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Un Abril callejero para danzar todo lo posible

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Por Noel Bonilla-Chongo / Fotos Buby Bode

Desde que Botticelli decidió regresarnos el cuerpo íntegro de Afrodita para mostrar el esplendor del cuerpo femenino, es muy probable que los bailes y cantos de los campesinos tornaran para filtrase en las teatralidades del momento.

Justo con el Renacimiento reaparecerá el cuerpo en todo su esplendor. La llegada de Venus sobre una concha, a la playa de una de las islas que tradicionalmente se le dedican semeja una diosa empujada por el soplo de los dioses alados, entre una lluvia de flores. Los personajes son ligeros, esbeltos, sinuosos, sensuales y nos da una sensación de ingravidez. En el centro de la pintura está la diosa desnuda. Su concepción anatómica revela un alto grado de idealización -cuello demasiado largo y hombros demasiados estrechos. Toda la escena se ve enmarcada sobre un paisaje de naturaleza embelesada, acorde con la belleza de la diosa.

Por otro lado, el Hombre de Vitruvio realizado alrededor del año 1490 por Leonardo da Vinci, representa una figura masculina desnuda en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas e inscrita en una circunferencia y un cuadrado. Se trata de un estudio de las proporciones del cuerpo humano, realizado a partir de los textos de Vitruvio, arquitecto de la antigua Roma, del cual el dibujo tiene su nombre. Y, sin ir más lejos, es este el período de afluencia de una naciente teoría de la danza.

No es banal regodeo esta asociación de imágenes visuales cifradas en la historia y en los imaginarios de presentar al cuerpo, tampoco lo serán para la emergencia teorética que vendrá a pasos pautados. Pues, justo antes de estas oportunas intromisiones, quizás de algún modo por la austeridad del espectáculo cristiano y el misterio medieval, la danza desapareció provisionalmente, salvo en escenas donde fuera dramáticamente indispensable.

Quizás, en alguna representación de Salomé -ella, bailarina-, tenía que mostrarse bailando; pero si no era el caso de personajes que danzaran, el misterio en general no utilizaba la danza. El cuerpo, durante el cristianismo estaría exilado y más el cuerpo sensual, el cuerpo de carne. El cuerpo representado en el gótico, o en la baja Edad Media, es un cuerpo que no parece de carne, sino se siente como cuerpo plano, un signo dibujado, el signo del pez o el signo del hombre. Y, por lo tanto, la exaltación de las formas corporales que realiza el baile es atajada con dureza durante ese período.

Recordemos que el cristianismo ocultó el cuerpo, lo escondió bajo siete candados, debajo de símbolos, sotanas y vestimentas llenas de trapos que tapaban sus formas y, cuando este reaparece, lo hace con ímpetu vehemente. Imposible esquivar el influjo popular de danzar fuera de los oficios divinos o de los bailes procesionales que van dejando penetrar otros modos de concebir el desplazamiento y el movimiento corporal.

Muchos de los bailes y danzas van combinándose entre sí hasta llegar a convertirse en danza macabra. Se reanima el cementerio como espacio representacional, regidos por el apotegma místico-realista de que la vida es una carola -tipo de danza- dirigida por la muerte. No será hasta el Barroco que atesorar la pompa del gusto por el baile se torna modus vivendi.

Aun así, la danza nunca dejó la calle, la aldea, el soportal. De ritual mágico religioso que, en la medida que el hombre logra sociabilizarse y entrar en complicidad con su partenaire, asiste a una recreación donde la colectividad diversa aporta elementos identitarios de un hacer que, con aciertos y desventuras, provoca el deslizamiento del sentido primario que tuvo de identificación con el espíritu a una liturgia, a un culto de relación (expectación, lectura, decodificación) y no ya sólo de participación. Instancia distinta donde hay que preguntarse con total intencionalidad (coreógrafo, danzante, espectador): ¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde?

Sí, pues la elección del dónde -calle, plaza, parque-, del qué, del cómo, informará sobre el contexto y sus reglas de juego para tramar un discurso coreográfico que estime el espacio arquitectónico y el entorno urbanístico donde este se ancla para develar intenciones poéticas, obsesiones temáticas, y todos los antojos posibles que puedan motivar al cuerpo en juego y a su corporalidad danzante.

Más hoy, cuando el Centro Histórico de la vieja Habana, hábitat natural y propio del Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos: Habana Vieja, ciudad en movimiento, se hace necesario dialogar con las leyendas, historias, fantasmas y trampas que perduran en sus espacios para atravesar los nuevos desafíos que implican la permanencia en el tiempo de este maravilloso encuentro, el de mayor convocatoria dentro del sistema de eventos de las artes escénicas, de las artes vivas cubanas. Somos muchos los que hechizados por la calle y sus azares -complicidades al margen- asistimos a la fiesta. En ella, Isabel Bustos, coreógrafa y directora de la compañía Danza-Teatro Retazos, anfitriona y artífice de la cita que recién va cerrando su edición veintisiete en un 2023 completamente diferente.

Aun lamentando la desbordada asistencia de artistas y públicos que el Festival atesorara antes de que la pandemia de la Covid-19 nos partiera en fragmentos, hay que agradecer que Isabel y su equipo acompañante sigan incólumes, a salvo para insistir una y otra vez. Hay que celebrar que nacionales y foráneos aguarden las jornadas, ahora concentradas en solo escasos espacios.

Ahora cuando el baile se sale del clásico escenario para invadir otros lugares de representación aniquilando la también clásica, manera de componer a partir de centros privilegiados o zonas enfáticas, bailar es un acto de fe. Danzar en un recodo o esquina de una calle asfaltada y dura, saltar, caer, arrastrarse sobre un piso áspero y alevoso de una concurrida plaza pública, desviar la atención de un transeúnte o impedirle su habitual recorrido, son partes esenciales de los requerimientos que estructuran el discurso de la danza que encuentra en la calle, plaza o parque su entorno representacional. De lo que se deduce la imperiosa demanda de performers entrenados para reaccionar ante la eventualidad, la casualidad, el contratiempo.

De poco sirve una poderosa técnica corporal, escaso es que la coreografía no se sustente en una raigal investigación del espacio, aflictivo es cuando la banda sonora no integra la sonoridad ambiental, apenada se vuelve la propuesta cuando no se convierte en provocación interventora, sí, transformadora del esquema arquitectónico y urbanístico espacial, donde se registra el acto. Para danzar en espacios “otros” (que ya dejaron de serlo, por la propia trayectoria del Festival y del hacer de Retazos en sus treinta y cinco años de aventuras), es de probada obligación que fabulación, motivación, azar, técnica, historias y aconteceres, deben volverse claves estructurales en la coreografía, garantías de un espacio y tiempo revisitados.

Hoy, al correr las cortinas de la reciente edición, hay que resaltar el poder envidiable de convocatoria del Festival, la gracia elegante de Isabel y sus retazos, la respuesta gestora de la Oficina del Historiador de la Ciudad y su sistema de instituciones, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y el Centro de Teatro de La Habana. Aplaudir a los artistas y a los públicos que, ante las adversidades y coyunturas, ofrecen generosos su apasionante voluntad y apuestan por estar dentro de la amplia programación. Agrupaciones de distintas zonas de Cuba junto a invitados extranjeros, fotógrafos, realizadores audiovisuales, pintores, conferencistas, talleristas, en fin, adictos todos a una manera que ya se ha vuelto manía para desafiar polvos, piedras, soles y caminatas de un Abril que quiere danzar todo lo posible.

Mención distinguida a la amplia agenda del XVII Festival Internacional de Videodanza DVDanza Habana, Movimiento y Ciudad, contemplado dentro de las jornadas del festival callejero. Muestras audiovisuales, talleres, danza para la pantalla y también para la cámara fotográfica y de video que registra lo que ocurre, cual testigo ocular narrante, para mezclan proyección de imágenes, sonoridad y corporalidades en múltiples espacios. A ahí, nuevamente el cuerpo se descubre y la improvisación encuentra sus pautas en una comunicación donde el espectador es ahora otra intención mediatizada.

Comunidad danzante 2023, regresar a la tierra y su pertenencia, a la voluntad de estar unidos para retornarle al baile su condición ancestral comunal y cómplice; ser colectividad que borra las diferencias individuales, la alerta acumulada por las técnicas aprendidas, ahí estuvo la clave de las clases magistrales y workshops de grandes artistas.

Mientras que seguir moviendo el pensamiento alrededor de esas franjas que desde la academia acompañan la producción de conocimientos en danza, fue el lema que nos juntó en el fórum “Danza: porfías para retenerte”. Proyecto generado por la Cátedra Honorífica Danzar.Cu y la Facultad Arte Danzario de la Universidad de las Artes, ISA. Procurar desafiar el carácter efímero y fugaz de la danza en tanto acción social, cultural y artística espacio-temporal, para fijar desde el archivo, la documentación e investigación, aquellas zonas que pudieran “retener” y hacer perdurable la amplia producción de conocimientos que en la danza cubana se genera. Hacer que lo poético devenga acción interpelante de la información acumulada en los tantos años de historias que, entre cuerpo y carne, provoca la danza.

Desenlace

Insisto en hacer notar la soberanía de Festival como espacio múltiple de convivio de expresiones culturales, artísticas en torno a la danza que, desde los paisajes urbanos de la Habana Vieja, posibilitan la sinergia cooperativa de una ciudad en movimiento. Insistiré en que no hay otra opción al apostar por un baile diferente que redimensione el espacio donde este se inscriba: dureza, sabor, color deben aliarse a la piedra, al polvo, al sol, a la mirada esquiva, única manera de transformar el registro que en presente, hacen del ambiente, del entorno arquitectónico y de la movimentalidad un desafío perpetuo en las oquedades del camino, los contratiempos, las idas y venidas, la gentileza de los amigos, la cortesía de Isabel, etc., Para, luego entonces, añorar el regreso llamado del siempre certero cañonazo habanero que, como guardián fiel persistirá en la apertura de otros espacios, nuevos tal vez, para que siga siendo nuestro Festival un reto para el cuerpo y la mente dilatados. Pues hoy más que nunca, al danzar la calle, es imprescindible subvertir los dominios de ciertas reglas del juego, ¿verdad?