La Danza Es Vivirla

La Danza Es Vivirla

Entrevista con Susana Pous, bailarina y coreógrafa, directora de Mi Compañía, formación que está a punto de cumplir su primer aniversario

Por José Omar Arteaga Echevarría

“El cubano es muy ‘bailón’, rompe las barreras que en otros lugares la gente puede tener…”, comenta Susana Pous, bailarina, coreógrafa y directora de Mi Compañía, proyecto que tiene apenas un año y está en proceso de montaje de su primera obra: Infinito, que se estrenará en el próximo mes de abril. La coreógrafa abrió las puertas de su sede a alumnos y profesores de la Facultad de Arte Danzario, de la Universidad de las Artes (ISA), con el objetivo de mostrar sus dinámicas de trabajo y dialogar acerca del proceso creativo en que está inmersa.

Villa Lola (sede de la compañía) es un lugar acogedor. “Es el fin de un sueño mío”, refiere Susana al dialogar sobre esta casona de la céntrica calle 31, en el capitalino municipio Marianao, sitio que se convirtió en el espacio donde confluyen ideas y corporalidades diversas.

Susana Pous, nacida en Tarragona y radicada en Barcelona, España, tuvo una formación artesanal en lo que ella llama “escuela de barrio”, donde su maestra Martha la incitó, además de perfilarse físicamente, a desarrollar sus inquietudes creativas, etapa en que tuvo sus primeros contactos con la coreografía. “Esta escuela era mi segunda casa, y Martha era como una madre”, comentó.

A los 16 años emprende una vertiente que hasta hoy la apasiona, el magisterio. Además tomó cursos de danza en su país y fuera de este, saberes que la forjaron como una bailarina completa. Por azar conoce a Pepe Hevia, uno de los bailarines fundadores de DanzAbierta, que se convierte en su maestro, amigo y compañero de trabajo.

Ambos estuvieron involucrados en el proyecto de Pepe de fundar una compañía en Barcelona, experiencia que, aunque no generaba lucros, fue enriquecedora para la artista. Posteriormente pasa a formar parte de la compañía de María Rovira, donde pudo ejercer una labor profesional que le dio cierto reconocimiento y visibilidad, además ganó una beca de danza en Nueva York, Estados Unidos.

Vino a La Habana junto a Rovira, como bailarina asistente, con la intención de trabajar con el Ballet Nacional de Cuba. “Simplemente me encantó Cuba, sentí que habían un montón de cosas que se podían hacer y decidí venir a pasar una temporada que se ha convertido en veinte años”, comentó la creadora.

Ya tenía contactos con Marianela Boán y estaba familiarizada con el trabajo de la compañía DanzAbierta. Como parte de esta agrupación, fungió como coreógrafa residente y posteriormente como directora general.

En su labor ha desarrollado obras como Malson (2008), Showroom (2012) y Welcome (2016), producciones que han estado estrechamente ligadas al concepto de “Danza Contaminada”, como continuidad de la estética de su fundadora.

En el aniversario 30 de la compañía decide cerrar el proyecto DanzAbierta, a manera de culminación de un ciclo que da paso a otra idea novedosa, a un proyecto personal con otra identidad.

El 8 de marzo de 2018 arranca oficialmente Mi Compañía, nombre que escogió a causa de las cuantiosas ocasiones que tuvo que dar explicaciones sobre su proyecto.

Este colectivo básicamente sigue las dinámicas de trabajo de DanzAbierta, la construcción de una danza que no está limitada por una técnica determinada. Una parte importante del desarrollo de la compañía es el entrenamiento, una clase diseñada por Pous, que es el resultado de lo que le interesa como maestra y coreógrafa, integrando lenguajes diversos que forman un cuerpo y una mente dúctil para el posterior proceso creativo.

“No me interesa que los bailarines se muevan como Susana, lo que me interesa es trabajar, aportarles, que trabajen conmigo, entiendan mi cuerpo o mi manera, pero que aprendan a trabajar con su propia experiencia corporal”, asegura Susana Pous, y en estas palabras deja entrevisto su conciencia como formadora de nuevas generaciones de bailarines, como creadora honesta.

La improvisación es un aspecto clave en el desarrollo de Mi Compañía, está presente desde el momento de la clase, donde surgen frases o ideas que generan partituras corporales que pueden estar involucradas directamente a los procesos de montaje.

La improvisación, además de constituir un aspecto importante como incubación de material coreográfico, es también una manera de desintoxicación, pues da la plena libertad de desatarse de las técnicas danzarias incorporadas, para desprejuiciar al cuerpo del bailarín y lograr que el movimiento provenga desde la sensorialidad, aspecto que es leitmotiv de la coreógrafa y directora.

Con la improvisación surgió la idea inicial de Infinito, pieza que constituye una búsqueda hacia el interior, especie de viaje a la semilla. Esta obra en progreso se ha trabajado a partir de la genealogía de cada intérprete, el descubrimiento de los antepasados y sus puntos en contacto con el presente, mediante una estructura atemporal y no lineal.

La experimentación, las pausas, las miradas y sensaciones son premisas de esta creación. Es un proceso interesante, que logra una conexión inmediata con quien observa desde afuera.

Toda historia de vida, por simple que parezca, es interesante, y si es contada de manera ingeniosa, pues entonces se cumple su propósito. Ser partícipe de estos procesos de creación es siempre una experiencia enriquecedora.

 “La danza es vivirla”, sentencia Susana Pous a manera de despedida. Gentilmente abrió sus puertas, se mostró a las nuevas generaciones que están en formación, actitud que, desafortunadamente, no todos los coreógrafos o directores están dispuestos a tener.

La española-cubana ha demostrado ser modesta, sensible y conducirse con honestidad, cualidades admirables en cualquier ser humano. Mi Compañía es una agrupación que no es solo “mía”, ni de su creadora, es una compañía de todos los que aman la danza.

Fotos tomadas del perfil de Facebook de Susana Pous

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