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Graziela Pogolotti: «Cuba No Solo Estaba En La Periferia Del Mercado, Estaba Fuera Del Mercado» (I)

Conferencia ofrecida por la doctora Graziela Pogolotti, Premio Nacional de Literatura y de la Enseñanza Artística, en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, como parte del Festival de las Artes del ISA. Cubaescena publicará en varias partes su transcripción.
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Conferencia ofrecida por la doctora Graziela Pogolotti, Premio Nacional de Literatura y de la Enseñanza Artística, en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, como parte del Festival de las Artes del ISA. Cubaescena publicará en varias partes su transcripción.

Creo que acepté con alguna simpleza asistir a esta convocatoria. En primer lugar, el Festival me recuerda algo que se fraguaba en el ISA, que se llamaba Elsinor. Elsinor es el antecedente de todo esto. Lo que pasa es que se efectuaba en un espacio mucho más restringido, allá en las orillas del Quibú.

Luego pensé qué es lo que voy a decir. Como saben, publiqué Polémicas culturales de los 60, y no iba a venir aquí a repetir lo mismo. Por lo tanto, pensé que lo más conveniente fuera hacer algo muy conversacional, en primera persona, a partir de la experiencia que tuvo en este proceso mi generación intelectual.

Una generación aspirante a intelectuales, cinestes, escritores, artistas, que estaba despertando en los años ’50.

En aquel momento los que iniciábamos con ideas de ser investigadores, críticos, poetas, artistas, teatristas, estábamos llenos de proyectos que no tenían manera de cristalizar por falta de apoyo institucional.

Cuba en aquel momento no solo estaba en la periferia del mercado, estaba fuera del mercado.

Un ejemplo fundamental que he mencionado muchas veces es que las más importantes editoriales en lengua española, después de la Guerra Civil en España, se habían instalado en México y Argentina, publicándole solo a autores selectos.

Quiere decir, por ejemplo, que lo que al parecer es una d las grandes novelas latinoamericanas del siglo XIX, Cecilia Valdés, no se conoce prácticamente fuera de Cuba, en cambio, nosotros estudiábamos en Literatura Latinoamericana la Amalia, de José Mármol, argentino, y la María de Jorge Isaacs. Sin que me quede la menor duda, Cecilia Valdés tiene un nivel de complejidad y de riqueza que no se compara con estas novelas que, sin embargo, fueron paradigmas.

De la misma manera nosotros leímos tempranamete a Jorge Luis Borges, a toda aquella generación argentina, pero sus equivalentes cubanos eran perfectamente desconocidos en América Latina. Eso a pesar de que Virgilio Piñera vivió durante un buen tiempo en Buenos Aires.

Cuáles eran las coordenadas en el plano de las ideas, de la cultura, del debate ideológico, que se movían en aquel momento para esta generación de la q estoy hablando.

Nueva York se había convertido, gracias a la guerra, en un mercado fundamental en las artes visuales, al punto que, por primera vez desde los Estados Unidos, surgió un movimiento que se internacionalizó, el llamado expresionismo abstracto.

Entró rápidamente, en la propia década del ’50, en el gran mercado del arte, no solamente en Estados Unidos, sino también en Europa.

Sin embargo, otros aspectos de la cultura, el pensamiento, la ideología, seguían determinados en Europa.

Al terminar la guerra, Italia había emergido con una visión renovadora. Fue el llamado neorrealismo italiano q marcó, no solamente en Cuba y América Latina, sino también a nivel internacional.

Italia fue uno de los países en impulsar la renovación del diseño, básicamente el diseño industrial. El diseño industrial a finales del siglo XX tiene como centro el movimiento renovador italiano.

Por otra parte, también en el plano de las ideas, durante toda la etapa del fascismo, algunos de los escritores italianos que no habían podido hacer circular su obra, algunos que habían conocido el exilio interno en Italia, se dedicaron a hacer traducciones, a veces de idiomas no tan extendidos como el francés y el inglés en aquellos años.

Así, por ejemplo, yo leí a Bertolt Brecht por primera vez en italiano, y a un pensador, esteta, marxista, que había generado muchos debates, Lukács, traducido del húngaro, un idioma tan inaccesible como ese, al italiano.

Italia era, por tanto, un foco generador, por lo menos en esos ámbitos. Pero Francia seguía siendo un foco generador en el orden de las ideas, del debate, y también en áreas como el teatro y la literatura. Francia seguía ocupando un peso importante.

De tal modo algunos, no fuimos muchos, nos conseguimos alguna beca o para ir a Francia o Italia. En el caso de Italia sobresalen los cineastas julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea. Los demás, más o menos, recalamos en París.

Qué era lo que se observaba en Francia en aquél momento.

La figura intelectualmente prominete de la posguerra en Francia fue Jean Paul Sartre. En el ámbito de la literatura sobresalía Albert Camus.

En el ámbito del teatro sobresalía un área muy experimental, muy experimental, en pequeñas salas donde, por ejemplo, se estrenó -yo lo vi en aquellos años- Esperando a Godot, de Samuel Becket.

A la vez sobresalía el replanteamiento de preocupaciones acerca de la realción entre la escena y sus públicos. Cómo rescatar un público que en cierta medida se había perdido al irrumpir el cine y más tarde ambién la televisión.

Este debate se llevaba a cabo en el terreno teórico, en el terreno de las ideas, y se llevaba también a la práctica, en el terreno concreto, a través del Teatro Popular Nacional, que contaba con un actor que provenía del cine y que aquí le hemos rendido homenaje en esa especie de librería en 23 y 12; me refiero a Gérard Philipe.

Ese movimiento se planteó el tema del público de una manera integral, teniendo en cuenta una lectura contemporánea de algunos de los grandes clásicos y las posibilidades económicas y el ritmo de vida de la gente.

Se emplazaron una serie de fórmulas prácticas que dieron buenos resultados. En primer lugar modificaron el horario de las funciones de teatro para que las personas no tuvieran que salir del trabajo, ir a su casa y regresar al teatro. Si no que lo pusieron a las siete de la noche. Quería decir que las personas no tenían que vestirse elegantemente para ir al teatro, iban con la misma ropa del trabajo.

Y al mismo tiempo cobraban el precio de la luneta igual que el precio del ciene. Es decir, el teatro no resultaba más caro que el cine. Ciertamente en parte estaban subvencionados.

Francia y algunos otros países capitalistas, sobre todo Francia que ha vendido su imagen internacional por los perfumes pero también por la cultura, la protegía, y los espectáculo de alta factura tenían subvención estatal.

Lo nuevo en Francia se estaba moviendo en este sentido.

Foto de portada tomada de la página en Facebook Festival de las Artes ISA

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