Cuba: Collage virtual sobre los titiriteros en las redes Por Yudd Favier

Por Yudd Favier

En las primeras semanas de enero ya sabíamos de la existencia de un virus que se había expandido por China y que estaba ocasionando muchas muertes. China, gigante asiático, un lugar lejano a nuestra geografía; parecía que el virus era asunto de otros.

A principios de febrero se reportaban casos de Covid-19 en Italia y, para finales del mes, Lombardía se dibujaba como un territorio peligroso. Todavía nos quedaba en medio el imponente Atlántico; aún nos parecía que el virus era asunto de otros. El 26 de febrero se reportaba el primer contagiado por coronavirus en América. Pero, ay, la tara del isleño, con esa certeza  de que tu única  frontera es el mar y puedes controlar “todo lo que entra”, aún nos hacía sentir que el virus era asunto de los otros, de los continentales. El 11 de marzo se reportaron los primeros casos  en Cuba y, a los pocos días, el primer deceso. Fue entonces cuando el virus se convirtió en un asunto de nosotros, quizás fue cuando lo supimos: era un asunto de todos.

Supongo que nuestras reacciones fueron similares a las del resto del planeta, pasamos por muchos estados y emociones en esos primeros momentos de incertidumbre ante una enfermedad cuya cifra de muertos aumentaba con celeridad, la vía de contagio era ambiental y la vacuna aún no existe. Temor, ansiedad, sobresaturación de información, momentos de pánico, exageradas paranoias higiénicas, optimismo inusitado y depresiones repentinas nos fueron comunes a todos en este período de relativa inactividad y encierro. Por eso creo preciso aclarar cómo fue el control de la pandemia en Cuba, antes de exponer cuáles fueron nuestras respuestas para esta situación atípica y devastadora.

El gobierno cubano en cuanto se presentaron los primeros casos positivos les hizo pruebas a todos los  contactos de estos pacientes, pero lo más efectivo fue que, de inmediato, se crearon centros de aislamiento dónde todos estos posibles casos futuros se internaron y tuvieron un estricto seguimiento médico durante dos semanas o más  (período de incubación del virus).  Esta medida, que generó miles de ingresos en todo el país –con toda la logística que ello implica- eliminó de manera eficiente la posibilidad de mayores réplicas y permitió detectar muchos casos asintomáticos que, de no haber sido supervisados, se habrían convertido en silenciosos propagadores de la enfermedad.

De esta forma, aunque continúan ocurriendo muertes a causa de la Covid-19, lo cierto es que, al pasar el primer impacto, comenzó a gravitar en el pueblo cubano una sensación de seguridad y en, lo particular, de agradecimiento. Hoy, cinco meses después del primer contagiado,  no conozco a nadie que haya tenido la enfermedad en Cuba, ni mis amigos cercanos tampoco y este privilegio, quieras o no, sigue creando esa “falsa” pero placentera sensación de que la Covid ha sido un gran problema… para otros. Y aunque ya existe una obra teatral titulada Cuarentena, de un reconocido autor cubano, ciertamente no creo que el tema haya calado tanto en nuestra “psicología tropical” como para disparar una ola monotemática sobre la enfermedad o el encierro en las escrituras dramáticas contemporáneas.

Existe un  segundo aspecto que creo necesario apuntar para ubicar al lector en nuestro  contexto. En Cuba tuvimos acceso a internet de manera personalizada, desde nuestro propio teléfono, hace poco más de un año, lo que explica que, entre las redes más populares de comunicación, prioricemos el Facebook, al parecer una estancia virtual rebasada para muchos en otras partes del mundo.

No es novedad para nadie que una de las expresiones artísticas más golpeada por el aislamiento fue el teatro… que sí precisa del contacto físico real (entre actores, entre sus gestores y con el público) para constituirse en la expresión viva que es. Inmediatamente se hicieron recurrentes en las redes  los conciertos musicales on line, las orquestas funcionando sincronizadas, con cada músico desde su casa; fueron visibles muestras de obras visuales o de sus procesos de construcción; los bailarines hacían improvisaciones, coreografías fragmentadas y los actores grababan mensajes motivacionales, hacían collages de poemas, posteaban fotos de sus obras de teatro, nos recordaban repertorios…pero no hacían Teatro porque para ello se precisa del vis a vis.

En este aspecto creo que los titiriteros y los que trabajan para niños tuvieron ciertas ventajas… al menos, en nuestras redes, fueron  quiénes más alternativas idearon y con mayor  constancia, convirtiendo los post en frecuentes series, algunas de ellas por su calidad y aceptación masiva terminaron siendo transmitidas en televisión nacional: hubo clases por WhatsApp que luego se divulgaron en internet, pequeños talleres de confección de títeres, se crearon breves cápsulas teatrales de pocos minutos con figuras animadas y retablos y por supuesto, también hubo noticias, reportajes, repasos de repertorios, entrevistas… La actividad de los teatristas en las redes fue un claro exponente de las ansias de no detenerse.

Entre las “series” más notables por su sistematicidad y crecimiento estuvieron la miniserie escrita y dirigida por Rubén Darío Salazar: Un minuto con Pelusín del Monte (Aprende desde casa) y Los minutos de Pelusín del Monte (¡Que no cierre el telón!)[1]. Ambas salían en las redes los sábados y domingos, a las 11: 00 am, durante los meses que duró la cuarentena, las hacían coincidir con los horarios en que la compañía tiene sus funciones –en tiempos de normalidad- en la Sala Pepe Camejo y contenían muy diversas temáticas, pero siempre intentaban rescatar autores, tradiciones o historias de la cultura nacional y que lo mismo podía “(…) enseñar a los infantes a escribir una décima guajira, cómo suena la clave campesina, a hacer un postre, a dibujar, a conocer de los títeres del mundo (hermanos de Pelusín), a saber de poesía y de la historia de nuestro retablo en sus orígenes…”[2]

Desde Las Tunas el director de Teatro Tuyo, Ernesto Parra, junto a su equipo de actores, empezó a producir Payasos a domicilio[3], que comenzaron como clases vía WhatsApp para  los alumnos del primer año de la, recientemente fundada, Escuela Nacional de Clown, y que también se difundieron por las redes y desde Guantánamo el director Yosmel López comenzó a publicar sus compilaciones de títeres para hacer de forma fácil en una serie que tituló Acércate al teatro titiritero[4], mientras la actriz y titiritera Niurbis Santomé, de Teatro La Proa en La Habana, desde su Anímese en casa,[5] comenzó a construir algunas de éstas propuestas  y animar los títeres en cortos videos.  Con esta dinámica crearon   una comunión hermosa entre titiriteros que estaban a más de  mil kilómetros de distancia.

Así escribe Yosmel López sobre esta experiencia:

“Esperanzador y reconfortante para mí como creador fue encontrar también la atención de otra creadora de mi especialidad. Quien se interesó en hacerme compañía en este andar por las redes, ahora de manera sistemática. Niurbis Santomé Cudeiro, TITIRITERA y AMIGA, tan lejos y tan cerca, da vida a las propuestas que cada semana desde mi perfil realizo. Hemos logrado complementarnos, trabajar juntos desde la distancia. No importa hoy en qué agrupaciones trabajamos, ni de que provincias somos, ni las estéticas que defendemos. Solo importa el profundo amor que sentimos por lo que hacemos, nuestro aporte a la humanidad y la necesidad de compartir y unirnos.”[6]

Desde el Facebook de otros capitalinos también pudimos disfrutar de los capítulos de  El Chiqui, de la actriz titiritera Carmen Thompson y  Tito reacciona, escrito por Maikel Chávez y dirigido por Ernesto Tamayo. Mientras teatro La Proa con Arneldy Cejas y Erduyn Maza al frente, inundaban las redes con sus múltiples publicaciones: Los títeres hablan, un dossier de entrevistas hilarantes a los personajes titiriteros de varias obras teatrales de los repertorios de la Isla; El Público de teatro La Proa; Días para agradecer; Personajes de teatro La Proa; Teatro La Proa en Narices Rojas; Teatro La Proa celebra  su cumpleaños 17, todos estos post conformados por fotos temáticas y fichas identificativas. Finalmente publicaron  El concurso de Masabito, unos videos de tres a cuatro minutos de duración, dónde se les hacen preguntas de conocimientos y adivinanzas a los niños, se interpretan canciones en vivo  y también aprovechan para promover la cartelera digital de sus colegas titiriteros.

Asimismo, desde La Habana, Teatro de Títeres La Salamandra ha presentado dos capítulos de Fábulas de Papel. El grupo de titiriteros lleva unos cinco años haciendo montajes para adultos con papier thèâtre y en estos meses comenzaron una serie donde narran fábulas de La Fontaine, ahora optando por el audiovisual para compartirnos su pequeño teatro de figuras bidimensionales y con Diego (su hijo) fungiendo como el narrador de estas historias.

En Mayo Entretelones, la publicación del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, dedicó su número mensual  justamente a las experiencias de los titiriteros en las redes, tanto en Cuba como en otras partes del mundo, hay allí detalles de muchas de estas “series” que aquí he enumerado. Pero finalizando este período de encierro e inactividad quisimos provocar a algunos de esos titiriteros con tres preguntas básicas (y ciertamente especulativas) que nos han permitido personalizar estos procesos de creación de “cámara en mano”. Sobre cuáles fueron sus motivaciones iniciales, sus  consideraciones sobre el futuro del teatro cubano post pandemia y la integración o no de los medios a las rutinas teatrales futuras nos compartieron.

De cómo se disparó la idea de los post en algunos titiriteros…

Yosmel López (Guiñol de Guantánamo): Cuando la cuarentena llegó yo estaba atravesando una situación muy particular tras la muerte de mi padre y necesitaba alguna actividad que me mantuviera en acción, pero no podía ir al teatro y supe que debía hacer algo, sin exponerme, que  me sacara de ese ese estado de desidia en que estaba entrando.

Al principio yo empiezo a colocar en mi Facebook varias fotos con sugerencias de manualidades caseras, o sea, títeres muy fáciles de hacer y mi idea era que pudieran confeccionarlos los propios niños junto a sus padres para proporcionarles a esos niños, que son nuestro público, una opción otra de seguir conectados con nuestro teatro. Cuando llevaba varios post, Niurbis Santomé me llama y me propone confeccionar algunos de esos títeres que yo iba compilando de mis búsquedas en las redes  y enseñar cómo se animaban. Por supuesto me encantó esta comunión, que además fue una fuerza propulsora más para seguirlo haciendo. Yo también hice algunas y, actualmente, niños o padres tocan a mi puerta pidiendo nuevos títeres, o sea, que además he tenido que hacer producciones para entregar a domicilio y eso me ha hecho muy feliz.

Rubén Darío Salazar (Teatro de Las Estaciones):  En cuanto se produjo la declaración de pandemia y se ordenó el cierre de los espacios de representación, junto a otros de festividad, ocio y actividades comerciales, lo primero que sobrevino fue una oscuridad inmensa, abrazadora, tristísima. Observar el patio de butacas vacío y las luces apagadas por necesario decreto y no por receso, es una de las sensaciones más apabullantes que pueda percibir alguien que se dedica al arte dramático, venga del teatro tradicional, experimental, de la danza, el teatro de figuras o el circo. Hablar, bailar o cantar para nadie, no está entre lo que nos enseñan en las escuelas o hemos aprendido por las experiencias de nuestros mayores.

Aceptada la situación, unos asimilaron el cambio radical de las prácticas cotidianas de los artistas y enfilaron sus energías hacia otras acciones lejanas a las tablas, algunos más lo asimilaron pero buscaron como paliar el parón, que incluyó además afectación económica. Entre los segundos me incluyo. ¿No existen las redes sociales, tan parecidas al futuro planteado en las novelas de ciencia ficción, en cuanto a las prácticas de comunicación? Pues pensé, al igual que muchos de mis colegas, que bien podría ese elemento que nos aleja aún juntos, servir de puente esta vez para no perder el contacto con nuestros espectadores y continuar así una actividad cultural herida en la raíz, pero no en las ramas.[7]

La alternativa virtual no me satisface de manera total.

Soy teatrista, necesito oír la respiración del respetable, sentir sus risas, lágrimas, asombros y percibir ese encantamiento de ambas partes, cuya energía circunda en la representación escénica; pero tampoco debemos cruzarnos de brazos y dejar que el tiempo, ese señor que no regresa jamás, se burle de nosotros en esta situación extrema.”[8]

Ernesto Parra (Teatro Tuyo):  Ante estas circunstancias, desde el corazón de Teatro Tuyo, en Las Tunas, hemos reorientado nuestro trabajo, sabiendo que el significado absoluto del teatro, la convivencia con el espectador, fue de las primeras cosas que se suspendieron, y por ende, eso nos dejaba atados, sin vida, sin propósito. (…) Éstas acciones han sido nuestra resistencia y respuesta ante el hecho de quedarnos en casa a esperar, nuestro aislamiento social ha sido y es en acción, desde casa, pero creando y arrebatándole al tedio el protagonismo. Esta etapa ha permitido reordenar ideas, proyectos, soñar otros, reflexionar sobre lo hecho…[9]

Para nosotros, la motivación fundamental de hacer estos ejercicios fue la necesidad de encuentro con nuestro público. Creo que fuimos los más afectados, porque el teatro tiene todas las de perder, precisa del convivio no sólo entre sus actores y ejecutantes sino con el público y eso es irremplazable.

Mario David Cárdenas Cancio y Ederlis Rodríguez (La Salamandra): Cuando comenzó la cuarentena estábamos enfrascados en la idea de hacer un cajón-móvil (un lambe-lambe insertado a mi cuerpo) para contar historias breves e intervenir espacios públicos pero más  alternativos que la sala tradicional: calles, parques, las entradas de los teatros y habíamos estado leyendo muchas fábulas  con los autores más conocidos, los clásicos y algunos contemporáneos para adaptarlos a nuestra manera de hacer.

Al mismo tiempo, sentíamos que después de estar inmersos en el teatro de papel por casi cinco años, nos debíamos una investigación más profunda sobre su historia,  sus variantes y descubrimos  la estrecha relación que tenía este, en sus orígenes, con las casas editoriales y, por supuesto, su relación directa con la promoción literaria. En eso nos sorprendió la cuarentena y el encierro en casa con toda esa información acumulada y decidimos hacer el teatrino de papel, recrear estas pequeñas historias e involucrar a Diego (nuestro hijo de 12 años) para, de  paso, proporcionarle una nueva actividad. Fue así que estas pequeñas fábulas que hemos disfrutado mucho montando,  no sólo son teatro en miniatura y  papel para mantenernos en activo, sino que ha sido teatro en familia para mantenernos unidos y positivos.

El oráculo de… San Simeón

Yosmel  López: Soy una persona a la que le fascinan las redes, para mí las conexiones todas son importantes  y no fue difícil integrarme desde estos medios y mis maneras de hacer teatro en la vida. Las redes sociales fueron la tabla de salvación para muchos creadores porque se constituyó en la única vía efectiva para dialogar  Lo que más me llama la atención de esta nueva experiencia es que también reveló, una vez más, quiénes son los creadores más activos, más trabajadores en su quehacer teatral, las personas que no pueden dejar de ocuparse en lo que saben hacer y que este fenómeno no pudo silenciarlos ni opacarlos.  Lo que cambió fue la plataforma de hacer y se utilizaron las redes, no sólo cómo un medio de promoción, sino como una nueva forma de creación. Lo mejor que ha dejado esta crisis es que mostró está plataforma audiovisual en las redes como un escenario nuevo de propuestas.

Christian Medina (Retablos):  Uno ha tenido que replantearse los modos de hacer y estar presente, porque al final uno trabaja para un público que debe recibir, de la manera que sea, lo que uno está haciendo. (…) No creo que las temáticas sean muy diversas en el futuro y creo que la afectación mayor estará en las nuevas disposiciones espaciales para la audiencia.

Ernesto Parra: No creo que vaya a cambiar el teatro en Cuba, pienso que en verdad se vuelva a la normalidad, quizás con menos espectadores en principio, con asientos o filas vacías por medio. Lo más preocupante es el miedo o la fobia que pueda haber en la población. Sabemos que, sin vacuna, continúa el virus activo en el ambiente. Pero al cubano le es muy difícil distanciarse…no lo hizo ni en medio de la epidemia. Así que supongo que el teatro regresará a su punto de normalidad. Tengo la certeza de que el teatro se ajusta a las circunstancias y es un sobreviviente de todas las crisis. De eso no tengo dudas.

Mario David Cárdenas y Ederlis Rodríguez: Nuestras obras de teatro de papel siempre han sido para un grupo reducido de personas.  Historias bien guardadas admitía un máximo de 17 personas y El Encuentro, que quisimos ampliarlo, también era para una reducida platea que podía tener un máximo de 70 espectadores. No sabemos qué condiciones sanitarias se pondrán en práctica en las diversas fases, pero nuestro repertorio está listo para reponerse con menos público y más funciones si es necesario. No nos importaría hacer funciones dobles y hasta triples en un mismo día para que haya menos aglomeración, esa es una práctica que ejecutamos en muchos festivales y que, ciertamente, nos hace felices. Lo que en verdad nos importa es volver al teatro.

Norge Espinosa Mendoza (Crítico y dramaturgo): No sé cuándo podrán abrirse nuevamente los teatros. Algunos aseguran que no será posible disfrutar una función a la manera en que solíamos hacerlo hasta el 2021. Acaso los primeros en salir a la calle serán los titiriteros. Como en las viejas épocas de trashumancia. En pos de nuevos públicos y de monedas para llenar el sombrero. De cualquier manera, estas voces nos ratifican que ya están ansiosos por volver a encantarnos, por recuperar la risa y el aplauso de los espectadores. Porque el teatro es un acto de comunicación, que no puede sustituir ni siquiera el Zoom, en la pantalla de nuestros ordenadores. Y que nos llevará, poco a poco, y en cuanto se pueda, a reencontrarnos.[10]

Cuando hice estas entrevistas por WhatsApps a los titiriteros apenas se estaba acabando la cuarentena. Pero hoy podemos decir que muchos de estos post han dado paso a proyectos más ambiciosos desde la televisión. En la actualidad se están realizando las filmaciones de programas dirigidos a los niños fruto de estas series de Facebook y Youtube. Teatro de Las Estaciones está filmando los primeros siete capítulos de Los Títeres del Mundo, mientras Un minuto con Pelusín del Monte (Aprende desde casa) y Los minutos de Pelusín del Monte (¡Que no cierre el telón!) están siendo televisados cada miércoles, hasta el mes de septiembre, en uno de los programas de más audiencia nacional. En Las Tunas se filma La Casa de Papote, también como un programa futuro para la pantalla chica y El teatrino de Diego estará en producción televisiva con nuevas fábulas de autores nacionales,  en principio con textos de Eliseo Diego en su centenario.

Estoy segura que cuando comenzó este tiempo de impasse, los titiriteros de esta isla tan sólo tomaron sus títeres y comenzaron a hacer lo que sabían hacer, teléfono en mano… Hoy mismo algunos están editando junto a profesionales de televisión esas ideas que se les ocurrieron en medio del encierro,  mientras siguen esperando la hora de volver a los escenarios y de reencontrarse con el “respetable”.

[1] Facebook de Teatro de Las Estaciones.

[2] Salazar, Rubén Darío. “Títeres cubanos frente al espejo de la virtualidad”. Entretelones, publicación del Consejo Nacional de Artes Escénicas/ 154. Mayo 2020. Año 16(www.cubaescena.cult.cu)

[3] Facebook de Ernesto Parra o Teatro Tuyo.

[4] Facebook de Yosmel López y Teatro de Guiñol de Guantánamo.

[5] Facebook de Niurbis Santomé.

[6] López, Yosmel. “Un trueque en tiempos de pandemia/25 entregas titiriteras desde casa”. Entretelones, publicación del Consejo Nacional de Artes Escénicas/ 154. Mayo 2020. Año 16 (www.cubaescena.cult.cu)

[7] Salazar, Darío Rubén. Viva la vida. Texto inédito cortesía del autor.

[8] Salazar, Darío Rubén. “Títeres cubanos frente al espejo de la virtualidad”. Entretelones, publicación del Consejo Nacional de Artes Escénicas/ 154. Mayo 2020. Año 16 (www.cubaescena.cult.cu)

[9] Parra, Ernesto. “Pese a todo, a la búsqueda de un tesoro”. Entretelones, publicación del Consejo Nacional de Artes Escénicas/ 154. Mayo 2020. Año 16 (www.cubaescena.cult.cu)

[10] Espinosa Mendoza, Norge.  “Para que no falte la luz en los retablos”. Entretelones, publicación del Consejo Nacional de Artes Escénicas/ 154. Mayo 2020. Año 16 (www.cubaescena.cult.cu)

En portada: Teatro Guiñol de Guantánamo. Foto solvisión.cu

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