Conjunto Folklórico Nacional de Cuba: Como La Corriente De Un Gran Río

Por América Medina Hechavarria

El Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (CFNC) arriba a su 58 aniversario. Resulta mayo un mes de gran movimiento, muestras y celebraciones en torno a su día fundacional. En esta ocasión el aniversario será atípico en medio de la pandemia de la Covid- 19  que, debido al paro sanitario, nos obliga a desplazarnos de los espacios habituales y compartir virtualmente.

Obra de Fundación, del maestro Rogelio Martínez Furé en su libro Diálogos Imaginarios, es una obligatoria referencia para conocer cuáles eran las condiciones y deseos de los tiempos fundacionales de la Revolución. En ese momento se creó el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, con un pretexto inicial: borrar la postura del yo para sustituirla por el nosotros, en un respiro de colectividad. Un nosotros que se ha masificado y ha generado hasta hoy un saber insustituible en torno al  folklore cubano que, aunque cambiante, nunca pierde su esencia, sino que circula como la corriente de un gran río de aguas siempre renovadas.

Felicitar y colectivizar ese deseo de celebración es uno de los pretextos de esta recapitulación. ¿Quiénes hoy se encargan de mantener la energía en este espacio de creación? Nombres como Manolo Micler, director del conjunto, Premio Nacional de Danza 2017 y coreógrafo principal; la regisseur Julia Fernández, una de las fundadoras; las maître Leonor Mendoza, Lazara Nápoles y
Dariana Ortíz, entre cantantes, músicos, vestuaristas, utileros etc. Todos construyen una idea de continuidad en esta compañía.

Un llamado de hoy

Para lograr compartir las memorias de quienes hoy se debaten en el movimiento de esta compañía decidí hacer un llamado a los bailarines más activos en este momento. Son intérpretes que desde muy jóvenes asumen responsabilidades protagónicas, lo que los obliga a revisar continuamente todo el acervo cultural de nuestro folklore.

Delante, al centro, Keyla Galarraga Acosta. Foto CFNC

Entre los contactos iniciales figuró una de las primeras solista Keyla Galarraga Acosta, quien sin dudar, y de manera ansiosa, compartió brevemente los sucesos más importantes de su último año en la compañía:

“Fue de gran significación para mí la Obra Alafín de Oyó. Fue un gran reto, pues tuve que asumir el papel principal de la solista, Oyá. Es una obra de gran peso, muy reconocida en el repertorio de la compañía, la cual me exigió cantar, bailar y pulirme como intérprete. Referencia de grandes bailarines como Zenaida Almenteros, Johannes García, Alfredo O’farril entre otros, hecho que me ubicó en una posición difícil. Otra de las obras de gran relevancia fue Iyaremi, del maestro Alberto Méndez.”

Por otro lado, el joven primer bailarín Leiván García Valle  se debate, en sus últimos momentos, en un proceso de creación de título Bara, obligándolo a investigar todas las referencias posibles de su inventiva como coreógrafo, y recopilar de todo el material que ha logrado reunir durante los once años que ha convivido en esta institución.

Bara trata de mirar al orisha, como divinidad y, sobre todo, como concepto, y la interpretación que trae consigo. Tampoco dialoga desde un patakí específico, que es una fábula que nos complementa para cierta interpretación en la vida. Bara dialoga desde la interpretación del mensaje. Se preocupa por lo que trasmite un orisha, más allá de su interpretación tradicional. Pienso que los coreógrafos de danza folklórica debemos exigirnos más en el ir al fondo, hay mucho que descifrar.”

Este bailarín, en medio de esta felicitación colectiva, muestra su compromiso y nos dice:

“La tarea de hacer trascender el legado entregado por los antecesores es una de mis primeras metas. Traer lo que un día fue y convertirlo en parte del hoy, mantendría vivas las costumbres heredadas, y sería el regalo más preciado para el CFNC en sus 58 años. El sentido de pertenencia con el folklore cubano me ha llevado a ser un fiel defensor e investigador de la cultura más raigal.”

Me atrevería a asegurar que una de las experiencias, en cuanto a crecimiento creativo que asumieron los bailarines del elenco activo de la compañía, estuvo concentrada en el 5to Encuentro de Jóvenes Coreógrafos en la provincia de Guantánamo. Aquí se mostraron obras de Leiván y Yandro Calderón: Pilón con Son, Yanza y Obatola. Este encuentro también les permitió recibir el Taller de Creación del maestro Ladislao Navarro, que supo explotar todas las condiciones con que cuenta este tipo bailarín.

Yandro Calderón, en la obra Soy Yoruba. Foto: Buby Bode

Otra acción estuvo concentrada en la edición 18 del Concurso de Coreografía e Interpretación Solamente Solos, donde se mostró en competencia, en las categorías de coreografía e interpretación, el bailarín Yandro Calderón, con la obra Soy Yoruba.

Por otro lado, la primera bailarina Yohana Dusatz nos comenta sobre los roles de solistas en cantos de cuna (Drume Negrita) mezclados con música yoruba. Esta bailarina le confiere gran importancia a los solos de la orisha Yemayá, el papel de Afefé en Alafín de Oyó, entre múltiples intervenciones que la vuelven parte de esta memoria colectiva que envuelve al CFNC.

Hablar de todos sería un infinito mar de movimiento. Múltiples son los momentos de inquietud que hemos tenido, desde los más novatos hasta los que han logrado una mayor experiencia.

Yohana Dusatz. Foto: Archivo CFNC

Sin dudas no es posible pasar por alto un aniversario de esta prestigiosa compañía. Los retos, los deseos de profundizar en esta savia y agarrarnos del fuerte tronco que sembró el pasado siguen pendientes. El camino está más que abierto, cuestionemos, dialoguemos y generemos para construir otras significaciones en este río de corrientes renovadas.

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