Vianki González: Pasión Por La Danza

Ella es de esas artistas que cuando se para en el escenario uno no puede dejar de mirarla. Sin importar si está entre más de 30 bailarines, si la ubican en la parte trasera del tabloncillo o si su papel es secundario, no podrás quitarle la vista.

Por Bernardo Cabrera

Ella es de esas artistas que cuando se para en el escenario uno no puede dejar de mirarla. Sin importar si está entre más de treinta bailarines, si la ubican en la parte trasera del tabloncillo o si su papel es secundario, no podrás quitarle la vista.

Esa insólita atracción visual no tiene que ver con su belleza, técnica o estilo, sino con su fuerza interpretativa y su forma temperamental de danzar con el alma.

“Desde niña me hacía mucha ilusión bailar. No sabía que existía un tecnicismo ni una escuela y cuando entré me percaté de que no era tan fácil como pensaba. Aun así, me siguió gustando la idea en la medida en que aprendía más e incluso incursioné en otras manifestaciones artísticas como la pintura, pero creo que cada persona nace para algo y yo nací para la danza y este mundo que me ha abierto tantos horizontes.»

Codanza, ¿destino o casualidad?

“Fue obra del destino porque yo trabajaba en el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba, en La Habana, y tuve que venir a hacer el servicio social como profesora en la Escuela Vocacional de Arte. A Maricel Godoy se le ocurrió la idea de fundar una compañía y aunque al principio no fue tan placentero porque yo era joven y tenía otros horizontes y pensamientos, me comenzó a gustar tanto que después cuando intenté salir ya no pude.

“Codanza se convirtió de esa forma en mi familia, mi casa, es donde he crecido como bailarina, coreógrafa, persona, profesora y amiga. Aunque en ocasiones no me sienta complacida con algunas cosas y no haya tenido muchos papeles protagónicos, hago todo con la disciplina, rigor y exigencia que requiere cada puesta en escena. Llevo 28 años aquí y se dice fácil pero no lo es.»

Vianki González, al centro, en la obra Árbol de fuego, coreografía de Pepe Hevia, último estreno de Codanza. Foto: Carlos Rafael

¿Bailarina con inquietudes coreográficas?

“Sí, me tomó 15 años empezar a coreografiar y después me di cuenta de que cuando uno tiene esa inquietud tiene que exteriorizarla. Tengo muchas ideas en mente y cada cosa que me pasa provoca en mí nuevas inquietudes coreográficas, además de que pienso en todo: música, luces, dramaturgia.

“Coreografiar se ha convertido en una forma de expresarme y me gusta que cada obra tenga bases sólidas en la literatura, en las artes plásticas, y que se hilvanen en una sola. Entre mis creaciones están La memoria del pez, basada en un poema de Kenia Leyva, y Estación para pensar, fundamentada en cuatro poemas holguineros.»

¿Danza y vida personal o danza contra vida personal?

“No te voy a negar que es difícil ser una buena bailarina y llevar una vida personal como madre, como esposa, pero no es imposible. Las dos cosas unidas te dan la fuerza para seguir adelante y son dos pasiones muy grandes y distintas que a la misma vez te catapultan para lograr lo que te propongas.

Vianki González. Foto: Carl Moore

“Cuando eres feliz en lo personal también lo eres en lo profesional y eso balancea mejor tu vida. Aun siendo madre he podido y he hecho lo que he querido en el mundo de la danza como coreógrafa, como maestra, como bailarina, y en eso le debo mucho a mi familia”.

Quien te ve entregando el corazón en cada coreografía con tus gráciles músculos y ligereza de movimiento, no imagina que tu cuerpo ha transitado 45 calendarios, casi 30 de ellos dedicados a la danza.

“Bailo porque me gusta lo que hago, me siento con fuerzas y tengo el conocimiento corporal, intelectual y personal para hacer mi trabajo. A esta edad uno se siente supuestamente cansado, pero yo soy una bailarina con mucha resistencia y me siento en plenitud de capacidades físicas y mentales.

“La mayoría de las veces las limitaciones no las pone uno, sino que te las imponen otras personas. Ahora mismo quieres participar en cualquier concurso y la edad límite es de 35 años y por qué no se le puede dar la oportunidad a otras personas que están bailando bien sin importar la edad. Es verdad que la danza es un mundo muy corto y efímero, pero es triste que personas superiores a ti o la misma sociedad, ajenas a tu propio ser, te estén limitando antes de tiempo.»

¿No le temes al tiempo?

“Para nada. Cuando veo a los jóvenes bailarines que han llegado a la compañía siento que tenemos un futuro garantizado. Ellos son intrépidos, casi no piensan las cosas y tienen muchos deseos de hacer, de crear, de bailar. Por eso hay que darles la oportunidad y el espacio de que lo hagan, hay que ayudarlos y encaminarlos porque no tienen la experiencia que da los años y para eso estamos nosotros.

“Estoy consciente de que no soy una bailarina de grandes condiciones o grandes saltos, pero sí soy muy interpretativa y eso es lo que hace que me gane al público, aun cuando comparta la escena con bailarines más jóvenes que yo.»

Vianki González en la obra Suelo, coreografía de Osnel Delgado. Foto: Carlos Rafael

¿Has pensado en el día en que le cerrarás el telón a la danza?

“Cuando me subo a un escenario siento algo mágico, vivo el momento con una intensidad increíble y es como si estuviera dentro de una burbuja. No sé si a todo el mundo le pasa igual, pero es maravilloso y único y eso se lo debo a la danza que en estos 28 años de vida artística me ha dado placeres, tristezas, me ha ayudado a recuperar alegrías, a sentirme cómoda conmigo misma.

“Te mentiría si te digo que alguna vez he pensado en abandonarla porque si llegara a suceder creo que una parte de mí quedaría oscura y en silencio. Es que de solo pensarlo me da tristeza porque cuando he tenido muchos problemas me he refugiado en la danza y ha sido un oxígeno para vivir más que mi trabajo y mi fuente de ingresos.

“Por eso voy a bailar hasta que quiera, esté o no en una compañía, porque yo solamente sé hasta dónde puedo llegar y cuándo quiero llegar. El día que no baile como profesional o ya no pueda moverme, lo seguiré haciendo en mi pensamiento y en mis sueños porque Vianky González Miranda ama y siempre amará a este sacrificado pero maravilloso mundo de la danza.»

 

Foto de portada / Carl Moore

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