Alemania y Cuba, otro abrazo escénico (II)

Alemania y Cuba, otro abrazo escénico (II)

Por Frank Padrón

En una segunda jornada de lecturas dramatizadas en la Fundación Ludwing, el pasado mes de julio, que afortunadamente no pudieron interrumpir ni las lluvias tenaces, disfrutamos de dos obras más.

Al borde, de Philipp Löhle es una pieza que, según supimos gracias al traductor Francisco Díaz Solar, allí presente, y al propio Raúl Martín quien asumió la puesta junto a actores de Teatro de la Luna, significa un relato metateatral, un deliberado work in progress que va remitiendo al mismo proceso escritural, dialogando con este y desde un sentido de la polisemia que propone varias posibilidades respecto al discurso y las soluciones narrativas.

Martín logró realizar una provechosa síntesis la cual, sin perder las sutilezas textuales, permitió apreciar la corrosiva dinamita conceptual (pedofilia, “seguridad” tecnológica de la vida contemporánea que no evita crímenes y atrocidades, fisuras generacionales, etc). También aquí el desempeño de los actores (Amaury Llinás, Jorge Caballero, Freddy Maragotto, Amalia Gaute) resultó decisivo, sobre todo por los desdoblamientos de personajes que la propia letra sugiere.

Por último, Carlos Díaz con el dúctil Yanier Palmero a la cabeza de un trío (formado además por Deysi Forcade e Irán Moya) de su amplia nómina en teatro El Público, asumió la pieza Wonderland Ave, de Sibylle Berg, con traducción de Olga Sánchez —quien también entre los espectadores, elogió la puesta—, una sátira a la (in)comunicación, la mecanización en las relaciones y el peligro de un futuro, a la vuelta de la esquina, donde la inteligencia artificial sustituye la humana.

Como siempre, el director contextualiza, diversifica los contenidos y, fiel a su estética, hace del vestuario, el maquillaje y los elementos escénicos –aquí mínimos, por razones obvias-verdaderos protagonistas de su discurso, que incluye la música, la coreografía y una dinámica integradora que convierte cada propuesta en verdaderos shows deudores del cabaret.

En el intercambio posterior, Díaz manifestó su deseo de montar la obra completa, y alternarla con Las amargas lágrimas de Petra von Kant, una vez se inicie la reapertura.

Alemania y Cuba volvieron a abrazarse teatro mediante, lo cual también fungió como anuncio de algo que todos los amantes de la escena anhelamos: el retorno.

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