Un año de arte y compromiso

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Por Yoamaris Neptuno Domínguez

El 2025 fue un año complejo para Cuba, marcado por la crisis epidemiológica, energética, las dificultades económicas y los fenómenos atmosféricos. Sin embargo, el teatro para la infancia mantuvo su vitalidad con proyectos, exposiciones y estrenos que recorrieron varias ciudades del país y del mundo.

Teatro de Las Estaciones, bajo la dirección de Rubén Darío Salazar, sostuvo una programación activa con doce espectáculos en repertorio y estrenó Un rastro en las estrellas, adaptación del poemario Asteroides B612 de José Manuel Espino, reconocida con el Premio Villanueva de la Crítica que otorga la UNEAC.

En este balance, Rubén recuerda: 2025 ha sido un año muy complejo… pero uno tiene una responsabilidad desde el teatro, y sobre todo cuando trabaja para las infancias, de construir esperanzas, optimismo y futuro en el presente.

También hace memoria de proyectos como la jornada 70 Calero, un mar de colores, tributo al diseñador Zenén Calero, con cuatro exposiciones que recorrieron su legado gráfico y plástico.

Realmente fue muy bonito constatar en cuatro exposiciones el legado de ese hombre maravilloso, ese artista grande que ha trabajado por más de 40 años consagrado al arte de los títeres y también de la plástica.

Si vamos a hacer teatro, debemos hacerlo en serio, con el compromiso que corresponde y la responsabilidad de educar, estimular y hacer crecer la espiritualidad en las infancias. El producto final que sube al escenario no debe ser solo atractivo, sino también trascendente… que la experiencia sea inolvidable.

La agrupación también acompañó procesos educativos en la unidad docente Carucha Camejo y extendió su alcance en conferencias, talleres y colaboraciones. A ello se suman los premios obtenidos: el Villanueva de la crítica con Flores de Ajonjolí y Carolina al inicio del año, y más recientemente con Un rastro en las estrellas. También la distinción Rosetta, el Premio Iberoamericano de Gestión Cultural Guillermo Heras y el Premio FIART 2025 otorgado a Zenén.  Termina un año que estuvo lleno de retos pero fructífero para la compañía teatral.

La casa del sol y la luna, el espacio de Teatro de Las Estaciones, y la figura de Rubén Darío Salazar Taquechel reafirman siempre su decisión de estar, de permanecer, de resistir y crear. Mantener vivas nuestras costumbres, nuestras tradiciones y nuestra manera de ser como cubanos y cubanas es también un acto de esperanza.

Próximamente será el concierto homenaje a Teresita Fernández en el marco de las actividades de la Jornada Villanueva, a propósito Rubén Darío Salazar ofreció declaraciones sobre el espectáculo.

—Pensando en tu proyecto más reciente, ¿qué significa que una canción vieja pueda seguir siendo nueva?, ¿por qué traer a la escena a Teresita Fernández?, ¿por qué seguir apostando por canciones como éstas?

Rubén sonríe y responde con pasión: Hablar de Teresita Fernández es hablar de una musa traviesa, juglar nómada y libre. Su legado musical para la infancia es un patrimonio que merece ser revisitado una y otra vez, porque con sus canciones se puede enseñar biología, ética, patria y amor. Son piezas viejas y siempre nuevas.

—El espectáculo se presenta próximamente en La Habana. ¿Podrías contarnos cuáles son los detalles para asistir?

El concierto del 11 de enero a las 3:00 de la tarde en la Sala Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes será también un homenaje a Celia Sánchez… Queremos repetir la experiencia vivida en Matanzas, sumar nuevos invitados, estrenar temas y recrear aquella fiesta de colores y sonidos que celebró el cumpleaños de Teresita.

—Dentro del espectáculo, ¿cuál es tu canción preferida?

Amo todas las canciones de Teresita. Pero sí, uno siempre tiene alguna preferida. En primer lugar está Pepi, una canción que ella dedicó a un payasito que estaba en una caja de cristal y se movía cuando le echaban una moneda. Es una canción tan bonita que resulta estremecedora.

En segundo lugar mencionaría Señora Manatí, una obra hermosísima, con arreglos preciosos —el de Raúl Valdés es magnífico, aunque he escuchado otros también muy bellos—. Es una canción con toda la fuerza de la ley, dedicada a un animal autóctono cubano en peligro de extinción, y constituye un llamado a cuidar al manatí. 

Si tuviera que elegir una tercera, sería Chicharrita, que habla de una jicotea. Conozco la anécdota interna de la canción: Teresita tuvo un novio que le regaló un diálogo enamorado, un cartucho y una jicotea, y de ahí nació esta pieza tan hermosa.

Todo lo difícil que atravesamos debemos convertirlo en maravilla, porque se puede. Si cada quien hace lo que le toca, si nos respetamos y ayudamos, si trabajamos con unidad verdadera, todo puede hacerse bien bonito: el teatro, los conciertos, los libros, la producción, el deporte, la salud. Yo estoy enamorado de mi país, de lo que hago y de la gente linda que aún existe.

Este homenaje a Teresita Fernández será una fiesta de colores y sonidos que reivindica tanto sus canciones más populares como aquellas menos conocidas. Los asistentes podrán disfrutar de temas compuestos por la inolvidable trovadora villareña en la voz de la intérprete Olga Blanco, con más de 30 años de trayectoria musical. Se estarán interpretando 14 canciones, acompañada de la Compañía Infantil Gabi y Sofi, Freddy Maragoto, los actores titiriteros de Teatro de Las Estaciones y los músicos Irina Madrazo, Doly Díaz, Patricia García y Raúl Valdés.

Las coreografías están a cargo de Gelsys Gonzalez y Yadiel Durán, la dirección musical de Raúl Valdés Lima, el diseño gráfico es de Dyan Barceló, el diseño de vestuario, títeres, escenografía y luces es de Zenén de Jesús Calero Medina y el guion y dirección artística es de Ruben Darío Salazar.

Gracias a Rubén Darío y a Teatro de Las Estaciones por estar en nuestra escena y en nuestro panorama cultural del 2025. Con esa certeza nos enfocamos ahora en lo que nos deparará el 2026.

Foto tomada del perfil de Facebook de Rubén Darío Salazar