Soy Cubana: Fragmentos de una entrevista a la actriz Ana María de Agüero

Ana María de Agüero es una de las mujeres santiagueras que han dejado huellas dentro de nuestra escena, primero como actriz y luego como multipremiada autora teatral. Nacida el 21 de agosto de 1936, Ana María va camino a sus 79 años de vida y se mantiene activa, ahora realizando funciones de asesora en el teatro para niños. Ella es la dramaturga más prolífica y creativa del teatro santiaguero. Más de 35 obras y los premios obtenidos así lo demuestran. Sus temas principales están relacionados con su entorno familiar y social, la comunicación entre los seres humanos, el amor, la existencia individual, la separación familiar, la convivencia y sus implicaciones sicológicas.

Ana María nos hablado de la soledad, la incomunicación, la frustración, la alienación, el escapismo, el desamor, el sentido de pertenencia o de desarraigo, la identidad, los sueños de los seres humanos en su enfrentamiento con su mundo cercano, y en especial con un momento histórico de ese mundo, de la Cuba de los ‘90.

Ana María de Agüero Prieto, conmocionada por las circunstancias históricas en que ha vivido ha reaccionado espontánea y creativa ofreciéndonos una obra dramática que logra trascender la realidad cotidiana. Su lenguaje lleno de humor y sinceridad alcanza una dimensión poética y se convierte en una necesidad de expresión al escribir lo que siente, sin pensar en cómo y por qué. Sus personajes se expresan con sencillez y muestran sus angustias en el vivir cotidiano.

Sobre sus inicios, Ana María nos cuenta:

Comencé en el grupo de José Vázquez. Yo era muy delgada, muy alta… dicen que muy bonita, y José Vázquez Vega pensó que yo podía ser modelo…, y así pasaron meses asistiendo todos los días, todas las noches, hasta que un día le dije: Pepe yo no vuelvo más, a mí lo que me gusta es trabajar como actriz.

Por ese tiempo ya había visto a María de los Ángeles Santana en La Habana, y por primera vez había visto teatro y quedé fascinada, loca, con la actuación de ella en una obra que se llamaba Mujeres. Me dije: “yo voy a ser actriz”. Entonces por fin, él dijo –bueno se
me va a ir una mujer del grupo, déjame darle algo– y me dio un libreto que se llamaba El televisor, escrito por Roberto Anaya.

Con José Vázquez trabajó en El robo del cochino, pero la primera fue Los fusiles de la Madre Carrara, luego un año más tarde Pepe Vázquez se fue a La Habana con el grupo. Yo no quise abandonar Santiago ni a mi familia. Miguel Ángel Botalín, por entonces director de cultura nos ofreció la entrada en el Guiñol.

También estuve con el Dramático de Oriente bajo la dirección de Miguel Lucero, con quien hice Magia Roja, en 1967, de Michel Ghelderode, en el personaje de Sibila y luego, en 1968, en La Reina de Bachiche, compartí la escena con Nancy Campos y Dagoberto Gainza, dos actores que admiro mucho. Luego regresé al Guiñol.

Y de la etapa del guiñol, ¿qué recuerda?

Bueno desde el 1962 hasta el 1967 trabajé en 17 obras como actriz, haciendo distintos personajes, hasta Papobo (1974), que salió con mi asesoramiento ya que por ese tiempo me evalué como analista dramática y como actriz en el Guiñol Nacional de Cuba, con Armando Morales y Xiomara Palacios.

Después entró un grupo muy bueno en Guiñol de Santiago, que para mí fue la época de oro: Norberto Soler Edilma Soto, Koly Funcia; esto entre el 1970 y los años 80. Luego vendrían Norka Zamora, Enrique Paredes, Milagros Guzmán, y en los 80 y pico María A. Fong, y Eduardo Guash que ha sido un puntal, y siempre la presencia de Pardo que estuvo desde niño.

Con el Cabildo respondo a un llamado de Ramiro Herrero, que me dijo en
aquel entonces: “te necesito en el grupo”. De esta etapa recuerdo con agrado El caso de los libros que nadie solicita. Cuando el autor me vio dice que sin conocerme escribió para Ana María de Agüero, porque yo soy Martha Rebollijo.

¿Cómo y cuándo tomaste la decisión de escribir?

Desde que estaba en el Guiñol escribía obras de teatro infantil, porque el trabajo para los niños fue algo muy especial, aunque siempre el teatro para adultos ha sido lo mío realmente.
El Período Especial me marcó mucho; como persona adelgacé enormemente y lo sufrí mucho. En ese mismo tiempo, Eder Gómez, el padre de mi hija Keila se fue de la casa a caminar, nos abandonó, y yo me quedé como jefa de familia con toda aquella carga.
Luego vendría Rabia morada con pespuntes verdes y así una tras otra. No es la problemática del Periodo Especial, es la problemática familiar. He escrito siempre con personajes que forman parte de mi vida, Padre mío que estás fue dedicada e inspirada en mi padre.

¿Cómo se ve Ana María de Agüero?

Bueno, es difícil mirarse por dentro. Yo pienso que he madurado mucho y sé que he sido buena madre, siempre me han preocupado mucho, mis hijas, el bienestar de mis hijas y su porvenir. Soy una mujer muy alegre pero muy atormentada al mismo tiempo. Mi padre fue una gran influencia en mi vida. Si soy actriz y dramaturga se lo debo a él que pintaba y cantaba. Mamá también era muy fuerte y sincera. Yo he amado mucho y me han amado bastante; he dicho siempre mi verdad y la de mucha gente. Ahora tengo dos libros de poemas: claro, cómo me enamoré…

Soy muy apasionada, me gusta mucho la juventud, me gusta lo que estoy viviendo ahora, y lo que estoy haciendo también. Pero sólo me interesa ser buena y hacer cosas buenas. Yo sé que soy buena gente, yo sé que si de verdad hay un cielo y Dios, tendré un rinconcito allí. No soy ni católica, ni apostólica, ni romana, Soy Cubana.

Nota: Tomado del Boletín Escénicas Digital # 2. Entrevista concedida a Gretel Quintana, especialista del Centro de Investigación y Desarrollo de las Artes Escénicas, el 22 de noviembre 2012.

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