De lo que vi que La Habana vio

Dentro de las casi cuarenta propuestas escénicas a las que asistí durante el primer semestre del año en La Habana comentaré aquellas que más valoré críticamente y que en su momento hice pública mi opinión.

Por Roberto Pérez León

Dentro de las casi cuarenta propuestas escénicas a las que asistí durante el primer semestre del año en La Habana comentaré aquellas que más valoré críticamente y que en su momento hice pública mi opinión. Así es que este comentario será una especie de resumen de lo que en La Habana se presentó.

En 2022, luego de dos años de ausencia obligada regresó Mayo Teatral, la Temporada de Teatro Latinoamericano y Caribeño que convoca la Casa de las Américas. Dentro de la programación considero que sobresalieron por sus fuertes talantes teatrales, dos unipersonales: Solo cosas geniales y FK: fantasía sobre Frida Kalo. En cada uno de ellos se logró un discurso escénico dador de fértiles imágenes más allá de la palabra.

Solo cosas geniales es la sostenible historia de una mujer hecha y derecha que nos cuenta cómo desde los siete años empezó a hacer una lista de las cosas maravillosas de la vida. La actriz peruana Norma Martínez incorpora al público, incluso antes del comienzo de la función y tenemos en Solo cosas geniales una satisfactoria experiencia en el convivo teatral: la comunidad que se puede establecer en una sala de teatro cuando la comunicación entre lo que sucede en el escenario y el público es orgánicamente efectiva, cuando existe una lógica propia del hecho teatral y este se convierte en un suceso donde todos participamos.

Solo cosas geniales es una pieza escrita por el dramaturgo británico Duncan Macmillan, comedia sencilla, con humor y una poderosa sensibilidad ante situaciones tan desesperantes como la depresión.

El otro monólogo llegó desde el pinareño colectivo Teatro de La Utopía. En FK: fantasía sobre Frida Kalo, la actriz Juliet Montes asume el texto de Reinaldo León quien a su vez dirige el colectivo vueltabajero.

Se trata de una puesta en escena sobre la pintora mexicana que signó desde nuestro continente el arte del siglo XX. Leyendas, realidades, fundaciones míticas, desastres, enigmas y sobre todo desafíos físicos, éticos, políticos, humanos confluyen en la vida y obra de Frida Kalo, la artista que en los albores del siglo XX se erigió como un baluarte de la emancipación de la mujer. FK: fantasía sobre Frida Kalo es agudo texto, una penetrante visión dramatúrgicamente anclada en un pasado definitorio del presente no solo mexicano sino también nuestro.

Fuera de la programación del Mayo Teatral puedo destacar en danza, por su proyección teatral, a la Compañía Flamenca Ecos con Bernarda ¡No!, su estreno más reciente, montaje audaz y bello de La casa de Bernarda Alba con entrañas del flamenco trasfundido por el Caribe. En esta obra la Compañía Flamenca Ecos convida a reflexionar con certeza estética la problemática de la mujer. Las convenciones sociales, los falsos establecimiento en la construcción del género nos han separado a hombres y mujeres; y, en la ecuación social, la mujer es un factor de seducción y dominación, de sometimiento.

También se estrenó en el período El diario de Ana Frank. Apnea del Tiempo, un material con crédito de la dramaturga Agnieska Hernández, a partir de la adaptación teatral de los estadounidenses Frances Goodrich y Albert Hackett, con puesta en escena y dirección de Miguel Abreu, por colectivo Ludi Teatro. Es un montaje donde sobre las luces, las actuaciones, incluso el vestuario que es de una certeza estética definitiva, tenemos la música que se produce en vivo y que forma parte esencial del desarrollo dramático.

La puesta en escena de Ludi Teatro organiza los distintos materiales escénicos de tal manera que la temática escénica tiene como punto de partida el cuerpo, la relación entre los cuerpos en tanto se van desarrollando distintos niveles de complejidad emocional, corporal, síquicos y técnicos con toda la gama de significados entre sonidos e imágenes que hacen de la puesta un poderoso signo.

Otro estreno fue El despertar de la primavera de Teatro Aire Frío, muestra de la concisión en el trabajo teatral sin pérdida del encanto y la magia de un teatro que se hace musical. Esta obra debió haber estado más tiempo en escena y debió también haber tenido una mayor promoción.

Despertar de primavera es una pieza escrita en 1891, cuando se estrenó en 2006 en Broadway ganó varios premios Tony entre ellos el de Mejor musical, Mejor guión y Mejor banda sonora. El despertar de la primavera es una obra que a cualquiera puede amilanar por el nivel de exigencias espaciales en su producción dada la cantidad de ejecutantes que demanda. Sin embargo, en esta puesta todo es tan sencillo que se disfruta el rendimiento, la eficacia, la eficiencia del poder de lo teatral que se desarrolla.

Dentro de las reposiciones sobresalió Balada del Pobre BB por Impulso Teatro, colectivo de sólida naturaleza teatral dada por Alexis Díaz de Villegas, y aunque este insigne hombre de teatro físicamente no estará más entre nosotros sus destrezas dramáticas perdurarán. Balada del Pobre BB es una parábola que no coquetea con el entretenimiento ligero ni la estampa emocional.

Impulso Teatro se traduce en estrategias estéticas y narrativas de un teatro épico discernido desde la problemática política y social de una sociedad que no es aquella ni la otra sino concretamente la nuestra, donde estamos todos como individuos y actores sociales a su vez. Alexis Díaz de Villegas asume textos, canciones, baladas, ritmos, melodías donde la vida y obra de Bertold Brecht es el dispositivo que acciona todo el tejido conceptual de la puesta en escena

Otra reposición a destacar es El Encuentro, unipersonal del colectivo La Salamandra, curiosa puesta en escena que pertenece al teatro de papel. El Encuentro es una propuesta escénica inusual para un unipersonal. La puesta en escena de Ederlys Rodríguez y Mario D. Cárdenas tiene el ingenio de los diseños de Eduardo Arrocha, quien junto a Ederlys y Cárdenas se han ocupado de la esmerada realización de los elementos escenográficos.

La escenografía, hecha absolutamente artesanal, es una nómina de objetos de papel y cartón que la actriz manipula con veneración digna de un ritual de iniciación. En esos objetos se centra la dramaturgia de la pieza. Figuras, estampas, efigies, retratos, imágenes, representaciones cargadas de particular fantasía que energiza la puesta como en aquellas funciones caseras que se hacían cuando se jugaba a los teatricos.

El Encuentro puede ser para los jóvenes el sobresalto de una presencia insospechada; para los más viejos un reencuentro con la infancia de vidrieras los domingos por la tarde y la recuperación de la niñez gracias a la magia del teatro. La puesta es un modelo trascendente del teatro de papel que atesora lo más original del género, sin descuidar lo experimental. Entre nosotros es un lenguaje teatral muy poco explotado y explorado; en realidad no conozco fuera de los trabajos del colectivo La Salamandra otras muestras.

No puedo pasar por alto el estreno de Amor Brujo; nombro esta puesta solo por la coproducción que significó entre teatro El Público y el Ensemble Habana 21; por primera escuchamos la interpretación en vivo de la instrumentación original de Manuel de Falla. Solo se puso tres días nada más, fue para que la vieran los escogidos. No sé por qué se hace teatro para elegidos.

Esas fueron las puestas que considero notables entre las que vi en La Habana, en el primer semestre del año.

Aunque a propósito de esto sí hago algunas preguntas, no al aire, sino al Consejo Nacional de las Artes Escénicas y al Centro de Teatro de La Habana, instancias que sostienen económicamente la actividad teatral. No hay que pasar por alto que en nuestro país la actividad cultural está subvencionada por el Estado, en el ámbito de la cultura el “que cada cual se las arregle como pueda” no es la norma.

Creo que vi algunas puestas en escena con carencias de exploración y producción estéticas, dramatúrgicas y como eventos escénicos quedaron en híbridos trastazos formales.

Son validas la hibridez y el pastiche pues son signos poderosos, solo que a veces se subsumen al esquema de una intrincada intersubjetividad para tratar de alcanzar “la visibilidad de lo invisible” (Brook).

No se trata de negar la propia y singular lógica que hoy nutre al hecho escénico y a la narrativa intertextual que sostienen esa lógica intempestiva y transgresiva.

Mis preguntas son: ¿Un director de teatro se hace o nace y si se hace quién lo hace y si nace quién se da cuenta que es? ¿Hasta dónde es admisible el multioficio en la concepción de una puesta en escena: yo diseño, actúo, dirijo, escribo, yo-yo-mi-mi, puntos suspensivos, etc.? ¿Qué justifica la necesidad de un asesor asalariado en un colectivo de artes escénicas? ¿Existe el cargo de dramaturgista en nuestros calificadores? ¿Cómo conocer el costo de la actividad teatral y, en correspondencia, cómo se valora el rendimiento de la inversión realizada en cada puesta en escena?

Por otro lado, creo que padecemos de alarmantes carencias tecnológicas que no tienen justificación incluso en medio del intrincado paisaje de los trastornos económicos del país.

Dentro de esas carencias está la atención al desarrollo de un Programa de Estudios de Públicos que nos permita tomar decisiones científicas para la gestión escénica. Podrá parecer una simpleza que llame la atención sobre la necesidad de exigir que en cada puesta en escena exista un programa de mano hermoso e intelectualmente válido, que aporte conocimiento al espectador, que contribuya a la educación estética y artística.

La falta de un programa de mano es una irresponsabilidad profesional porque a través de ese documento se fomenta y se crean públicos.

Qué tanto puede costar un programa de mano bello y útil en nuestra galaxia ciberespacial donde no es ni costoso ni abigarrado pensar la tecnología en función de la cotidianidad.

WhatsApp, Facebook, Messenger y toda la nube de redes son armas para la conformación de estrategias estéticas útiles en el trabajo escénico, no solo son canales para exhibir egos o hacer comentarios inútiles.

Si de nuevo acudo a llamar la atención sobre el programa de mano es porque durante el semestre muchas puestas lo obviaron y en otras hubo, pero algunos fueron tan feos: una hojita con un desgano estético de espanto.

¿Por qué no se suman de lleno las artes escénicas a la emprendida carrera de informatización de nuestra sociedad donde ya existen esfuerzos a tener en cuenta?

Hoy un montaje debe tener un fuerte vínculo con las tecnologías de la información y la comunicación. Ya va siendo hora de pensar más en una puesta en escena desde estas tecnologías para que el público sea un receptor más activo del acontecimiento escénico y se amplíen nuevos horizontes estéticos y artísticos en las artes escénicas.

Hay que hablar ya del teatro cibernético como aquél que incorpora la digitalización y el Internet para la construcción de espacios y tiempos que ensanchen la percepción y podamos participar de manera más sensible en lo teatral.

La utilización de los medios en escena no debe ser solo un ejercicio técnico ni tampoco formal. Con las posibilidades de la digitalización podemos alcanzar un compromiso de mayores proporciones en la producción de sentido de una puesta en escena.

Los sistemas significantes dan significado a lo que sucede en el escenario, estos sistemas son el diseño de luces, de escenografía, la banda sonora, la actuación, la dirección, etc. Todos y cada uno de ellos pueden estar inmersos en un ambiente tecnológico que haga de la puesta un evento capaz de tener más pulso en la realidad.

Una puesta en escena es un acto de creación conjunta entre los que están en el escenario y los espectadores. Y la cotidianidad de cada uno de nosotros está inmersa en la digitalización.

El teatro para contribuir a la conformación de nuevos comportamientos sociales y estéticos debe tener más compromiso con las tecnologías de información y comunicación.

Imagen de portada: Pixabay.com