Virgilio Multiespacial (II)

Por Frank Padrón

En la Sala Titón de la Fábrica de Arte Cubano, se presentó el unipersonal Fermentación a cargo de Teatro Punto Azul que comanda Omar Bilbao. Se trata de un jacarandoso y criollo texto de María de los Ángeles Núñez Jauma donde confluyen, junto a la Luz Marina virgiliana, otros íconos del teatro y la música popular, mediante el discurso de María Aragón, una actriz que vive los sinsabores y sofocos del cotidiano insular y que, como explica la autora, sabe que al entrañable personaje de Virgilio “le gustaría comer carne con papas, al igual que ella no sabe si en Buenos Aires hay cucarachas”.

Como ocurre en todo monólogo, el peso y la responsabilidad actorales son casi absolutos, aunque en esta obra, sobre idea de Rebeca Rodríguez, debe encomiarse también la coreografía y el diseño de luces de Oralice y la rica música original, la banda sonora toda de Juan A. Leyva y Magda R.Galbán.

Iyaima Martínez, como esa mujer que no solo debe interpretar en la escena sino en la complicada vida diaria, y que convoca a sus queridos fantasmas del teatro y la música a golpe de sombrilla y fe, se luce de principio a fin matizando, enriqueciendo y extrayendo el jugo a una escritura de por sí brillante.

La versión danzaria justamente de la célebre Aire Frío por la matancera Danza Espiral es otra puesta más que atendible.

Su coreógrafa y directora, Liliam Padrón, se ha especializado en recrear desde el lenguaje de la danza contemporánea piezas del teatro cubano y universal. A Shakespeare y Carpentier se suma ahora Virgilio mediante una de sus obras emblemáticas.

Admira apreciar cómo una pieza donde el verbo con sus implicaciones subtextuales, sus rizomas de significados, sus guiños y proyecciones polisémicas , como en todo Virgilio, resulta esencial, se traduce y transustancia en el mundo de los pasos… nada perdidos de bailarines-actores que comunican a la perfección el mundo peculiar, cubano y singularísimo que significa la familia Romaguera.

Ellos se mueven, gesticulan, entran y salen, interactúan entre sí y el público y con el auxilio de una expresiva y variopinta banda sonora de Raúl Valdés, junto a la escenografía y el vestuario tan precisos, originales y ajustados de Zenén Calero, erigen la atmósfera virgiliana con pelos y señales, en una representación donde teatro y danza se confunden  hacen ósmosis.

Anisleydis Estévez, Carlos Daniel Navarro, Enrique Leyva, Jaime y la propia Lilian padrón son los danzantes encargados, encarnados respecto a los queridos personajes. Quizá se abusa un tanto del icónico gesto del abanico y el símbolo de la máquina de coser, como se sabe esenciales en el texto; también sobra la voz grabada, absolutamente prescindible justamente ante la elocuencia de lo representado.

Pero este Aire Frío desde el universo danzario-contemporáneo con intersecciones teatrales que signa la poética de la matancera Danza Espiral, es  un verdadero éxito en la prestigiosa compañía de Matanzas y otro homenaje al cada vez más contemporáneo Virgilio Piñera.

Foto de portada / Compañía Danza Espiral / Aire Frío

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