Compañía Del Cuartel A Paso De Mujeres En Primera Persona

Por Roberto Pérez León

En la sala El Sótano, de la capital cubna, la Compañía del Cuartel presentó, con dirección de Sahily Moreda, 24 horas Viraje una obra de la dramaturga argentina Gilda Bona. Se trata de una puesta en escena de equilibradas propuestas sobre todo en el orden actoral. La pieza, además, fue premio en la VI Edición de la Bienal Internacional La Escritura de las Diferencias (2012-2013).

24 Horas Viraje nos cuenta de los avatares familiares: una mujer recibe una llamada de madrugada desde un hospital para comunicarle que su marido ha tenido un accidente, ella quiere saber si ha muerto o no y solo recibe por respuesta que debe presentarse en el hospital; despierta al hijo adolescente y salen a enfrentarse con lo que ya suponen una tragedia.

El médico, la empleada administrativa del hospital, el marido en el cuerpo de guardia o en la morgue, el hijo adolescente que quiere ver a su padre; Betina, la madre y la esposa, anda de un lado a otro tropezando con el burocratismo hospitalario, las paradojas matrimoniales y los incidentes escondidos al hijo sobre la vida y milagros del matrimonio de sus padres.

El trabajo de puesta en escena que nos presenta la Compañía del Cuartel está concebido desde un atrayente montaje a través de varios planos de enunciación; Annalié Quero, Aymeé Reinoso y Neisy Alpizar, las actrices que asumen los cuatro personajes, a través de salto de representaciones se integran y desintegran sin fatiga, conforman un discurso plural e individual equilibrado.

El intercambio enunciativo es un recurso poderoso que si bien pueden resultar por momentos languidece, se estanca y la expectativa decae, pero sucede que las actrices alcanzan una maniobrabilidad escénica que fluye y gracias a la incesante performance que despliegan la obra avanza en su representación.

La enunciación reemplaza y supera la historia en 24 Horas Viraje; la acción enunciadora es más potente que la fabula; sin la dinámica de las situaciones de enunciación la obra puede resultar un intento disparejo de hacer una historia que bordearía al thriller o a la comedia dramática y tal vez hasta a la telenovela de fáciles expectativas.

La puesta en escena tiene una animosa dirección en Sahily Moreda, quien logra sobreponerse a las carencias del texto; desde la dirección de actores se alcanza el debido trabajo coral y se consigue la expresión y muda tanto de personajes como de situaciones de enunciación; es que si no fuera por esas maniobras enunciativas la obra  resultaría dramatúrgicamente muy débil.

24 Horas Viraje es texto lingüístico de poco calibre, sin propuestas sígnicas capaces de orientar un recorrido dramático. Y digo dramático en el sentido ortodoxo del término, que etimológicamente expresa y se entiende como acción, como acción representada, todo lo cual no implica que lo que se represente sea trágico; y, es que la concepción de drama como tragedia es un corolario debido a la tragedia griega y no a su interpretación etimológica.

Las actrices superan con sus enunciaciones los propios enunciados verbales de la obra. Y sale  la representación muy bien parada de manera global. La puesta tiene un compás sostenido, por momentos con destellos de un particular humor; el ritmo se hace adecuado desde una proporcionada proxémica entre las tres actrices que manifiestan poderío en la expresión corporal y en la emisión verbal; aunque suceden discursos gestuales faltos de consistencia y reflexión, en general la actuación se consolida como funcional sistema significante propicio a la producción de sentido.

Al entrar a la sala nos encontramos con las tres actrices en una construcción gestual consecuente con el desarrollo posterior de las distintas calidades expresivas; ellas arman una diestra sintaxis en el texto escénico centrado por la primera persona de la esposa y madre multiplicada, reproducida y vectorizada desde diferentes ángulos de animación.

En el montaje creo que está de más la utilización del audio de voces masculinas como ecos de personajes en pleno desarrollo; de igual manera el paréntesis que se produce al bajar las actrices a la platea, conminando al público a participar, sobra como intento de conseguir que la gente se ría, ni siquiera es sostenible como recurso de participación, porque la cuarta pared no se rompe de manera tan elemental.

El montaje cuenta con una pantalla lateral que no logro insertarla dentro de ningún proceso de significación; las imágenes que suceden en dicha pantalla si no existieran no le pasaría nada a la puesta y como existen distraen de manera insustancial.

Sin embargo, hay una muy eficaz y diligente escenografía que en su minimalismo viabiliza las situaciones de enunciación; con solo tres sillas de tijera se entona toda la puesta en escena; por otra parte, los diseños de vestuario son dúctiles, moldean el espacio gestual que bien saben construir las actrices en el eficaz espacio escénico concebido para la puesta.

Fotos de portada tomada de https://isleos.wordpress.com

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