DamasDanza(s), Marcela Cejas-Calfuqueo, Argentina

DamasDanza(s), Marcela Cejas-Calfuqueo, Argentina

Bailarina, coreógrafa, gestora cultural, editora de la Revista ODÁ. Coordinadora del Observatorio Iberoamericano de Danza y estudios del movimiento: www.observatoriodanza.wixsite.com/marcc

Por Noel Bonilla-Chongo

¿Una bailarina o un bailarín dejan de bailar cuando ya no suben a escena?

¿Un bailarín cuando deja de bailar ha abandonado la danza, se ha dejado vencer, le pesa la edad, las dificultades estructurales o la emergencia sanitaria?

Les bailarines seguimos moviéndonos a través del tiempo, de una manera infinita. La danza no cesa. Al parecer eso no es posible.

Bailar es necesario hoy como en el pasado más lejano, pero esta vez, pandemia, restricciones y distanciamientos sociales mediante, es vital volver al círculo amable de la danza. La literalidad política, la ferocidad del capital, la virtualidad que no resiste adjetivación y el deterioro fenomenal de la naturaleza; o sea, nuestro medio ambiente nos tiene que hacer bailar para que nadie, ni siquiera los bailarines, dejemos de sentir… la vida.

Pareciera que ya no se baila porque sí, pero…

Es necesario bailar porque sí, para recuperar el gozo. Aclarar pensamientos. Recuperar el impulso, aunque sea por un rato. Salir de la madriguera mental adonde entramos con mucha guía interesada en tirar la llave de la memoria.

Hoy como ayer, la danza y el bailar nos recuperan y diluyen nuestras fronteras, que son mentales y solo son una creencia. Hay una diferencia entre pensar y creer, no son lo mismo.

El pensamiento es un flujo libre, es energía moviéndose, es movimiento, con dirección e inteligencia propias. Allí, en el movimiento nacen las emociones de la experiencia. Las creencias compartimentan, así interrumpen el movimiento, que no fluye. Creyendo se deja algo adentro y otra cosa afuera. Para mí la danza es fluir, es pensar con claridad, es inteligencia, es reconocerme en el campo que se despliega entre lo que siento y lo que pienso; y es desde donde surge la danza.

Ese es el poder. Toda la energía que generamos es poder vital, y lo que vale es como la aprovechamos. Ese acceso ese punto de encaje fluye a través del tiempo, por eso los bailarines no dejamos de bailar. Guarda coherencia práctica entre el pensamiento que fluye a largo plazo y lo que danzo. Y es una clara percepción espiritual de la realidad. Desde ese punto de encaje, bailo.

¿Qué y cómo seguiremos bailando de ahora en más para que esa vitalidad, inteligencia y necesidad de vivir integrados a la naturaleza se hagan presentes gozosamente?

Hay una única dirección e infinidad de maneras.

Esa es la dirección que me interesa a partir de este 29 de abril del 2021.

LOS PASOS DE TU DES-MEMORIA

En los días en los que

el venado corría, la garza morada desplegaba

el impasible tiempo del aleteo.

La danza se iniciaba,

y culminaba al llegar hasta los pies

descalzos y abiertos de los inquietos

bailarines de la antigüedad;

justo de la misma manera

en que sientes el suelo

cuando como ahora,

notas el impulso por volver a bailar,

aquella danza ancestral

que hoy desconoces.

De la serie Poética para que la danza vuelva

De Danae Buenaventura Fresco

Foto de Portada tomada del sitio Pasoalpaso.com

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