A los intelectuales, con las mismas palabras

Pascual Díaz Fernández

En junio de 1961, se desarrollaron las reuniones entre los intelectuales cubanos, en la biblioteca nacional José Martí, en las que Fidel Castro participa como Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Ya se ha realizado el Primer Festival Obrero-Campesino y ha sido derrotada la invasión mercenaria por Playa Girón. Ambas, ocurridas en abril, indicaban que dentro de la Revolución era posible todo pero, contra ella, nada.

 Por un lado, la Revolución alfabetiza, apoya el ballet y la orquesta sinfónica crea Escuelas de Arte, compañías de danza folclórica y moderna; imprime libros, invita escritores europeos famosos y realiza un Festival de Artistas Obreros y Campesinos. Del otro, aplasta, en menos de 72 horas, una invasión mercenaria planeada, orquestada y enviada por el gobierno de los EEUU., para derrocarla. Es decir, esta Revolución siempre ha trabajado para satisfacer las necesidades espirituales del pueblo y, al mismo tiempo, ha sabido defenderse y triunfar contra sus enemigos.

 Me pregunto cómo sería una reunión de Fidel con  los artistas, hoy.  Leer lo publicado en los Congresos de la Uneac, podría ser de gran ayuda pero, quizás, no sería suficiente. Las circunstancias de hoy difieren mucho de las de hace medio siglo atrás. Es un lapso de tiempo bastante extenso para una vida humana sobre todo si pensamos que hemos vivido muchos momentos épicos, intensos, dramáticos y magníficos, todos, inolvidables; pero breve cuando lo vemos como parte de una época histórica.

Aún se desconocen muchas particularidades del evento. ¿Quién(es) lo convo(có)caron? ¿Quiénes fueron los intelectuales participantes? ¿Eran representativos de la intelectualidad artística cubana? ¿Cuáles fueron sus intervenciones? ¿Quienes participaron como funcionarios representantes del Gobierno Revolucionario? ¿Cuáles fueron sus planteamientos? No creo que sea saludable seguir dejándolo todo a los rumores, las especulaciones  y  las elucubraciones personales, llenas de buenas (o malas) intenciones. La política cultural revolucionaria ha tenido su brillo y su penumbra; sus deslumbrantes éxitos y sus lamentables fracasos. Puede decirse que el evento plantea la necesidad un amplio objeto de estudio en el campo de la cultura cubana desde 1959 hasta nuestros días.

Por tanto, son válidas las preguntas. ¿Qué está vivo y que está muerto de Palabras…? ¿Qué está olvidado? ¿Por qué? ¿Qué existe hoy que antes no existía? ¿Cuáles son las prioridades actuales? De lo dicho en aquella memorable ocasión ¿qué se ajusta y qué  no se ajusta? ¿Qué se ha cumplido y qué no? ¿Ha habido retrocesos, estancamientos o solo enriquecimientos? ¿Se ha aplicado la política cultural expuesta entonces? ¿Fue afortunada la creación del CNC? ¿Y el Ministerio de Cultura? ¿Cuáles son las diferencias y semejanzas entre ellos? ¿Existe hoy miedo por parte de los intelectuales ante la Revolución Cubana? ¿Existe la libertad de expresión para el artista?

Creo que hace falta hablar -y no es que no se haya hecho ya-, por ejemplo, de la desarticulación del Movimiento de Artistas Aficionados a causa de la industria turística; del intrusismo profesional, sobre todo en el universo de las artes escénicas; de la multitudinaria aparición de artistas que, equipo en mano, se destacan, por vías no-convencionales, no-estatales, de impresiones de libros, videos musicales y de todo tipo, sin los debidos requerimientos técnicos y de calidad; que, gracias a la tecnología, genera mil artistas (o que se creen tales) por segundo; de la falta de promoción a los artistas residentes en el interior del país, la falta de jerarquías, lo que da lugar a, como se dice, aquí artista es cualquiera, en fin, toda una serie de temas conocidos pero sin resolver aun.

Pero, el principal deber de las actuales generaciones de artistas es el de dejar claro muchos rumores, supuestos y malentendidos; exorcizar fantasmas de persecuciones y ostracismos, en cuanto a creación artística, la libertad de expresión y vínculo con el Estado y el Gobierno, así como con la ideología de la Revolución Cubana. Aunque para ello haya que reconocer desagradables errores, pésimos desaciertos y peores intenciones, oportunismos y demagogias, se hace necesario. No se trata de hacer círculos de estudio con el texto donde un compañero(a) lea y comente sobre la permanencia total y vigencia absoluta e imbatible de lo dicho por Fidel. Eso sería repetir errores ya superados.

José Martí lo expresó claramente en su época de lucha por la independencia. La guerra mayor que se nos hace  es de pensamiento y hay que ganarla a fuerza de pensamiento. Palabras a los intelectuales no es la Biblia, ni el Corán, ni es el resultado de una iluminación; ni siquiera de una meditación extensa y profunda; son reflexiones de un líder carismático y visionario en un momento determinado de un proceso revolucionario inédito, que encabezó desde todos los ángulos de la vida nacional e internacional y, como tales, deben ser leídas.

Frente a Palabras a los intelectuales, siempre sonarán discordantes los pasajes escabrosos de la política cultural que se vivieron a finales de los 60 y los años 70, porque, entre otras muchas preguntas inquietantes por las respuestas que deben ser dichas, vale la pena reflexionar para demostrar con argumentos sólidos y convincentes, que se mantienen viva las antípodas: Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

 

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