EL CD PA´ CORTARTE LAS VENAS

Por Carlos Gámez / Foto Buby
Las arterias, las venas y los acueductos tienen algo en común. Las obras de teatro, los cuadros de arte y las telenovelas, también. La conducción de una sustancia, y la evocación de un estado mental/emocional, deberían ser mejor valorados por la historia de la humanidad, para cuando alguien decida atentar contra ellas, como lo hizo Maricela, el desmayo no llegue por sorpresa.
Desde hace un tiempo la radionovela es un fenómeno subvalorado por el meanstream de las artes escénicas, aunque no lo parezca a simple vista por los homenajes que se les rinden a sus actores. Sin embargo, lo cierto es que fuera de las amas de casa, pocos accedemos a la magia del melodrama radial.
La segunda obra de la joven directora Marian Montero llega por este acueducto, el de la radio como leit motiv para una puesta en escena. El espejo, es una propuesta basada en el texto de Abelardo Estorino El peine y el espejo, presentado por Ludi Teatro. Es una obra que utiliza su pasión por el drama para colocar al musical en el escalón que se merece.
El espectáculo es la historia de amor entre Rosa y Cristóbal, en la Cuba republicana donde las apariencias y la religión iban de la mano. Con tal cuadro se presenta la puesta, que regresa a las creencias antiguas de los amores v/s familia, encontrados en la sobreprotección de hermanos, hijos únicos y primogénitos. Un caleidoscopio de posturas añejas en la familia, como principal escenario.
Marian decide respetar el texto original para sobre él levantar su versión. Entonces la puesta no será una personal manera de utilizar la evocación de Estorino, sino el abanico de intermezzos en medio de un melodrama. Y esta es la primera característica que convierte a la puesta en el producto deseado por su público: la capacidad de fragmentar las escenas dramáticas tal y como ocurre en la televisión más comercial.

El Espejo 2La directora ha escogido el musical como género para potenciar su propuesta escénica. De ahí que la escenografía sea una sucesión de escalones donde los actores representan las acciones a través de sus voces. Pues la arquitectura corporal ha sido pensada como lectura dramática o transmisión del espacio Tu novela de amor.
Para muchos espectadores, la experiencia de ver la obra fue más allá del común “descubrir una historia con el sello de un grupo/director/dramaturgo, fue para bien: el descubrimiento de un texto eternizado gracias a la pericia de su contextualización, a través de la música y sus códigos (a)temporales.
Porque la elección de algunos temas de la banda sonora puede trasladarte hacia momentos específicos de la historia nacional, la obra es trascendente. La sonoridad es agradecida en pos de un didactismo que no pretende complicar las alusiones metatextuales con máscaras demasiado rebuscadas. Así, el racismo, la alfabetización, el kitsch, la lista de ritmos nacionales interpretados y la manipulación intertextual, gozan del consumo de todos sin privilegiar a los más devotos semiólogos, ampliando su radio de acción a toda la sociedad.
Los públicos que disfrutan de la puesta encuentran su registro en las cartas enviadas a la sección Entrenovelas, la coreografía de Bésame mucho o la interpretación de Negro bembón, con solos de jazz. Ciertamente la puesta goza de una frescura que promete la directora al escoger a sus actores jóvenes para representar a la totalidad de personajes. Elección que se ancla en la tradición griega y la operística, manera de llegar a algunos registros vocales manejando un amasijo de información para ubicar sus credenciales desde otras justificantes alejadas de las habituales.
Sin embargo, la puesta posee talones que son producto de las mismas decisiones que la convierten en un éxito.
1. Dramatúrgicamente el final de la obra llega de forma abrupta, pues se ha trabajado constantemente con la distención de los hechos, y cuando se acerca el final, pareciese que debe cerrar la puesta sin amortiguadores de la última acción.
El Espejo 52. Las coreografías son para el musical un elemento sine qua non, y el hecho de utilizarlas en la partitura de la puesta con el protagonismo que declaran, los obliga a tomarlas como algo a perfeccionar al máximo, aun cuando se espere detonarla desde su propia alusión a programas televisivos que trabajan con el Kitsch.
El espejo trae a la escena cubana de teatro un empaque olvidado, una tendencia musical que otros directores habían intentado visitar. Sin embargo, no se había logrado aunar en la propuesta escénica las básicas condiciones para construir estas obras: un texto, una dirección musical, un entrenamiento coreográfico y unos intérpretes.
El CD con el que Maricela atentó contra su vida es objeto museable. Porque cuando Carmela descubrió las yerbas que Hilaria había aconsejado a Rosa utilizar en sus planes amorosos, eclipsó las posibles soluciones violentas para cerrar pasiones tormentosas con su reacción. Desde entonces la conducción ocupa el lugar que se merece, gracias a Nenita Entrenovelas.

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