Tornado Cultural: La Solidaridad Heredada

Tornado Cultural: La Solidaridad Heredada

Por Arneldy Cejas

En días recientes varias brigadas culturales han llegado hasta las zonas más afectadas por el tornado que azotó a la capital cubana. Las brigadas están compuestas por músicos, estudiantes de varias manifestaciones artísticas, humoristas y colectivos escénicos. Todas han salido desde la Dirección Provincial de Cultura en La Habana, despedidas por el Ministro de Cultura Alpidio Alonso y directivos de varias instituciones.

Teatro La Proa fue representando al Centro de Teatro de La Habana, como también lo hicieron los grupos: La Tintalla, Barco Antillano, Integración, Cimarrón; 1, 2,3; Pino Verde, Espacio abierto; y el narrador oral Lucas Nápoles.

Nuestro grupo llegó en la tarde del sábado hasta la barriada de Luyanó y el domingo repitió en Santos Suárez, en los dos lugares fueron grandes las afectaciones. ¡Cuidado, hay perros! fue el espectáculo que el grupo titiritero llevó a la brigada. Con funciones en el medio de la calle los titiriteros regalaron un rato de alegría a los vecinos de ambos barrios. También para los más pequeños hubo sorpresas. Juguetes creados por otros niños y por los participantes en el Concurso Nacional de juguetes artesanales: Regalo para un amigo, que el grupo desarrolla en años alternos, junto a otros recibidos como donación en Teatro La Proa, fueron llevados hasta las casas de los más afectados, en compañía de las autoridades competentes de cada zona.

Pero todavía quedan más juguetes, títeres y cariño para repartir, en unos días Teatro La Proa parte para la XXIX Cruzada Teatral Guantánamo – Baracoa; al regreso, en el mes de marzo, retomará las funciones en barrios habaneros afectados por el tornado, pero entonces lo hará en compañía de la Dirección Artística del Ministerio de Educación (MINED), para llegar hasta las escuelas y círculos infantiles de varios municipios.Compartir la solidad

Me gusta compartir. Siempre me ha gustado compartir, ayudar. Soy de los que comparto un plato de harina con la vecina, o un plato de frijoles, un poquito de sal…, desde niño soy así. En mi casa lo aprendí. Mi familia lo hacía, mi madre lo hace aún. Cuando era niño, se usaban también valijas (convocadas por los CDR, la FMC, los colectivos laborales), para cooperar con damnificados por huracanes, terremotos y guerras, ya fueran en Cuba o fuera de ella.

Mi abuelo carpintero, hacía carritos y animalitos de madera, mi abuela buscaba en su escaparte algo que ya no usaba, mi vecina costurera construía muñecas y muñecos de trapo. Mi madre organizaba todas mis ropas y zapatos que ya no que quedaban y los metía en una caja. Yo me desprendía de muchos juguetes y siempre mandaba cartas y dibujos.

También de niño vi a mi padrastro y a mi padre partir a Angola, a compartir con un pueblo lejano que estaba pasando un mal momento. Mi corta edad no me permitía conocer la magnitud de la guerra, pero mi familia me explicaba que estaban en Angola ayudando a otros niños que sin casas, sin maestros, sin hospitales, sin juguetes. Solo así comprendí por qué la ausencia de mis padres.

Pasó el tiempo, y siguieron las guerras, los huracanes y los terremotos. Siguieron las valijas para los damnificados, ahora se les dice donaciones, pero siguen siendo lo mismo. La gente comparte lo que tiene con quien lo necesita.Me alegra tener un trabajo que me permite llegar personalmente, a las personas de lugares apartados, donde muy poca gente llega, a otros dañados por eventos meteorológicos. Los títeres me permiten llegar a mucha gente. Disfruto compartir con ellos mi arte.

Hace varios años creamos en Teatro La Proa, el Concurso de juguetes artesanales: Regalo para un amigo, estos juguetes luego el concurso, se entregan a niños en hospitales, escuelas, círculos infantiles y afectados por eventos meteorológicos. Ahora estos juguetes, junto a otros que algunos amigos han querido donar los estamos llevando a las zonas afectadas por el tornado. Casa por casa, y con la ayuda de las autoridades competentes de cada lugar, hemos llegado hasta los más necesitados.

Es indescriptible la alegría de los niños al recibir este sencillo regalo, que puede ser una muñeca o una pelota de trapo. La emoción de la familia al saber que otros niños hicieron para ellos estos juguetes es enorme.

Mientras, en mi casa natal, ahora con la ayuda de la tecnología, mi sobrina de siete años, algo celosa, ve fotos mías repartiendo juguetes a otros niños y le pregunta a mi madre: ¿Abuela, porqué mi tío le lleva juguetes a esos niños que no son su familia? Mi madre le cuenta que esos niños lo han perdido todo, que el viento les llevó su casa, sus juguetes, sus libretas… Mi sobrina, no pregunta más y con los ojos aguados y llenos asombro, corre a echar en una caja varios de sus juguetes para enviármelos…

Fotos Teatro La Proa

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