El domingo 29 de marzo, a las 6:00 pm, será la última función de la obra Diente de león, estreno de Persona Colectivo que ha estado de temporada en las instalaciones de Cemí en La Escondida, espacio para el arte contemporáneo ubicado en la calle Escobar 264, entre Neptuno y Concordia, Centro Habana. Aquí dejamos algunas impresiones…
Por Víctor Ricardo Cabrera Soriano
Una nueva creación de Persona Colectivo nos convida a hablar de imaginarios y deseos cómplices, de amoríos efímeros. La agrupación ha presentado, durante todos los domingos de marzo, el dúo Diente de león, como parte de la programación de Cemí en La Escondida, un espacio flexible para el arte contemporáneo, ubicado en Centro Habana.
La obra centra la atención en la soledad de un hombre que delira con la compañía de una mujer. Es una analogía que devela una realidad paralela que, a su vez, descubre el deseo carnal del imaginario del ser humano: los sueños que nos acompañan cuando se cierran las puertas del día o la almohada nos acoge.

Los créditos coreográficos de Diente de león se apuntan a la triada que se ha formado entre los intérpretes Sofía Bolaños, Mario Almeida y Daniela Ponjuán, quien ha firmado en Diente de león como nueva directora de Persona Colectivo, agrupación fundada en 2012 por la reconocida creadora cubana Sandra Ramy.
Sobre su trabajo al frente de la puesta en escena de Diente de león, Daniela Ponjuán dijo:
Hay todo un juego con lo vintage, la nostalgia, viajar a través de la música a un recuerdo o a un deseo y en ese mismo juego, el deseo de regresar el tiempo atrás. La pauta física es develada y luego ejecutada en reversa. Esto puede ser un guiño para el público que logre percibirlo.
Experiencias mínimas … sin prejuicios
Daniela Ponjuán y Persona Colectivo han acudido a la conjugación mínima de los lenguajes: movimientos corporales, sonoros y visuales, con un relevante protagonismo de la luz, para cerrar la trama. Son estas manifestaciones las representantes de una “trasparencia” que muestra la composición.
En la fórmula creativa de Diente de león no hay riesgos en el uso del espacio-tiempo. Preponderante es el contraste en la intercalación de cuerpos de personas/personajes tangibles, seres humanos que “están allí” y proponen “algo” a los espectadores que intentan darle sentido a lo que ven.
Diente de león es una performance cuya utilización de un sitio no convencional para la representación escénica es su principal fortaleza y la clave para su debida descodificación en paralelo y/o post acto.
En Cemí, los espectadores lo ven todo en perspectiva ascendente sentados en cojines y pueden enfocar lo íntimo de los detalles/símbolos que componen el entramado. La representación se produjo entre paredes blancas. Se usan constantes entradas y salidas de los bailarines en una sala hogareña donde un tocadiscos reproduce el sonido.
Daniela Pojuan agregó…
Creo que su encanto radica en que la música elegida está en soporte de vinilo, por tanto, la pieza fue construida en torno a la misma manipulación del tocadiscos: mover la aguja, reproducir la música, pausarla, voltear la cara del vinilo, intervenir cuando se ralla el disco. Todo forma parte de la pauta física y de la energía de la pieza.
De gran apoyo son las luces tenues (que no son como las del equipamiento técnico teatral) ubicadas a un solo costado de la sala, que iluminan a tono bajo como una lámpara de noche, e intervienen los cuerpos de los intérpretes de Diente de león.
Mario Almeida, bailarín invitado de la Compañía Rosario Cárdenas, dice que el público debe “vivir la experiencia sin prejuicios. Atentos a todo cuanto ocurre en la escena y en particular a cada intercambio de miradas entre los intérpretes”. Justo ahí hay otra fortaleza de la propuesta: la “atmósfera única” creada en un espacio muy pequeño para la ejecución (tres metros de largo y dos de ancho aproximadamente).
Por lo menos así se vivió la experiencia en La Escondida. Y tal vivencia me hace cuestionar si ese ambiente acogedor se pueda generar, con tanta facilidad, entre las exigencias que impone el escenario de un teatro o en algún otro espacio más “producido” que haría perder el foco en las acciones íntimas que en Diente de león se originan.

Idear persona o configurar un colectivo
Es preciso mirar el trabajo coreográfico de Diente de león, que no excede los 15 minutos, sin especulaciones escénicas que la hagan parecer compleja. Todo en ella es detallado y está claro. La lucidez y pocas complejidades son clave en Diente de león, pieza que fácilmente podemos ubicar en el universo de “lo abstracto”.
Aunque sin linealidades narrativas, se ha usado en la construcción del performance una estructura aristotélica como recurso que hace amena la propuesta. La pieza se vuelve atrayente por la complicidad interpretativa de la dupla.
Así mismo, hay que resaltar la técnica de los intérpretes para afrontar las dinámicas del suelo y la lucidez en el trabajo corporal. Sin embargo, pondré en juicio el desbordado lenguaje técnico danzario que Diente de león nos regala.
Las complejas secuencias de movimientos que brotan de dos cuerpos jóvenes, rebeldes y habilitados por el entrenamiento constante en/para danza, no son competencia para los momentos de quietud en los que esos mismos cuerpos se vuelven más precisos.

Tales recursos corpóreo-danzados son contradicciones dentro del mismo engranaje de la pieza que según Sofía Bolaños “se centra más en lo interpretativo y en la escucha corpórea de tu compañero, que en la simple acción de ejecutar y repetir un material elaborado previamente. A veces, nos tomamos a la ligera el trabajo actoral que debe desarrollar un bailarín”.
Situar el mensaje, tanto oral como el físico-expresivo, por encima del movimiento vacío, es una de las características más relevantes de Persona Colectivo y que Daniela Ponjuán conoce bien, por eso ha tramitado dotar su propuesta con énfasis en lo paralingüístico pero semánticamente respaldado. Discurso que ha distinguido a la agrupación como pilar exponente de la danza teatro en Cuba.
La nueva generación de bailarines del grupo se aprecia más pendiente de la síntesis difusa entre gesto y movimiento. Entre tanto se asienten las reconfiguraciones poéticas y creativas de Persona Colectivo, es inevitable cuestionarse si habrá cambios estéticos notables en sus formas únicas de abordar la escena danzaria.
Sin aseverar comparaciones, tal vez lo más probable es que existan evidentes mutaciones dentro de sus itinerarios, pero la historia será una fuente potable para el abasto del grupo. Ponjuán ha vivido cada una de sus etapas desde su creación en 2012. La nueva era de Persona Colectivo, sin dudas traerá una reactivación de sus derroteros más relevantes.
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