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Casa de la Memoria Escénica: tres décadas a favor del tiempo del teatro

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Por Omar Valiño

La fortaleza de Matanzas en el teatro, y en las artes escénicas en general, histórica y presente, es usual fuente de noticias. Sin embargo, el territorio genera mucho más de lo que es posible comentar. Ahora mismo se acumulan en el tintero pendientes varios: el cumpleaños 80 del maestro René Fernández, los 40 años de El Mirón Cubano y los 30 de Las Estaciones. Prontísimo llega a la ciudad el Festival y Taller de Títeres (Festitim), entre otros eventos.

Pero, en este instante, se celebran las tres décadas de la Casa de la Memoria Escénica de Matanzas (CME), cumplidas el pasado 29 de abril y, de alguna manera, veo, a través de ella, todo el panorama arriba mencionado y mucho más. Porque la CME, dirigida por el dramaturgo, investigador y narrador Ulises Rodríguez Febles, participa, decisivamente, en todo encuentro, evento o diálogo realizados en la ciudad de José Jacinto Milanés.

Su acción es transversal, como se ha puesto de moda decir, al conjunto del movimiento teatral matancero. Es la parte más pública, y por tanto visible, del trabajo cotidiano de la CME, aunque, puertas adentro, archivo y biblioteca prestan sus habituales e importantes servicios y sostienen, cual horcones, la estructura de la casa. Se completa así el feliz puente entre las ambiciones de la institución: proteger y conservar el patrimonio escénico, pero, al mismo tiempo, difundir los valores de esa memoria, y conectarla siempre a la actualidad.

Nunca lo hacen por repetición mecánica o senderos trillados. Prevalece una perspectiva de investigación y abundan la hondura y los detalles al participar en cualquier programa, del universo teatral o no, la mayoría de las veces en comunión con otras instituciones y personas.

Cumplidas estas tres décadas, se encaminan a una celebración mayor: el coloquio Cien Estorinos, recordación del centenario del gran autor cubano Abelardo Estorino y, junto a este, también de los cien años del notable Rolando Ferrer. Homenaje y análisis de las obras de los autores de Morir del cuento y Lila, la mariposa, respectivamente. En 2005, al festejar en vida los 80 del mismo dramaturgo y director, la CME abrió puertas y ventanas hacia una nueva etapa, y fijó un quehacer.

Cuando el próximo 29 de enero de 2025 nos demos cita en el pueblo de nacimiento de Pepe Estorino, donde descansan sus restos, esperamos encontrar restaurada su casa natal, después de las afectaciones sufridas por una construcción aledaña. En honor al meticuloso cuidado de la frágil memoria del teatro, esa que promueve con suma delicadeza la Casa de la Memoria Escénica.

Ella, cruce de caminos de alcance nacional e internacional, nodo del entramado escénico de Matanzas, vórtice de un sistema de relaciones dentro y fuera de Cuba, sabe lo que pesa catalizar valores durante 30 años: tres décadas a favor del tiempo del teatro.

Fuente: Periódico Granma

Foto: Yander Zamora