La fuerza de Trinidad Rolando

Por Valia Valdés

Solo ver una foto de Trinidad Rolando provoca en mí una oleada de cariño. Cuando somos afines a un ser humano, no nos asombran los elogios que recibe, los damos por sentado. El reconocimiento de sus cualidades profesionales solo refuerza nuestra admiración.

Afortunadamente, tenemos cada vez más actrices que destacan sobre nuestros escenarios, pero el sello individual que las diferencia, la personalidad única, irrepetible, el embrujo escénico que provocaba Trini, es difícil de hallar. Tanto es así, que fue inspiración de dramaturgos y poetas. Ahora mismo, el Premio Nacional de Teatro Gerardo Fulleda de León da los toques finales a una obra pensada para ella, en su voz, intensidad emocional y dominio escénico.

Así evoca la primera vez que la vió:

La descubrí en un espectáculo del Teatro Guiñol dirigido por los Camejo, ella entraba iluminada por un seguidor, cantando el tema de una zarzuela, “A la sombra de una sombrilla”. Quedé deslumbrado, era mágica, tan llena de vida que quedé encantado. Más tarde la dirigí por primera vez en el grupo Teatro de Arte Popular.

También recuerda:

 Trini era una campanita, pero no la molestaras porque esa campana podía dar fuertes aldabonazos

Ruandi, Remolino en las aguas, El León y la Joya, son algunas de las puestas importantes en las que sobresalió, realzando los elencos y compañías de los que formó parte, acompañando a Tito Junco, Tony Díaz, Eugenio Hernández Espinosa y el mismo Fulleda, en un teatro defensor de nuestra identidad.

El maestro Eugenio Hernández Espinosa la recuerda particularmente en Emelina Cundiamor, calificando su trabajo como excelente.

Era exigente pero respetuosa

Trinidad pudo girar por algunos países como Suecia y España, incursionó en la dirección en varias ocasiones, recibió premios como actriz, muchos aplausos y el favor de la crítica, pero ser conocida internacionalmente lo consiguió gracias al espectáculo Lady Salsa, actuando y cantando. Como protagonista de ese proyecto recorrió varios escenarios europeos, retornando a la Compañía Rita Montaner, la cual integró hasta sus últimos días.

Todos coinciden en que era una mujer de fuerte temperamento, sincera, protectora de los suyos, comunicativa pero reconcentrada al mismo tiempo. Ya desde la ENA sus profesores y compañeros vieron en ella el talento que la acompañaría toda su vida, era evidente que había nacido para la interpretación. Nos regaló el legado de sus actuaciones y un sucesor talentoso, su nieto Omar.

Que gusto recordar a esa mujer enorme que fue Trinidad Rolando.

Foto de Portada: Cortesía de la autora

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