Repaso De Un 2018 Teatral Con Las Notas De Un Espectador-Crítico

Si no disfrutáramos de tantas bondades en el sector de la cultura, algunas propuestas de las que hemos visto durante 2018 no hubieran podido producirse. Si han subido a escena algunas obras ha sido por las generosidades, fortalezas y debilidades de las instancias administrativas en artes escénicas, sin esa coyuntura y los beneficios consiguientes otro gallo cantaría.

Por Roberto Pérez León

A estas alturas de mi vida, al terminar cada año, es casi una necesidad emocional ponerme a recordar sobre todo lo leído y lo visto. Escoger libros, películas, espectáculos escénicos y hacer un montoncito y ponerlo donde quedan las cosas queridas, donde guardo las apropiaciones que me ayudan a desarrollar la inteligencia conceptual y la percepción formal, porque en su momento me sirvieron para expandir sentimientos, emociones, sofocos de manera casi mística o romántica -da igual-,porque sobrepasaron y dieron un vuelco a mi sensibilidad y sensorialidad.

Hacía algunos años que no ponía tanta dedicación a las artes escénicas como ha sucedido en 2018, retado por la propuesta de escribir con frecuencia semanal para “Pensamiento Escénico”, columna fija del Portal Cubaescena. Entonces, de lo visto sobresalen los espectáculos específicamente de teatro. En el panorama de las artes escénicas entre nosotros el teatro es lo más sistemático porque el ballet es por temporadas, la danza contemporánea de vez en cuando, y la ópera y el lírico suceden rara vez.

He tenido durante el año el privilegio de poder hacer públicas mis preferencias teatrales. ¿Preferencias, valoraciones, análisis, críticas? Bueno, todo eso he tratado de expresarlo con equilibrio. Y es que los que tenemos esa oportunidad debemos tejer cada comentario con sinceridad, convicción, persuasión y honestidad.

La sala Llauradó insertada en el principal circuito teatral de La Habana

Quisiera poner como epígrafe a estas notas lo que Baudelaire dijo sobre la crítica. Pero no me está funcionando bien el internet y no logro ubicar lo que el poeta reflexionó sobre el valor de la subjetividad del crítico. Lo cierto es que la subjetividad de todo analista de arte, pese a los grandes esfuerzos que se puedan hacer por reducirla, es una piedra angular.

En si es bueno o malo un espectáculo se mueve cualquier juicio de valor sobre el teatro, venga ya sea de un crítico, de los propios teatreros, los artistas o del público. El pensamiento crítico no sólo está en los “analistas de profesión”.

Las decisiones en las artes escénicas no solo las toman los productores y los expertos en teoría sino también los espectadores. Los ejercicios de valoración académica o de evaluación profesional no solo son los atendibles a la hora de decidir por lo bueno o por lo malo, aunque ellos contribuyan a esclarecer y orientar la producción de sentido de un espectáculo determinado.

Sin duda es posible exponer un grupo de valores que puedan ser medidos con cierta objetividad, pero la subjetividad hace sus travesuras siempre. Lo importante es tratar de ser lo suficientemente limpio en la disciplina de ejercer el criterio, sin abandonar el placer de emitir el juicio particular.

El reconocimiento y expresión de los valores de una representación está entre la cultura, el gusto y la percepción tanto de los productores como de sus receptores; también, pasa por la dedicación académica y la experiencia que se tenga en la labor argumentativa para poder derivar apropiadamente la subjetivad y hacerla confiable públicamente a través de fundamentos.

La crítica puede anunciar, predecir, mostrar lo que no es fácil ver, revelar otros puntos de vista. Eso de “me encantó”, “ni te atrevas que es un clavo”, “no te lo puedes perder”, “arrasaron”, “se pasaron” “tremenda porquería” son expresiones de un fuerza tal que pueden vaciar o llenar una sala. Dicen que hay público para todo. Es cierto, pero eso no necesariamente debe ser una conclusión complaciente y justificativa. No siempre es posible decir que el público sea el que desearíamos que fuera. Hay que crear Públicos. Hay que educar Públicos. Hay que conocer el Público.

Una de las carencias que he notado en este 2018, a través de festivales y encuentros de artes escénicas, es la alarmante ausencia de Estudios de Público. Volvamos a lo anotado por Eugenio Barba: “cuanto más difícil es para él [el receptor] interpretar o valorar inmediatamente el sentido de lo que sucede delante de sus ojos y su mente, tanto más fuerte es para él la sensación de vivir una experiencia. O mejor, dicho de una manera más oscura, pero tal vez más cercana a la realidad: tanto más fuerte es la experiencia de una experiencia”.

En un comentario extenso publicado por el mes de agosto en este mismo espacio señalé mi inquietud por la falta de conocimiento científico de esa “experiencia de la experiencia” entre nosotros.

Concurrencia de público en el Festival Nacional de Teatro 2018

Otra de mis preocupaciones durante el año fue la poca atención que generalmente se presta a los programas de mano: feos, inapropiados, recurrentes, muraleros, poco ingeniosos, y muchas veces ausentes. También en este mismo espacio por el mes de julio comenté sobre el valor de un programa de mano como documento, preservación y memoria de las artes escénicas

Pero a lo que voy. Quiero declarar mi complacencia y mi desacuerdo con lo que visto en los escenarios durante 2018. Por supuesto, no lo vi todo. Se me quedaron muchas puestas en escena por aplaudir o desaprobar. Pude estar presente en eventos internacionales, nacionales y provinciales. Mi asistencia al Festival Nacional de Teatro, en Camagüey, me abrió el panorama escénico al poder ver lo mejor que se había hecho en el país, en los últimos dos años. A poco más de cincuenta representaciones asistí en escenarios habaneros y de otras provincias. Semanalmente pude reseñar desde el análisis casi todos esos espectáculos, algunos no me atreví siquiera nombrar por sus insuficiencias formales y conceptuales.

De lo visto me llevo para la memoria complaciente dos sucesos: Ocurre en domingo y Un hombre inmóvil. Por el carácter de acontecimiento pleno en las artes escénicas cubanas que tuvieron, reitero, las valoraciones que en este espacio y en su momento hice de esos montajes.

Un hombre inmóvil fue una puesta de Teatro del Espacio Interior, colectivo que representó al territorio agramontino en el Festival Nacional de Teatro y que tuve la suerte de poder ver. Se trata de un espectáculo de un fuerte espesor de imágenes escénicas intrincadas y a la vez de una simpleza sobrecogedora; imágenes de mucha carga icónica, simbólica, presagiosa, provocadora; es un índice de que una puesta en escena no es solo entendible a partir de sí misma; su energía estético-moral llena y crece durante el curso de la representación.

Un hombre inmóvil es un suceso escénico que por su enunciación puede ser danza teatro, pero por su estructura formal puede ser danza teatral. O puede ser también teatro concentrado en el proceso representacional de los conflictos humanos donde la angustia, el dolor, la intemperie son transfigurados en propuesta estéticas. Se trata de un teatro comprometido con una poética donde vibra la necesidad de expresión de contenidos humanos: el amor, la soledad, el poder, la libertad, la obediencia, la autoridad, el encierro.

El hombre inmóvil, Teatro del Estpacio Interior, dirección Mario Junquera. Foto Archivo Cubaescena.

Los actores son performers entretejidos afectivamente; todo el discurso actoral queda teñido de un barroquismo gestual con fuertes cargas dramáticas; no danzan; hacen danza con sus gesticulaciones; desarrollan una dramaturgia sin alardes técnicos, solo con la apoyatura de un expresionismo matricial que marca cada situación escénica.

Un hombre inmóvil es una puesta en escena de tremenda inmanencia impresionable; el conocimiento poético que aporta de nosotros mismos es duradero por el imaginario plástico y telúrico que desarrolla. Esta representación remueve los cimientos de los espectadores cautivos que se estancan en determinadas poéticas de producción teatral generando un estacionamiento de la dialéctica de la percepción en las artes escénicas.

Tuvimos en la sala Llauradó Ocurre en domingo, de la dramaturga Anna Burzynska. Esta es la otra puesta que me llevo a la memoria complaciente de 2018. Fue un montaje que Teatro de la Luna hizo en el marco de la Semana de la Cultura Polaca en La Habana.

Ocurren en domingo cuenta con tres protagonistas. El personaje de Clara lo hace Yaikenis Rojas y el de Nicolás, Luis Manuel Álvarez. Ellos acompañan a Alexa que más que un personaje es un hecho escénico en sí mismo a cargo de Laura de la Caridad González. ¿O es Alexa quien acompaña a Clara y a Nico? Entre los tres se mueve la charada de la historia en esta enunciación escénica de tanta enjundia estética y funcional.

Luis Manuel y Yaikenis tienen discursos actorales autónomos pero interdependientes. El da un Nicolás que es un armónico boceto de hibridez poética; ella, Clara, es epigramática en sus sentencias y narratividad gestual. Ambos están sobrados en escena.

La concepción y realización escenográfica es imperativa en la propuesta espacial y estética de la representación; la “ficcionalización” del espacio escénico, concebida por Raúl Martín, demuestra la cualidad heterotópica del teatro en este trabajo de Teatro de la Luna.

Ocurren en domingo será perdurable en las artes escénicas por su tamaña pertinencia teatral. Por la intencionalidad y efecto está puesta es un banquete de sentidos. Espero en el 2019 quede en programación de algún espacio teatral, pues solo fue posible verla en el fin de semana que correspondió a la jornada capitalina de la cultural polaca.                                   Ocurre en domingo, Teatro de la Luna, dirección Raúl Martín. Foto Buby.

Si decía lo que me llevaba de mejor para la memoria teatral de 2108, bien podría declarar lo que no desearía en esa memoria. Fueron muchas las puestas de excelencia. Pero también fueron numerosas las que tuvieron serias deficiencias en el lenguaje escénico, en su pragmática y sintáctica, por su performance actoral y por su misma producción, por la poca invención teatral en su enunciación global.

Durante todo el año hice comentarios señalando las carencias en las puestas que fui viendo. Si en esta ocasión de resumen anual selecciono dos, no es porque hayan sido las peores dentro de las malas, sino por la gran cantidad de público que atrajeron pese a sus inconsistencias teatrales. Y vuelvo a insistir en la necesidad de desarrollar programas de educación artística y estética; urgen iniciativas para crear públicos con una aguda sensibilidad en la apreciación teatral.

El cupleaños de Marcos (Poster de la obra)

El cumpleaños de Marcos y Marianao Woman Show pese al éxito de taquilla obtenido considero que fueron puestas con muchos despropósitos. Sé que los comentarios que hice alrededor de estas puestas tuvieron muchísimos detractores. No obstante, reitero mis apreciaciones a esta hora de hacer un recuento de mis valoraciones escénicas durante 2018.

El cumpleaños de Marcos fue un trabajo de Teatro del Sol en la sala Llauradó con texto de José Ignacio León, con dirección y puesta en escena de Sarah María Cruz. Se trata de la mostración de un texto dramático construido a base de diálogos con escasa especificidad teatral, sin fortaleza de signos performativos capaces de organizar un discurso escénico.

Hay que tener claro que el teatro es un relato que semiológicamente se vale de las riquezas de sus sistemas significantes y de lo que aporta la escala de signos. El teatro no es un simple ejercicio de semejanza y mucho menos de imitación de la realidad; nuestra realidad en este caso, la que debe ser vista desde el ejercicio de juicios de valor con carga estética suficiente, capaz de desarrollar una inteligente relación dialógica con la totalidad cultural que somos. Hay que tener una perspectiva interpretativo-reflexiva de mayores contenidos.

También en la sala Llauradó se puso Marianao Woman Show, a cargo del colectivo Vital Teatro. De acuerdo a la programación todavía esta puesta debe mantenerse en cartelera. Así es que de público no ha carecido. Sin embargo, carece de elementos que la hagan celebrable desde el punto de vista teatral.

Marianao Woman Show es un suceso en escena que según el programa de mano se trata de un sainete, escrito y dirigido por Alejandro Palomino.

Cuando sucedió el estreno de esta pieza en el comentario que hice me pregunté por qué no se velaba más por la calidad de lo que se subía a escena. Pregunta que puedo hacer dada la organización de nuestro sistema sociocultural.

         Marianao Woman Show (Poster de la obra)

Si no disfrutáramos de tantas bondades en el sector de la cultura, algunas propuestas de las hemos visto durante 2018 no hubieran podido producirse. Si han subido a escena algunas obras ha sido por las generosidades, fortalezas y debilidades de las instancias administrativas en artes escénicas, sin esa coyuntura y los beneficios consiguientes otro gallo cantaría.

Los cuatro montajes que he señalado, tanto los que celebro como los que considero innecesarios, me han incitado a determinadas interrogaciones para las que no tengo, en su mayoría, respuestas claras, propongo que entre todos nos pongamos a pensar: ¿Qué nos hizo cambiar el teatro que vimos? ¿Qué agregó el teatro como experiencia a nuestra subjetividad? ¿Hasta dónde fue adecuado a los propósitos de la Nación lo puesto en escena? ¿Cuál ha sido el saber específico que debe dar el teatro?¿Cuáles fueron los resultados escénicos de mayor estabilidad estética y durable deleite? ¿Con qué desarrollo técnico se ha contado: composición, estructura de los espectáculos? ¿Qué es el teatro en nuestra sociedad? ¿Nos “teatró” el teatro que vimos?

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