Gina Cabrera: Sustantivo de encantamiento entre nosotros

Por Roberto Pérez León

“¡Estás, que ni Gina Cabrera te hace nada!”

El Pueblo

Ella cumple ­93 años. Luisa Georgina Cabrera Parada, tal es su nombre completo. Tiene la estimación y respeto del pueblo, su pueblo. Merece todos los méritos y reconocimientos. Es Artista de Mérito y Premio Nacional de Televisión por la obra de toda la vida.

Desde los años cuarenta, durante la efervescencia del sistema radiofónico cubano y luego en los cincuenta cuando llega la televisión a consolidar la sociedad mediática, el sector elitario y el más popular validaban la extraordinaria labor como actriz de Gina Cabrera.

Ciertamente los medios posicionan para posicionarse ellos; invierten en la popularidad de un artista para aprovecharse de ella; reclutan al artista y con esmero le fabrican cúspides donde tanto las élites sociales como el pueblo ponen atención, atención que es sostenida y ordenada según los intereses comerciales de los medios.

Gina Cabrera siempre fue una carta de triunfo. Los empresarios se la disputaban para sus circuitos de radio y televisión; ella supo cubrir con excelencia todo el espectro de los medios cubanos.

Mujer bella, disciplinada, decida, de profesionalidad inaplazable, mujer modesta, natural, actriz sobresaliente en tanto su prestancia y  perfección sobrepasaba en mucho lo normal. Donde estuviera Gina seguro que habría éxito, la popularidad suya tenía sólidas cimientes en las exigencias artísticas que ella se imponía y que la distinguieron.

Gina Cabrera es una actriz monumental; reconocida por el pueblo como la gran trágica de la televisión cubana, tuvo roles estremecedores; la gente, incluso las generaciones que no la vieron actuar saben que cuando se le dice a alguien “estás que ni Gina Cabrera te hace nada” es porque mostró un tremendo “tragiquismo” y montó un efectista numerito de teatralidad despampanante.

Mucho antes de que La Lupe estrenara su rotundo éxito de Tito Curet, “Puro Teatro”, y que pasara al acervo popular ese título como calificativo de lo más teatral, dramático e intenso, teníamos ya, y aún continúa en plena acción, el “Estás que ni Gina Cabrera te hace nada”.

A esa potencia de la sencillez, a la chispa del pueblo, Brecht le llamaba “pensamiento crudo” (das plumpe Denken) en tanto contenía práctica y realidad; al pensamiento crudo desde su accionar filológico, Walter Benjamín lo relacionaba con el lenguaje coloquial, con los proverbios, los modismos que mucho vitalizan la realidad; la eficacia del decir popular, al comprometerse con la realidad más real, al expresarla llanamente, adquiere temple desde la singularidad del lenguaje cotidiano que transparenta la gracia y la distinción estilística y no cabe duda que entre nosotros es un lujo el decir callejero, por ese lado nuestro pensamiento es al duro y sin guantes: “Estás que ni Gina Cabrera te hace nada”.

Antes de la llegada de la televisión ya a Gina las poderosas plantas de la radio la declaraban como una legítima actriz. En 1948 la Agrupación de la Crónica Radial Impresa la selecciona como la Dama Joven más destacada del año en el arrollador Circuito CMQ.

El acreditado director de radio y televisión, Antonio Vázquez Gallo, nos documenta: “En Unión Radio conocí a una joven que me deslumbró por su talento nada común. Gina Cabrera añadía a su belleza una memoria fotográfica, gran disciplina, modestia y perseverancia, que la hizo triunfar rápidamente”. Y además agrega: “Los dos fuimos fundadores de la televisión. Me volví a encontrar con ella cuando pasé del Canal 4 para el Canal 6, a dirigir el Gran Teatro del Sábado que la tenía como figura central. Ya era una primera actriz protagónica de la televisión”.

El 11 de agosto de 1950, la CMQ S. A., en su flamante edificio Radiocentro, donde hoy está al Cine Yara y la sede del ICRT, realizó una demostración de poder hegemónico dentro del sistema mediático de entonces y saca al aire las primeras tomas de cámara del Canal 6, entre el grupo de trabajadores e invitados estaba Gina Cabrera.

Iba la actriz, hasta ahora de radio, cine y teatro, a convertirse en una celebridad televisiva por su talento, su belleza serena y desaforada cuando era preciso, por su voz cálida, susurrante, convidante y siempre convincente.

Conjuntamente con la radio, desde 1947, se produce su debut en la pantalla grande con el filme cubano Sed de amor, estrenado en febrero en el cine-teatro Campoamor. No fueron pocas las películas donde estuvo. Por la celebración del centenario martiano participó en La rosa blanca (1954), una producción cubano-mexicana dirigida por Emilio El Indio Fernández; también este año en Cita en La Habana, con Fernando Fernández, interpretó la canción Casino de la alegría, que luego sería el tema de la famosa revista musical televisiva del mismo nombre.

Para que tengamos una idea de su actividad profesional tomemos como muestra el año 1951, cuando el 29 de enero debuta en el Canal 6 en el programa Por teléfono, en febrero hace El retrato de Leda, en abril No puede publicarse, en mayo tenemos El collar de la felicidad y El escarabajo; mientras que en junio forma parte del elenco de Los cuatro deseos, en octubre aparece en Rendevoux y, finalmente, en diciembre participa en El milagro de Santa Casilda.

El Estudio 152 se inaugura el 20 de febrero, era martes y el acto de apertura fue a las nueve de la noche. Gina Cabrera actuó en El espejo, libreto radial de Juan Herbello; en abril hace Alma en pena, en mayo La duda, en junio La prima donna, y en noviembre Obsesión.

Pero hay más porque este mismo año, en junio además participa en el espacio Gran Hotel y en julio entra Philcodramas, que era los miércoles donde actúa en La egoísta, dirigida por Juan José Martínez Casado.

Llegado el año 1954 no hubo un espacio de la crítica ni de la farándula televisiva que no tuviera en cuenta y aludiera constantemente al talento de Gina Cabrera.

Desde el Diario de la Marina se llegó a exigir la creación de “un programa de comedia, una semana con Benavente y otra con Broadway y se le llamó a Gina “La Rosalinda Rusell”, quien era una actriz de mucho éxito en Norteamérica. Toda la prensa escrita reclamaba la excelencia de los libretos para disfrutar mejor del talento de Gina Cabrera.

La revista Codazos la designa, junto a Raquel Revuelta, como las primeras actrices de la televisión en 1953, representando a los canales 6 y 4;  y, la Asociación de Cronistas de Radio y Televisión la selecciona como la primera actriz de televisión en 1956.

En 1957, en septiembre comenzó Miércoles de amor Palmolive. Gina, junto a Alberto González Rubio, su pareja televisiva por años, participó en el elenco de las muchas en pantalla de aquellos miércoles. Al cambiar de formato el espacio y dejar de ser un unitario, pasa a  llamarse Martes, Miércoles y Domingo de amor Palmolive, donde se producen relatos de continuidad durante los tres días de la semana. Así llegó a convertirse en líder de la audiencia e hizo que Gina Cabrera llegara a ser la actriz más popular y valorada del medio.

Desde las emisiones de Miércoles amor Palmolive, con una teleaudiencia gigantesca, Gina convocó a una campaña que movilizó  y conmovió a todo el país al conducir el espacio: Hallar madrinas y padrinos para la Casa de Beneficencia, y ella fue la primera en la lista. Esto aumentó su ascenso en popularidad por el valor simbólico que significaba su presencia armónica y legítima en los estratos más humildes de la población.

No hay dudas de que el escenario más significativo en la carrera de Gina Cabrera fue la pantalla de televisión. Pero el teatro también la reclamaba. Estuvo en escena con agrupaciones teatrales como Teatro ADAD, Patronato del Teatro, Teatralia, The little theatre of Havana.

En los años cincuenta, los artistas alternaban entre Radio, el Cine y la Televisión, eran los años en que sólidas empresa mediáticas posicionan a Cuba entre los países de mayor actividad en investigación aplacadas a la comunicación; el mercado publicitario tuvo una pujanza exorbitante, el desarrollo del audiovisual televisivo, en función fundamentalmente de campañas comerciales, aplastaba al mismo cine que no podía competir con la publicidad que se adaptaba a los formatos televisivos y que llegó a instaurar un modelo de mercado televisivo publicitario en el ámbito de nuestro idioma. En esta atmósfera de competitividad absoluta a Gina Cabrera se le llamaba la primera actriz del video.

Al triunfo de la revolución Gina participa con pasión, sensibilidad y tesón en la conformación de la televisión pública cubana. En el año 1961 capitaneó la campaña de alfabetización desde el sector artístico, tenemos el testimonio de la insigne Fela Jar:

“Quien dirigía la alfabetización en CMQ era Gina Cabrera. Como estábamos las dos trabajando en Martes, miércoles y domingo de amor Palmolive, fuimos a conseguir que se alfabetizaran los del barrio de un ‘Llega y pon”, que estaba detrás de lo que era antes el hospital Hijas de Galicia, en Luyanó. Imagínate cuando Gina llegó con su maquinón blanco ella me dijo, ‘tú vas a ver, la gente es muy cariñosa con uno, yo ahora reúno a los muchachos y les digo cuídenme el carro’. Efectivamente se lo cuidaron. Visitamos casucha por casucha y logramos que se alfabetizaran, pero lo hicieron porque Gina se los pidió. Quien organizó los grupos que diariamente salían en una guagua para los distintos lugares fue Gina Cabrera”.

Fue, en primerísimo orden, la gran protagonista de aventuras, novelas, seriales, comedias, programas infantiles, espacios dramatizados, teatros televisados, fundó Teatro ICR un espacio creado por Marcos Behemaras donde ella dio clases magistrales de actuación. ¿Se conserva en algún formato algo de aquellos tiempos? ¿Por qué no convocamos a una cruzada para encontrarnos con el pasado televisivo, cuando las artes escénicas visitaban el audiovisual y la televisión nos lo ponía en casa?

Hermosa, con una distinción desusada en los 80, la  veía en la calle 23 por los alrededores del ICRT, siempre llevaba una elegantísima pamela ancha y flexible al viento que subía desde La Rampa, una sombrilla que quiero recordar de encajes pero seguramente era una sombrilla normal, guantes puestos y en el rostro una amable sonrisa. Andaba mirando para un paisaje distinto. Cada vez que me la encontraba me detenía. La seguía con la vista. Era una aparición. Entonces desde mi niñez llegaba su voz en el programa Tía Tata Cuenta Cuentos y su fina estampa en el programa Aventuras de la televisión. “¡Es Gina!” comentaba la gente de manera reverencial al verla pasar. Era cual imaginada naturaleza encarnada en una melancólica señora del tiempo.

Referencias: www.tvcubana.icrt.cu

 

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