Por Amanda Vázquez
Entrevista con Jorge Iglesias, director de la Maestría de Cine Alternativo, que se imparte en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños
¿Cómo surge la Maestría de Cine Alternativo?
Surge en un momento en que en la escuela se estaban creando varias maestrías. La primera fue una dedicada al guion, en 2015. Al año siguiente le siguieron una maestría de documental y otra de cine ensayo, una maestría magnífica que duró solamente un año. En 2017 comienza la Maestría de Cine Alternativo, que se ha mantenido hasta el momento. Tuvimos una interrupción de un año por la pandemia de la COVID 19. Ya estamos en la novena edición.
Su claustro ha ido cambiando. Yo he tratado de mantenerme fiel al pensamiento de algunos de sus profesores. En ese sentido, quiero apuntar que la maestría ha variado un poco, pero en su esencia sigue siendo la misma: un espacio donde, por decirlo de alguna manera, se alienta una libertad creativa enorme, sin fronteras. O sea, no predicamos un solo modelo narrativo. Estamos abiertos a diferentes maneras de expresar una idea.
¿Cuál sería entonces el centro de la propuesta?
Es una maestría que trata, sobre todo, de ofrecer un entrenamiento formal para acometer los cortometrajes que cada estudiante debe terminar, al mismo tiempo, propone una apertura temática libre. Es la forma la que ayuda a que determinados contenidos se expresen de la manera más significativa posible.
Es una invitación a tratar de que las películas tengan una visión personal, que no repitan modelos, que no repitan clichés. Esta es una época en la que hay muchos moldes fabricados, ¿no?, y buena parte de la producción audiovisual simplemente trata de acomodarse a esos moldes. Entonces casi nunca hay búsqueda formal y tampoco temática.
La Maestría elude el lenguaje convencional, se aparta de eso que se denomina mainstream, y opera en un espacio donde conviven una serie de estilos y maneras de ver el cine que difieren del modelo de industria. Forma parte de una corriente, o de una línea, paralela al mainstream o al cine industrial. No tiene nada que ver con eso.
Comenzamos por ahí y por ahí seguimos. Es una maestría que trata de concentrar formas de hacer cine que quizás pudieran inscribirse dentro de la categoría de cine de ensayo, aunque no se define únicamente por ese rumbo.
He decidido abrir el campo de posibilidades de quienes cursan la maestría. Y si la forma que escogen para expresar el tema elegido no pertenece necesariamente a ese campo de mucha experimentación que llamamos cine de ensayo, pero es algo logrado y uno ve que tiene perspectiva, pues lo que hacemos es alentarlos a que sigan por ese camino.
Esto casi nunca ocurre. Casi siempre los alumnos responden a estas expectativas, a estas ideas de la Maestría. Y, curiosamente, las pocas veces en que ha parecido no ser así, terminan perteneciendo de alguna manera a esa idea central, a esa idea rectora de un cine que piensa.
Cuando hablas de cine alternativo, ¿de qué tipo de libertad formal estás hablando?
Nosotros le damos mucha importancia al fragmento, a eso que se denomina hibridez. No tenemos reparos en incorporar diversas técnicas: lo mismo material de archivo que animación, experimentación o incluso desechos fílmicos. En fin, es un cine abierto a diferentes soluciones.
Como es un espacio de libertad, cuando alguien está trabajando una película, el entrenamiento que le da la maestría le permite encontrar o pensar soluciones que de otra manera podrían parecerle equivocadas, o que quizás no le vendrían a la mente. Por ejemplo, un plano fallido, en determinado momento, puede tener un valor que al alumno le parece importante, y entonces lo incorpora a su discurso, no lo desecha.
Esto no quiere decir que esta maestría esté hecha de cosas desechables, sino que, si algo no sale bien, a lo mejor ese error puede convertirse en una cualidad de la película, en una característica. Se trata, simplemente, de saber llamar la atención sobre esas posibilidades, de analizarlo todo y pensarlo todo.

Dentro de esa idea de apertura, la video-danza ocupa un lugar importante en la maestría. ¿Por qué?
Desde el mismo principio, la video-danza juega un papel importantísimo. No creo que en otras maestrías de realización cinematográfica, en cualquier lugar del mundo, la video-danza sea un taller o una asignatura, vamos a decirlo así. Creo que eso singulariza muchísimo el programa de la Maestría.
Desde que descubrí que existía la video-danza, gracias a Sylvina Szperling, maestra que hace más de veinte años trajo la especialidad a la escuela, me quedé fascinado. Me pareció un vehículo formidable para la creación.
A partir de ese momento invité a Sylvina. Dio un taller para los alumnos de ficción, después hicimos un diplomado, la traje muchas veces a hacer muestras, y cuando me vino esta idea de hacer la Maestría de Cine Alternativo, una de las primeras cosas que pensé fue que tenía que tener un taller de video-danza. Y así ha sido desde el principio, siempre con ella como profesora.
¿Y qué le aporta concretamente la video-danza a un cineasta?
Aparte de todo lo que tiene de gran arte, me parece que, como ejercicio, como práctica para un cineasta, es magnífica. Porque hay que coreografiar, hay que hacer una puesta en escena, hay que pensar bien en los movimientos de cámara, en la edición, en el sonido, en cómo contar algo.
Yo pienso que eso libera mucho la creatividad de alguien que está trabajando en el audiovisual. Lo lleva a componer con otras herramientas, con formas que no son las habituales prácticamente para nadie. Y es un ejercicio que, por supuesto, lo lleva a trabajar con el cuerpo, a considerar el valor que tiene el cuerpo.
Los ejercicios de video-danza que se hacen durante la maestría, más o menos durante la primera mitad, pueden ser incorporados al trabajo final de tesis, que son cortos de 15, 20 o 25 minutos. De hecho, como ocurrió el año pasado, una de las tesis fue una video-danza.
Por lo que va de año, estoy viendo que la video-danza ha estimulado a muchos. Además de la creación de las piezas que se deben hacer en el taller, les está sirviendo a algunos alumnos para su proyecto final, para la película que van desarrollando y pensando a medida que transcurren los diferentes talleres de la maestría. Talleres que son, sobre todo, prácticos, diseñados o dirigidos por artistas en activo, no por académicos, porque en la Maestría se le da mucho más espacio a la práctica, una dimensión considerable con relación a la teoría.
Por todo ello, trabajamos con la video-danza, y habrá video-danza mientras dure la maestría. Ojalá en otras escuelas y en otros cursos la video-danza forme parte de las asignaturas, porque creo que enseña mucho y expande la creatividad. Uno es diferente después que asume la práctica de la video-danza.





