“#Ni una más”; existencia al margen

Las señales del teatro cubano contemporáneo apuntan a desenmascarar lo que pueda existir como espacio de exclusión y tabú en la vida ciudadana.

Las señales del teatro cubano contemporáneo apuntan a desenmascarar lo que pueda existir como espacio de exclusión y tabú en la vida ciudadana

Por Norah Hamze

Establecer la correlación Investigación/texto/ creación escénica en el proceso de un montaje teatral, ha conllevado múltiples miradas al fenómeno de la violencia femenina con su efecto consecuente en el enfoque y tratamiento del discurso, conforme a la construcción de un nuevo texto como resultado de la investigación insitu sobre tema tan sensible. De ahí que el texto Ni una menos, por contraste, haya derivado en #Ni una más durante el proceso de creación.

Es conocido por todos que la violencia de género, tanto física como psicológica en cualquiera sus variantes, se ha convertido en un flagelo que azota a la humanidad en todo el orbe. América Latina y El Caribe son exponentes de altos índices de feminicidio y de una supremacía masculina que ha confinado a la mujer a la dependencia total del hombre en múltiples casos. A ello se suman otros matices que las convierten en “mujer objeto” y las hacen dependientes de cierto confort placentero, al que no están dispuestas a renunciar, aun a riesgo de sus vidas, a pesar del   precio en depauperación moral, tolerancia, degradación, renuncia a sus derechos y realización como ser social.

Las organizaciones feministas y numerosos ciudadanos en el mundo han levantado sus voces en campañas de protestas, demandas y denuncias por las redes sociales y los medios de comunicación masiva, así como a través de manifestaciones públicas. #Ni una menos, es uno de los slogans que identifica esa campaña de la mujer en la contienda por su derecho a la vida, que el equipo creativo ha tomado como punto de partida y motivación para introducirse en un tema álgido, que no admite una mirada unidireccional. Al ponerlo en diálogo con otros textos, con testimonios anónimos del contexto cubano facilitados por el Centro Nacional de Estudios de la Mujer y el Centro Nacional de Estudios de la Sexualidad, ha derivado en #Ni una más con una óptica en su tratamiento desde la comedia, no menos lacerante.

El montaje parte del monólogo (elegido por la actriz) Una mujer sola, de Franca Rame y Darío Fo. Situarlo en contexto unos 40 años después, ha inducido la investigación que nos permita conocer el alcance de la violencia de género en la actualidad en nuestro país y en el resto del mundo. De ahí el acercamiento a los centros referidos que lideran estos estudios en Cuba, con el acceso a testimonios (de manera anónima), algunos incorporados a la versión. Por otra parte, cada uno de los integrantes del equipo, ha aportado historias conocidas, investigaciones anteriores en la misma vertiente, filmes, cortos de ficción, conocimientos afines y otras lecturas, que hemos transversalizado para obtener una orientación definida y coherente con el género del texto de partida.

Norah Hamze (a la izquierda), dirige el trabajo de mesa para la puesta en escena de #Ni una más.

La aproximación a testimonios anónimos de mujeres abusadas, pone al descubierto el alcance de la violencia que las convierte en víctimas de la marginación y les impide confesarlo, denunciarlo o enfrentarlo sin miedo, a causa de los prejuicios, las limitaciones o las represalias que se derivan de la propia problemática social. En otros casos, presupone la pérdida de un amparo material, seguridad económica y comodidad que quieren preservar y no pueden lograrlo sin sus parejas, incluso, cuando en ocasiones, ha sido el móvil esencial para la unión. Esto conduce a la “justificación” de conductas reprochables y malos tratos de su cónyugue, como ocurre en la reescritura del nuevo texto que, por demás, conserva la esencia del original.

Estos variados y contrastantes comportamientos, la envergadura del tema, el despliegue mundial de la campaña contra la violencia de género y el haberla iniciado a partir del texto referido, nos ha convocado a extender el alcance de nuestra propuesta y concebirla como una trilogía, en la que cada una se abordaría desde diferentes géneros teatrales: una comedia, con la que comenzamos, seguida por una obra de teatro documento y otra en clave melodramática con la que cerraríamos la investigación. En las tres nos estamos acercando a este flagelo desde posturas distintas, a partir de los personajes y sus acciones, en textos cruzados, originales o hipotextos, como un ejercicio indagatorio enriquecedor acerca del arte del actor, la dramaturgia y el estilo.

El texto de partida de Franca Rame y Darío Fo responde a la comedia italiana típica que se sostiene en un humor ambivalente, y al tópico italiano de los años sesenta que parte de “la putana y el cornuto”, por lo que, en nuestra versión hemos insistido en la ironía para mostrar el conflicto desde la comedia, aprovechando esa condición de mujer abusada y satisfecha. Insistimos en la alienación de la mujer comprada por el consumismo y, por tanto, en la superación triunfal de su situación angustiosa. Para nosotros, en ello descansa el carácter subversivo y se conecta con nuestra realidad cuando concebimos el personaje como “una nueva rica”, que no pertenece a esa clase por derecho de cuna, si no, por haberse convertido en “mujer objeto”, subordinada a los abusos y brutalidad doméstica de su cónyugue, alienada por la riqueza material que éste le ha proporcionado.

Un factor determinante en la puesta en escena lo constituye la construcción del personaje que no debe caer en maniqueísmos, aun cuando se trate de un texto que muestra el conflicto desde la comicidad. Es una mujer que cuenta su historia, pero no con dolor (la amargura es subyacente) por eso se enmascara para dialogar con la vecina imaginaria como necesidad de escape a su ineludible existencia. En una situación límite como la de la protagonista -encerrada en su casa por su marido- hay momentos en que afloran sus verdaderas contradicciones desde la justificación y la satisfacción de no sentirse víctima, sino como “mujer dura” que es capaz de sortear los escollos, salirse con la suya y mantener su status de confort. Un acercamiento al tema de modo divertido y por oposición, que también deja su sabor amargo. De ahí la modificación del título, que responde a otro slogan análogo de la campaña.

La actriz Yakelín Yera durante los ensayos de la obra.

#Ni una más es resultado de una labor investigativa y de creación, donde texto y puesta en escena se han ido construyendo al unísono, hasta el punto de variar en el camino el concepto de partida. En el nuevo texto y en la construcción del lenguaje de la escena, hemos tratado de imbricar la realidad con lo metafórico y simbólico vinculado al momento actual. A partir de la narración tratamos de acercarnos a los significados tanto, desde las funciones comunicativas denotativas que establecen las conexiones lógicas del contenido, como desde las connotativas relacionadas con lo simbólico y lo estético a través de objetos, composiciones, diseño y detalles que fortalezcan el valor alegórico de la imagen.

Durante este tiempo de pandemia, en que se ha agudizado la violencia en todas sus variables, con fuerza en la vida conyugal e intrafamiliar, a la vez que se han intensificado las necesidades crecientes en la población cubana y la inseguridad existencial en todo el orbe, la creación que iniciamos (y varias veces interrumpimos por el confinamiento) se nutre de nuevos tintes y pone al descubierto otras aristas.

El tiempo para investigar, consultar estudios sobre el tema y extender la mirada, permite calibrar la supremacía masculina (el machismo) como una pandemia demasiado arraigada en la humanidad que aflora con vigor; un pensamiento instalado en el imaginario ciudadano difícil de extirpar, aunque en nuestra nación se haya suprimido desde la institucionalidad. Aun cuando el discurso aboga por la equidad, inclusión, igualdad de derechos raciales, de género, ideología política, preferencias sexuales, religiosidad, status social o cualquier otro rasgo diferenciador entre los seres humanos, y se pronuncia contra la homofobia, la marginación y otras expresiones atávicas de exclusión y prejuicios, la contienda exige ir ganando terreno hasta que puedan eliminarse determinadas estructuras sociales y situaciones de dependencia.

La acción precisa, directa se impone en cada pugna; la recién ganada por el pueblo argentino sobre la legalidad del aborto, la aceptación en muchos países del matrimonio igualitario y la familia homoparental, diversa, el acceso de la mujer y homosexuales a determinados cargos públicos y otras responsabilidades, han ido ganando terreno, sobre todo en naciones menos encadenadas a tradiciones ancestrales.

Las señales del teatro cubano contemporáneo apuntan a desenmascarar lo que pueda existir como espacio de exclusión y tabú en la vida ciudadana, y a desterrar conductas arraigadas que forcejean en un contexto económicamente adverso. En este empeño, el equipo creativo de #Ni una más integrado por la actriz Yakelín Yera, el asesor José Alegría, la diseñadora Karina Peña, el músico Amet Gainza, el diseñador de luces Marvin Yaquis, la directora general del grupo Punto Azul María de los Ángeles Núñez Jauma y quien escribe esta reseña como directora artística, se suma al desgarrante alarido femenino desde la comedia, en un ejercicio donde se imbrica investigación/texto/creación escénica, para edificar una puesta en escena que esperamos compartir próximamente con los espectadores, quienes tienen siempre la última palabra.

Fotos: Cortesía de la autora