Laura Alonso: El ballet, su apuesta vitalicia

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Por Víctor Cabrera Soriano

La renovación de rostros en los roles principales en las filas del Ballet Laura Alonso del Centro ProDanza es una apuesta por formar a las nuevas generaciones. La fórmula está intrínseca en la filosofía pedagógica de la maestra, que apuesta por un ballet democrático y lúdico, sin dejar de ser exigente.

Nacida en Nueva York en 1938 e hija de Alicia y Fernando Alonso —creadores de la escuela cubana de ballet junto a Alberto Alonso—, Laura Alonso acumuló 25 años de experiencia como solista principal en el Ballet Nacional de Cuba antes de fundar en 1988 el Centro ProDanza. Ahí, en un espacio propio, su ballet sigue siendo un torneo que jugará de por vida.

ProDanza ha sido un laboratorio para Laura Alonso y sus miles de alumnos. Hay cosas exclusivas que nacieron allí; por ejemplo, el Cuballet, importante cita internacional. También, ha tenido un enorme impacto social mediante el Psicoballet; y su trayectoria le han valido el Premio Nacional de Danza 2021 y el Award Life 2024 del Dance Open America en Miami y recientemente la medalla del Palacio de la Cultura y el Deporte de Varna.

A propósito de las funciones del Ballet Laura Alonso, los días 26, 27 y 28 de junio, en el Teatro América, comparto una conversación que tuve hace unos meses con la reconocida maestra, donde el eje principal son los desafíos de la creación, la herencia familiar y el pulso actual de la danza clásica en la Isla.

El lago de los cisnes del Ballet Laura Alonso.

Maestra Laura, ¿qué hay que exigirle al elenco joven al asumir la responsabilidad de defender grandes clásicos?¿Por qué prefiere la apuesta por los nuevos intérpretes en ProDanza?

Te voy a hacer una anécdota. En un viaje de Uruguay a Argentina, el avión donde viajaban los primeros bailarines y solistas del Teatro Colón se cayó y murió todo el elenco. A Argentina le llevó años recuperarse. Hay un dicho muy viejo: «No pongas todos los huevos en la misma canasta». Tienes que tener varios repuestos.

Eso es lo que tengo: el backup. ¿Por qué lo mantengo? Porque tengo a los que trabajaron directamente con mi padre y mi madre, como Lourdes Álvarez y Mayra Martínez. Los recién graduados tienen la técnica fresquita y las ganas. Les falta el métier, el arte, el saber los trucos del escenario que solo se adquieren con el tiempo y la dedicación de estos maestros.

Si los aguantas hasta que tengan la “experiencia necesaria”, se les mata el ánimo y la técnica; como no se ven obligados a hacer los pasos grandes, no los trabajan y se limitan, porque el ser humano se acomoda. Al contrario, si los tiras al escenario aquí para que se batán en función, aprenden más rápido. Como las frutas, no todos los bailarines maduran a la vez; así mides su desarrollo y los subes de nivel.

Para estos jóvenes que asumen tanto piezas contemporáneas como tradicionales , ¿cuál es la premisa indispensable para pisar el escenario?

Son artistas; si no, que se vayan para otro lado. Tienes que decir algo en escena, hacer un cuento y que el público se lo crea. No solo los principales. Si el cuerpo de baile muestra cara de aburrimiento mientras Giselle se vuelve loca, no sirve. Todos tienen que actuar y a todos se les exige.

Cada bailarín que entra a escena debe tener una historia: saber de dónde viene, por qué va a ese lugar, qué va a hacer y qué le sorprende. No entras al escenario solo porque tienes un tutú, una corona, una capa o una espada. Tienes que saber el porqué y el para qué.

Históricamente, la danza clásica en nuestro país ha tenido en las mujeres a sus principales arquitectas, desde las visitas de Fanny Elssler o Ana Pavlova hasta la impronta de la propia Alicia Alonso. ¿Cómo influyó el entorno familiar en su decisión de fundar su propio espacio?

En mi casa solo se hablaba de música y de ballet gracias a mi abuela paterna, que era pianista concertista, y a mi tío, cuyas esposas fueron todas bailarinas. Yo decidí crear mi propia escuela y compañía porque en el Ballet Nacional de Cuba solo entraban “los perfectos” y se perdía mucho talento. Además, la escuela graduaba a un montón de bailarines y ¿qué iban a hacer?

Al principio mi mamá no estaba de acuerdo, pero después me dijo que tenía razón. Claro, cuando me dio la razón, ya tenía con ella tres de mis primeras figuras. Cuando le reclamé, me respondió: «¿Y no estás orgullosa?».

Mi madre era brillante, pero papá era el estudioso, el investigador. De ambos aprendí: mamá era excelente ensayadora con los solistas y papá manejaba de forma impecable la sincronización del cuerpo de baile.

También fui la maestra de mamá por siete años y medio; era muy buena alumna, aunque muy competitiva, no le gustaba perder a nada.

Alicia y Laura

ProDanza nació enfocado en los cursos de verano Cuballet y luego se expandió con la Joven Guardia. En el panorama actual, ¿cómo se defienden las esencias de la escuela cubana de ballet frente a las influencias externas en su compañía?

En efecto, ProDanza se creó como la oficina para encargarme de los Cuballet; fue una idea de mamá durante un desayuno en Japón. Luego creé la Joven Guardia porque veía que los muchachos perdían técnica sentados en el banco haciendo solo de cortesanos. Se perdían bailarines. Convencí a mamá y asumí esa labor hasta que nos dieron la sede actual.

En sus versiones coreográficas —como ocurre en Don Quijote por ejemplo— se percibe un sello muy propio. ¿Hacia dónde debe mirar la coreografía del ballet cubano hoy?

Nosotros siempre realizábamos concursos coreográficos, pero por la situación actual de este Centro, que ha sufrido ruinas estructurales y que con trabajo recuperamos poco a poco, es difícil enseñar sin todos los salones.

Pero sigo pensando que hay que incentivar los concursos de coreografía y darle riendas sueltas a que los jóvenes experimenten a partir de nuestro estilo, sin deformarlo. Hay cosas muy nuestras, que no podemos perder.

Por ejemplo, una de las virtudes de la escuela cubana de ballet es la coordinación: la cabeza se mueve orgánicamente con la mano y mantiene una línea muy clásica. Si vas a bailar El lago de los cisnes, el primer arabesque croisé lleva una inclinación de cabeza particular y un allongé que emula el ala de los cisnes. Haces el giro, te inclinas y ahí radica nuestra riqueza.

Ballet Laura Alonso

Laura sigue allí, allá y aquí, presente. Firme sobre todas las cosas. Sin dejarse apagar. Y lo digo literalmente, porque con valentía, hace unos meses, público en sus redes sociales el siguiente mensaje:

(…) querido público: (…) A pesar de las dificultades (…)  y los problemas que sufrimos, ya todo está listo en el Teatro (…) Sea lo que sea que pase en las próximas horas con la energía eléctrica, aún si ocurriera un gran apagón, NO SE SUSPENDE LA FUNCIÓN … Bailaremos con linternas, o con las puertas y ventanas abiertas, o en el portal del teatro (…)  ¡Los esperamos!

Laura es una sabia. En ella hay mucho que explorar. Pero sobre todo a Laura Alonso le queda mucho que construir desde nuestra propia identidad. Ha sabido cuidar esas raíces que le legó la familia y que mientras tanto permite que crezcan intactas hacia los nuevos horizontes.

 

 Foto © Spain News