“La Crítica No Es Palabra Divina. La Crítica Acompaña Y Esclarece”

Por Yuris Nórido Cabrera

En el tema que nos ocupa esta semana, los desafíos de la crítica teatral en Cuba, soy de alguna manera juez y parte, por mi condición de presidente de la sección de crítica e investigación de la Asociación de Artistas Escénicos de la Uneac. Pero asumamos que aquí habla el comentarista del Noticiero Cultural, porque esta es la opinión editorial de este Noticiero y no un pronunciamiento de esa sección.

De cualquier forma, tampoco es que haya contradicción entre un discurso y el otro, porque nuestro parecer sobre los retos y el estado actual de la crítica coincide plenamente con lo que plantearon en los reportajes de principio de la semana algunos de los miembros de esa sección, y compartimos también en alguna medida las preocupaciones de la institución, expresadas ayer por el viceministro Fernando Rojas, presidente del Consejo Nacional de Artes Escénicas.

Resumiendo: la crítica teatral cubana tiene todavía por delante el desafío de participar más activamente en la consolidación de jerarquías en este amplísimo y desigual panorama de las artes escénicas en el país. Jerarquías, una palabra que mencionamos mucho en este noticiero, jerarquías que atiendan calidades, valores, impactos en el público. No se trata de respaldar, con veleidad, determinadas tendencias, o líneas estilísticas, o acercamientos temáticos circunstanciales: el imperio de la moda. No. La crítica tiene que ver el grano entre la paja, encontrar los hilos de Ariadna en el laberinto, si me permiten la metáfora.

Es que el compromiso principal de este ejercicio, más que con los creadores es con la creación y con el público. O sea, no creemos que el crítico esté para enseñar a hacer teatro, que para eso hay escuelas y está también el inefable don del talento. El crítico debe tener herramientas para ofrecer herramientas al espectador, de manera que pueda acercarse, más plenamente, al hecho estético. Que se cierre felizmente ese ciclo maravilloso de la creación y su disfrute. Ya sé que estoy simplificando, pero esas son las esencias.

¿Qué hace falta para eso? Críticos hay. Y buenos críticos. Hace falta establecer un sistema de la crítica, de manera que no sean voces aisladas, que una obra cuente con varios acercamientos, que permitan sacar conclusiones, si tomamos en cuenta que estamos hablando de un ejercicio subjetivo, por más que se sustente en un armazón teórico, conceptual. Es necesario también aprovechar mejor los espacios que existen para ese ejercicio, que van más allá de las deprimidas páginas de los periódicos. Y algo importante: hay que tener claridad de la naturaleza de la crítica. Y eso les corresponde a los decisores de los medios de comunicación, a los directivos de las instituciones y a los propios creadores. La crítica no está para destruir, la crítica no es palabra divina y por tanto definitiva. La crítica acompaña y esclarece. Deviene, ella misma, ejercicio de creación.

 

 

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