pierde?, ¿qué buscamos en un mundo hiperconectado, virtual?…pero sobre todo llama a no olvidarnos de nuestra propia realidad.

Fotos cortesía del entrevistador