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Las mujeres tocan batá y bailan columbia

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Por Marilyn Garbey Oquendo

Las mujeres en el Conjunto Folclórico Nacional

Para escribir la historia del Conjunto Folclórico Nacional hay que subrayar la impronta de las mujeres en la compañía. En primer lugar, el de las portadoras de las tradiciones populares, participantes del acto fundacional de la agrupación, tal y como fueron Nieves Fresneda y Manuela Alonso, por citar ejemplos.

Nieves todavía es reverenciada por quienes la vieron bailar y tuvieron la suerte de compartir con ella los salones de ensayo y los escenarios, hace ya 60 años. Ella colaboró en la preservación de nuestro patrimonio con intelectuales de la talla de Fernando Ortiz, Argeliers León y Ramiro Guerra. Dicen que era la mejor Yemayá de Cuba, por la representación escénica de la deidad de los mares que interpretaba con extraordinaria vitalidad, incluso hasta bien avanzada en edad.

La poeta Nancy Morejón la exaltó en sus versos:

Sus pies marítimos,

al fin,

troncos de sal,

perpetuos pies de Nieves,

alzados como lunas para Yemayá.

Y en el espacio,

luego

entre la espuma,

Nieves

girando sobre el mar,

Nieves

por entre el canto

inmemorial del sueño,

Nieves en los mares de Cuba,

Nieves.[i]

Manuela Alonso bailaba en las comparsas Las Bolleras y en Los Componedores de Batea. Fue pareja de baile del gran Chano Pozo e intervino en los filmes Romance del palmar (1938), de Ramón Peón, y en La bella del Alhambra (1989), de Enrique Pineda Barnet.

La investigadora Rosa Marquetti afirmó que Manuela “ha pasado a la historia de la rumba como una de las más importantes bailadoras de guaguancó y yambú que se recuerdan”.[ii]

Otros nombres como los de Margarita Ugarte, Luisa Barroso e Isora Pedroso, también fundadoras de la agrupación músico-danzaria, cayeron en las oscuras manos del olvido; apenas se encuentran datos sobre ellas.

Fue Marta Blanco la primera directora. La musicóloga María Teresa Linares guió los rumbos de la compañía en sus primeros años de labor. Teresa González propició un salto en el desarrollo profesional de la agrupación, bajo su égida surgieron espacios como los Sábados de la Rumba y el FolCuba. María Elena Molinet fue la diseñadora que creó la imagen escénica de los orishas. Ojalá algún día puedan incluirse nombres de coreógrafas, inexistentes hasta ahora.

Vale resaltar que será necesario dedicar gran extensión a las bailarinas de diferentes generaciones, porque es alta la cifra de mujeres que han integrado la compañía. Zenaida Armenteros y Silvina Fabars corrieron mejor suerte. Zenaida es fundadora del Conjunto, bailarina y cantante. Silvina llegó a la compañía en 1966, con la segunda generación. Ellas, protagonistas de obras devenidas clásicos, como los ciclos Yoruba Iyesá, Abakuá y Música popular, fueron distinguidas con el Premio Nacional de Danza, lo cual propició que las miradas de la prensa y de algunos estudiosos se volcaran sobre sus trayectorias.

Zenaida (Premio Nacional de Danza, 2005) fue valorada como “uno de los íconos de la cultura popular llevada a escena, aplaudida en más de 50 países de todos los continentes”.[iii]

Silvina (Premio Nacional de Danza, 2014) ha sido considerada “una de las mejores intérpretes de la danza afrocubana y del gran acervo de la cultura tradicional”.[iv]

Mujeres dedicadas a la danza folclórica tuvieron que afrontar prejuicios machistas y desdenes racistas. Se formaron como artistas profesionales en la compañía porque no se habían creado las escuelas de arte. Largas jornadas de entrenamientos, ensayos, temporadas de presentaciones en Cuba, giras internacionales.

La maternidad y las responsabilidades domésticas también formaban parte de su cotidianidad. Julia Fernández, de la segunda generación, hoy regisseur del Conjunto, ha contado cómo se organizaban las mujeres para cuidar a sus hijos pequeños sin dejar de bailar: los niños de las bailarinas crecieron todos en los salones de la compañía, bajo la mirada de todas las madres; la que no estaba ensayando o bailando se ocupaba de atenderlos. Y antes de salir de la casa, dejaban preparada la comida para la familia.

Obiní Batá, mujeres que tocan los tambores batá

Para ejemplificar la cantidad de barreras que han vencido las mujeres en la danza folclórica, es preciso mencionar a Obiní Batá, la agrupación que lidera Eva Despaigne. Fue fundada en 1993 por bailarinas del Conjunto Folclórico Nacional que se atrevieron a desafiar el tabú; las mujeres aprendieron a tocar batá, de ahí su nombre. Obiní significa mujer en lengua yoruba.

Los batá son tres tambores fabricados con madera y cuero, en forma de clepsidra. Herencia de los africanos que llegaron a Cuba como esclavos, se emplean en ceremonias religiosas y están consagrados a Yemayá, Oshún y Changó, de acuerdo con su tamaño. No les era permitido su uso a las mujeres. Las bailarinas se presentaron por primera vez en el Sábado de la Rumba para celebrar el Día de los Padres. En esa ocasión las protagonistas fueron Carmen Méndez, Mirtha Ocanto, María Elena Gómez, Daysi Romero y Deisy Villalejo. Luego se sumaron Lázara Nápoles, Inés Pérez y Eva Despaigne. Esta última recuerda:

El impacto fue tan grande para el resto de las bailarinas que enseguida el chip se encendió. Me dije: “Además de bailar, puedo completar mi formación como bailarina folclórica tocando y cantando así. Entonces se sumaron muchas, casi todas, pero empezaron los problemas para explicar y demostrar que las mujeres no estaban ni violando ni profanando los tambores.[v]

Fueron aplaudidas por el público y rechazadas por sus compañeros, estos últimos consideraron que habían profanado los tambores. Los hombres del Conjunto se negaron a compartir su experiencia con las bailarinas y hasta les prohibieron practicar con los instrumentos de la compañía.

Los tambores batá que ellas emplearon no tenían fundamento religioso, pero tanta fue la presión, que decidieron cortar los vínculos con el Folclórico e independizarse. Así, Carmen Méndez, Mirtha Ocanto y Eva Despaigne iniciaron un largo camino que llega hasta hoy.

Tocar los tambores batá exige gran fuerza física y requiere mucho entrenamiento para alcanzar el virtuosismo, pero el ejemplo de Obiní Batá caló hondo y se multiplicó el número de mujeres percusionistas en Cuba. La agrupación abarca un amplio espectro músico-danzario, ellas cantan y bailan todos los géneros de la música popular cubana y han recibido muchos reconocimientos.

Bajo la dirección atenta de Eva Despaigne, hoy laboran como bailarinas Adonay de Armas, Nayrobis Placeres, Yusnelis Mora, Eleanis Aguilera, Giselle Soto, Yiliam Letamendi, y Kaidara Rey como promotora y asistente de dirección.

Julián, coreografía de Leiván García Valle, intérprete Julia Von Oy

Ella baila columbia. Julián, una coreografía de Leiván García Valle

La pandemia provocada por la Covid-19 paralizó el planeta que habitamos. La danza fue una de las expresiones humanas más afectadas por la enfermedad. La exigencia de mantener la distancia para evitar el contagio impidió el trabajo de los bailarines: cerraron los salones de ensayo y montaje, el público no podía asistir a los lugares de presentación. Entonces el mundo virtual se convirtió en espacio para compartir las realizaciones audiovisuales de bailarines y coreógrafos.

El coreógrafo Leiván García Valle se vio obligado a posponer el estreno de Bara, suceso muy esperado por el público que deseaba apreciar cómo el joven creador asimilaba la herencia del Conjunto Folclórico Nacional, agrupación a la cual pertenece, y de qué maneras asumiría la representación escénica del folclor con las herramientas artísticas en boga en pleno siglo XXI.

Formado en la Escuela Nacional de Danza, estudioso de las tradiciones afrocubanas, observador atento de las expresiones de religiosidad en la vida cotidiana, Leiván se apropió de las redes sociales y las convirtió en espacios creativos.

Así llegó Julián[vi] a la virtualidad, una coreografía que transgrede fronteras artísticas y cuestiona las líneas del pensamiento patriarcal. Rodada en blanco y negro, en un espacio íntimo, para transmitirse por Internet, la obra se inspira en la columbia, una variante de la rumba que solo pueden bailar los hombres.

Con movimientos estilizados, el intérprete baila columbia acompañado por el tambor de Yeinier Estévez y la voz de Edgar Berroa. Cuando se queda solo se desviste y revela su identidad: no es Julián, es Julia Von Oly. Mujer, bailarina, alemana, esposa del coreógrafo. Su condición femenina no le impide bailar columbia, no es obstáculo para ejecutar pasos tradicionalmente asociados a los hombres. Puro tabú es lo que prohíbe a la mujer bailar columbia.

Pasados 30 años de la ruptura provocada por Obiní Batá, mujeres que se atrevieron a tocar los tambores batá, las más jóvenes generaciones del Folclórico Nacional, hombres y mujeres, abren nuevos caminos para la danza popular tradicional. Conscientes de que el folclor es un hecho vivo, que se renueva con los tiempos, Leiván y Julia desafían las convenciones: ella se trasviste para bailar columbia, él propicia el atrevimiento de la mujer.

La permanente batalla contra las reglas que obstaculizan el desarrollo pleno de las mujeres ha encontrado terreno fértil en la danza escénica folclórica. Es una suerte que se abran los caminos para que el respeto a los derechos de las mujeres y las niñas se convierta en norma para la vida.

Fuente La Jiribilla

Fotos Buby Bode

Referencias:

[i] Tomado de la página de Facebook de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 15 de agosto de 2022.
[ii] “Manuela Alonso por Korda: Descubrimiento” OnCubaNews, 3 de mayo de 2022.
[iii] Pedro de la Hoz: “Sencillez y grandeza de Zenaida Armenteros”, Granma, La Habana, 15 de enero de 2021.
[iv]  Yuris Nórido: “Un premio para una reina”, Trabajadores, La Habana, 20 de abril de 2014).
[v] Diane Martínez: “Respeto a la compañía que fue mi gran escuela”, entrevista a Eva Despaigne, Todaladanza, no. 7, julio-agosto de 2022.
[vi] Julián tiene música original de Javier Iha Rodríguez, y fue realizado y editado por Arriam Arrieta Mena.