Luciano Beirán, El Hombre Con Alma De Niño Y Sueños Eternos

En la madrugada de este jueves, cinco de marzo, falleció en la ciudad de Pinar del Río el teatrista Luciano Beiran, fundador y director general del grupo de teatro para niños Titirivida y miembro activo de ASSITEJ – Cuba.

Por  Esther Suárez Durán

En el excelente portal del Consejo Provincial de las Artes Escénicas de Pinar del Río puede el interesado hallar hasta el más mínimo dato acerca de la vida profesional del amigo Luciano Francisco Beirán González a quien sus colegas y amigos estamos dando un hasta luego.

En efecto, Luciano, nacido en octubre de 1949, inició su aventura profesional en el Guiñol de Pinar del Río en 1970. En 1981 se produjo la unión de las agrupaciones titiriteras de la provincia, ambas trabajando para el público infante, y surgió algo que se llamó Grupo de Teatro para Niños, y ya en este momento se le encomendó al actor Luciano Beirán la dirección general del colectivo, a la par, que el inquieto artista comenzaba a dar sus primeros pasos en la creación de espectáculos teatrales, con lo cual se abría ante él el camino de la dirección artística. Unos años después, hacia 1986, este grupo se nombró Caballito Blanco. En los primeros  años de la década del noventa, Luciano estimó pertinente salirse de las filas de aquel y, junto a tres colegas, fundar una nueva institución. Apareció así el Grupo de Teatro Titirivida, bien conocido en toda la Isla desde entonces hasta hoy.

En el quehacer profesional Luciano se fue armando de los conocimientos necesarios para convertirse en un hombre de teatro íntegro, aunque es justo decir que no hubo espacio de superación que no aprovechara, lo mismo dentro de su provincia, que a nivel nacional o internacional, de tal modo que en el año 1985, es uno de los cubanos afortunados  que pasa un adiestramiento en el reconocido Teatro de Títeres de Moscú, que dirigía el magnífico artista Serguei Obratzov, además de recibir conocimientos en el Teatro Taganka y el Teatro Vajtangov.

Sus saberes los compartió con todo el que así lo deseaba, y de manera oficial desde 1999 desarrolló talleres de manipulación, actuación, expresión corporal, trabajo con la voz en diversas regiones de México, así como en Cantabria y Bilbao, España; y Caracas, Venezuela, adonde él y su grupo no dudaron en marchar desde junio de 2008 hasta julio de 2009, como parte de la misión cultural Corazón Adentro.

Recientemente celebró Luciano el medio siglo de vida artística, un intenso espacio de tiempo donde actuó en más de treinta espectáculos, dirigió cerca de veinte y escribió y versionó numerosas obras para el teatro. Recibió premios en los festivales Espacio Vital (1998  y 2003), Festival de Teatro para Niños de Guanabacoa (2001), Festival de Pequeño Formato de Santa Clara (2003), además del Premio Caricato de la UNEAC a la Dirección Artística en el rubro de Teatro para Niños, en 1998, a los cuales pueden sumarse los premios y nominaciones que alcanzaron de manera individual algunos de los actores bajo su conducción.

Desde la fundación del Comité Cubano de la UNIMA Luciano integró su membresía, lo mismo sucedió con la fundación en 1978 del Centro Cubano de la ASSITEJ. Cuando dicho centro fue refundado en el 2011 Luciano resultó electo, en Asamblea General de Representantes, por voto secreto y directo, como miembro del Comité Ejecutivo del mismo, responsabilidad que desempeñó con una participación activa y entusiasta durante todo el período de mandato que concluyó  en el mes de mayo de 2015, al punto de que el primer encuentro del Comité Ejecutivo de la ASSITEJ cubana fue celebrado en la ciudad de Pinar del Río, gracias al esfuerzo de Luciano y el resto de los colegas del teatro para niños de la provincia y resultó una jornada inolvidable.

Su actividad incansable fue distinguida con la Medalla Raúl Gómez García y con el Premio Especial de Actuación Omar Valdés, de la UNEAC, entregado en La Habana en 2012, que reconoce la obra de la vida, pero más allá de estos lauros, Luciano contó siempre con el más importante y difícil de alcanzar de todos ellos que es el cariño y el respeto sincero de todos los colegas a través de la Isla.

Estos sentimientos los conquistó con su laboriosidad, su conocida humildad y decencia, la transparencia de su comportamiento, su carácter bromista y jocoso, su inmensa bondad y esa manera tan especial que tenía de querer a todos y de ser fiel a la amistad.

Hoy, que hacemos recuentos que casi nunca antes hicimos porque nos bastaba la magia de su presencia, se me ocurre pensar que Luciano pertenece a la misma estirpe de los maestros que partieron antes: Félix Dardo y Fidel Galbán, tesoros de sus terruños cada uno de ellos, gigantes de sensibilidad y gracia, dueños de voluntades que se imponían a cualquier obstáculo, gente pegada a la tierra con la sabiduría de conseguir por medios legítimos lo que se proponían sin crearse enemistades ni dar lugar a sentimientos oscuros, capaces de iluminar con el resplandor de sus individuales quehaceres la ruta y los sueños de todos nosotros: discípulos, colegas y  públicos.

 

 

 

 

 

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