Treinta años de un alma que anima la danza

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Por Noel Bonilla-Chongo

La danza es el lenguaje oculto del alma

Martha Graham

En la frase que eternizara en nuestros cuerpos e imaginarios constructivos los entrenamientos técnicos, inventivas de trasmisión y en algunos casos de composición, estarían las razones que pudieron sustentar los principios técnicos, estilísticos y expresivos en la danza de Graham; eslogan que se me antojan como subterfugio para reverenciar los treinta años que cumple la compañía santaclareña Danza del Alma. Diciembre de 2025 une tres décadas de 1995 al presente, el gran alumbramiento del amigo, maestro y coreógrafo Ernesto Alejo al fundar en la villa de Martha Abreu un enclave donde la danza se ha vuelto querida recurrencia poética para tramar esas franjas que gravitan entre cuerpo y movimiento, entre formación y creación, entre la ciudad y sus gentes.

Me permito, bajo el amparo de los buenos afectos que me unen a Ernesto y a su danza, tomar un decir en primera persona como narrativa que habilita la palabra de quien remite y pone en palabras los espacios transitados y lugares ocupados, como dijera De Certeau, para ir y venir reconstruyendo significados, tratando de dibujar itinerarios de andares, de movimientos, trayectorias, de andanzas, trazos marcados por huellas de pasos con distancias y cercanías acompasadas entre y uno y otra, esos que hablan de las experiencias vividas, sentidas y percibidas corporalmente.

Y es que Ernesto y yo, siendo muy jóvenes, nos formamos dentro del arte en un lugar muy extraño y hoy diría que hasta encantado. En los predios pineros de la presa Minerva, en una escuela de arte alzada/destartalada cual suerte de manufactura azarosa de lo efímero que vuelve terco lo perdurable de muros, techos, pisos, perímetros. Allí, bajo la guía centinela de maestras y maestros ejemplares, de artistas forjadores de encantamientos, sortilegios y mágicas hechicerías para hacer del arte, de la música, el teatro y la danza, una suerte de sinergia salvadora del espacio y el tiempo.

Allí, en aquel sitio escindido de contactos reales con la metrópolis citadina, aprendimos mucho de la básico y de lo profundo que debe contener la creación artística y sus modos eficaces de trasmisión y de compartir. Fue allí donde el alma se envolvió de danza para configurar las historias personales, urgencias, motivaciones, obsesiones y ganas creativas donde la dicha no se escribía, bastaba con danzarla. Entre cursos específicos de teatro y danza, entre las más bellas lecciones de Estética y descubriendo los caminos sumergidos de los feraces itinerarios de la Cultura Cubana, nos fuimos armando de herramientas hábiles para esparcir lo tanto aprendido en proyectos muy personales de creación en nuestros barrios y comunidades en la región central de Cuba.

Por ello hoy, al celebrar los primeros treinta años de tenacidad artística dentro de la creación danzaria de Santa Clara y de Cuba, asomarnos a la génesis fundacional e impulsora de lo que constituye Danza del Alma para Ernesto, es meridiano. De ahí que Martha Graham regrese una y otra vez, con sus modos coercitivos de ser en danza, heredados por la trasmisión y absorción de discípulos directos e indirectos que forjaron en nuestros modos de decir y modos de hacer entre la carne y el espíritu, entre aquello que el cuerpo corporiza en los rezongues de su alma. El cuerpo no miente, diría también Graham como vector expresivo de una danza generada desde el lenguaje oculto del alma. Y sé cuánto sabe Ernesto de estas razones para formar y componer, para pensar y escribir con responsabilidad y compromiso humano con sus gentes, danzantes y nosotros, su público, desde la poética de Danza del Alma.

Danza del Alma

Santa Clara es una ciudad que, a diferencia de otras, ha de descubrirse

siempre paso a paso. Inapresable su magia al vuelo del primer vistazo,

una de las mayores riquezas que tiene y que brinda -y alimenta esa

magia- lo es la fertilidad para el nacimiento y desarrollo de la creación

artística que posee. Dentro de este favorecido y regado terreno es que

surge, entonces, Danza del Alma

Alexis Castañeda

Los anhelos por entregar algo diferente a su habitual labor docente en la Escuela Vacacional de Arte Olga Alonso, de Villa Clara, Ernesto concreta sus inquietudes creativas e interpretativas tras la fundación de compañía Danza del Alma en 1995. Impulsado por la bailarina Mayelín Díaz quien le dice “vamos a hacer un grupo”, se lanzan a la aventura. Nacería así Danza del Alma, un 15 de noviembre de 1995. Una primera etapa la agrupación trabajará solo con intérpretes femeninas, siendo muy jóvenes, eran ya notables bailarinas. Con una formación sólida desde el punto de vista físico y técnico, dominio que les permitiría ir favoreciendo el concilio que Ernesto procuraba entre fisicalidad y espiritualidad, entre esa danza de cuerpo firme propositivo y la emocionalidad que emerge y se construye desde el reposo, la cavilación, el designio poético de la expresión.

Su danza se convierte así en toma verídica de conciencia del cuerpo y agudización perceptiva de las referencias que lo colocan en un contexto de situaciones dadas, de anécdotas, fábulas, argumentos para danzar, siguiendo una narratividad o sirviéndose de ella para construir una calidad de presencia donde el movimiento bailado ya no se define según el imperio del virtuosismo codificado por el lenguaje técnico de la danza, sino más bien, según una necesidad de expresión que es ante todo un estado de conciencia, de presencia pre-expresiva orgánica, fundamentada y que adquiere sentido en la efectuación escénica del rol, del personaje, del acontecimiento coreográfico y, en muchas de sus obras, gracias al dominio de la ampliación perceptiva que el movimiento (por muy físico y calisténico, incluso “técnico” que fuera) mientras se deshace en la inmovilidad aparente de su ser en danza.

Y aun cuando el paisaje técnico de la danza contemporánea donde se inscribe Danza del Alma es muy amplio, debido a la propensión temprana de innovación y singularidad de lo “contemporáneo”, no podemos olvidar que con la danza moderna se instaura una tendencia en la que cada personalidad coreográfica y pedagógica propone una nueva forma de aprender, de ser y escribir la danza. Además, en la medida en que la danza misma se fue construyendo como arte que busca y precisa la máxima conciencia corporal, surge la posibilidad de incorporar otras fórmulas de acercamiento al cuerpo y de comprensión del complejo material corporal. Danza-teatro, danza conceptual, danza combinatoria, no-danza, danza contaminada, danza performance, video-danza, danza virtual, danza contextual, danza híbrida, danza alternativa, danza voluminosa, danza del alma, etc., son instancias nombrantes que nos remiten a una danza que busca a todo costo su afirmación desde el pasado siglo XX universal y cubano, como argumentación de su modus operandi.

Dichas fórmulas respectivas de acercamiento al cuerpo se añaden al amplio espectro de stocks de técnicas propias de la danza moderna y el influjo rupturista de las concepciones de la postmodern dance. El trabajo corporal del danzante ya no se limitará a la inviolable clase cotidiana de “técnica de la danza”. Ahora, como anotara Zulai Macías en El poder silencioso de la experiencia corporal en la danza contemporánea, hay que significar los caminos, los métodos y metodologías particulares en los que maestras y maestros, coreógrafas y coreógrafos sitúan al cuerpo danzante en una especie de vacío o ausencia de movimiento desde donde, esencialmente, toda movimentalidad puede surgir, puede emanar con la intención y dinámicas requeridas para corporeizar la calidad cualitativa de su presencia escénica. Y aquí, esas nociones fundantes de Ernesto Alejo con Danza del Alma (en los diferentes períodos que han tenido sus elencos de solo mujeres, solo hombres y, a veces mixtos), nos acercan a la apología del encuentro entre danza y técnicas que abren una vía de acceso hacia una serena autonomía de la conciencia corporal, cual suerte de estado de abstracción reflexiva que proporciona su ser en danza e implica la larga búsqueda en el tránsito sugerido por Laurence Louppe, de un “cuerpo en devenir” frente al “cuerpo dado” para bailar.

Y en esa pluralidad de cuerpos femeninos y masculinos, siempre óptimos, que ha tenido Ernesto para crear piezas singulares e imprescindibles dentro del catálogo razonado de producciones coreográficas made in Cuba, también concuerda la dicotómica en torno a la “imposible definición de la danza” en el más allá y más acá de su “alma”. Diferenciaciones entre piezas coreográficas “sin o con” discurso propio, y entre obras que elaboran discursos surgidos de la experiencia con el cuerpo respecto de las que usan el cuerpo para “vehicular” un contenido externo. Hecho quizás no atendido con detención por la crítica, por las investigaciones académicas donde Danza del Alama, el propio Ernesto o su evento “Para bailar en casa del trompo”, han constituido objetos de estudio. Pero que hoy, a treinta años de evidente sistematización de una poética identitaria fácilmente reconocible y objetivada en sus dispositivos constructivos, valdría la pena al menos bocetar como posible acercamiento futuro.

En una entrevista de hace algún tiempo atrás, Ernesto aseguraba que el proceso de creación coreográfica con Danza del Alma no ha variado en su esencia durante los años de trabajo. Nos contaba que, a través de las etapas del proceso, se va estructurando un material físico y conceptual que tiene que ver con sus objetivos fundacionales de tratar temáticas sociales, la construcción de afectos, las relaciones interpersonales y contextuales, la vida y sus trampas; a través de la disciplina férrea que constituye uno de los elementos que se ha comportado como rector en cada una de las etapas por las que ha transitado la agrupación, a pesar de que, según Alejo, cada día cuesta más trabajo y esfuerzo disciplinar la compañía con los bailarines entrantes.

En esas etapas, la primera de ellas resulta una especie de trabajo de mesa a partir de una idea que se debate, se desmonta de manera teórica e, incluso durante el debate, puede quedar transformada de manera opuesta, nadie queda excluido, cada bailarín puede aportar lo suyo al trabajo. Luego aparece la exploración con el cuerpo, pero sin fijar nada, libremente sobre una pauta fijada en la fase anterior, se intenta que el cuerpo llegue a donde él quiera llegar. Después de todo esto, aparece ya la fijación de lo que se ha experimentado con los movimientos y se va precisando de esas improvisaciones las que resulten convenientes, eficaces para la idea del discurso. Cuando ya tenemos mucho material, empezamos a construir la partitura…, a veces a los bailarines les cuesta desprenderse de frases, movimientos, ciertas gestualidades concebidas por ellos y que les gustan…, pero hay que deslindar y hay que convencer en función del conjunto… Cada creación es un proceso de aprendizaje… y lo que se desecha puede que en otro momento se emplee en otra pieza, en otro proceso de exploración. Se va tamizando, desbrozando la pieza, se va quitando la hojarasca para que solo quede el sumun… a veces también la escena del final pasa al medio y la primera al final, es como un juego de dominó o de yaquis. Es importante que se sepa que en todas y cada una de las etapas siempre respeto los criterios de los bailarines, sus visiones acerca de la obra, incluso ya como espectáculo, siempre estoy abierto a sus sugerencias.

Para bailar en casa del trompo

La primera edición de la temporada creada por Ernesto ocurre en noviembre del año 2005, justo cuando Danza del Alma cumplía diez años. Según Alejo, había que celebrar y estaban trabajando mucho por apetito profesional, por un gusto de existencia, por Santa Clara, por toda la comarca. “Yo sentía que había que divertirse, que había que celebrar desde la danza”.

La joven Claudia Taboada Núñez, santaclareña de orígenes y estudiante de la Facultad Arte Danzario de la Universidad de las Artes, ISA, junto a su profesora Mercedes Borges, atenta crítica, gestora cultural y fiel amante de Santa Clara, perfilan una investigación que sostenía a “Para bailar en casa del trompo” como plataforma sociocultural oportuna para la danza. En las páginas que constituirían el trabajo de diploma de Claudia al egresar del ISA, certificaban el irrefutable valor cultural del evento como vitrina expositiva de la danza que se producía en todo el país, así como de importantes figuras creativas que llegaban del extranjero. Hoy, ya al cierre de la diecinueve edición de la Temporada y su dedicatoria al aniversario treinta de Danza del Alma, hay que distinguir ese fino empeño inclaudicable de Ernesto, de su equipo de trabajo, de las autoridades y el pueblo de Santa Clara por mantener, más allá de privaciones circunstanciales que imponen la reducción del otrora alcance nacional del evento, los motivos para “seguir halando la pita”.

Dentro de los objetivos principales de “Para bailar en casa del trompo” estaría el fundar un espacio al centro del país que diera abrigo y amparo a la danza contemporánea cubana, así como crear alrededor del parque Vidal un escenario de exposición danzaria de libre acceso, con un mayor presupuesto estético para todos los públicos. De esta manera se conformó para la primera edición un amplio programa cultural que sería la muestra del trabajo realizado durante casi dos meses, entre el 2 de noviembre y el 23 de diciembre. Las presentaciones se realizaron en el Teatro La Caridad y en la plataforma pública ubicada en el parque Vidal, justo delante del Museo de Artes Decorativas (espacio que se puso al servicio del evento, sirviendo de camerino a los artistas). Una larga temporada de la danza en Cuba hacía residencia en la ciudad de Marta Abreu. Referente del disfrute de repertorios de lujo e importantes estrenos, y de la confrontación, el diálogo y las enseñanzas alrededor de distintas maneras de asumir y presentar la danza escénica; sin cortinas, ni escenografías, desprovisto de la mayor parte de los artificios habituales del teatro, danza en un espacio vacío para ser cubierto con la energía y goce de cuerpo bailantes.

“Para bailar en casa del trompo” surge, también, con el fin de compartir la escena con agrupaciones internacionales y de todo el país. Se suman a esta empresa, las compañías profesionales y amateurs de la provincia que, junto a las escuelas de arte y Danza del Alma, hacen del espacio un gigante escenario para el disfrute del público, mostrando el panorama de posibilidades, deseos, realidades que tiene la danza cubana en sus tránsitos actuales.

En los diecinueve años de existencia, la Temporada se ha mantenido como plataforma que, a modo de resumen anual, muestra los más recientes estrenos y proyectos acontecido en la danza cubana. Incluso, en este 2025 de obligados recortes, el objetivo se ha cumplido. En tanto, la programación le ha dado la posibilidad al pueblo de Santa Clara de tener un espectáculo cultural de alta calidad. Resultados y criterios de excelencia atraen públicos diversos, siempre con expectativas en crecimiento.

Ernesto Alejo fiel a sus convicciones de amor inequívoco a la danza, a la ciudad y sus gentes, nos asegura que “Para bailar en casa del trompo” seguirá resistiendo a todos los vestigios y a todos los escollos de mala suerte que pueda haber en el camino y que se vencerán por la voluntad de muchísimas personas”. Y es que no siempre el trompo ha podido bailar como quisiera.

Esta es una Temporada que ha sabido dialogar en provecho de una ciudad potente de buen arte y cultura. Un público que hala la pita al finalizar el año y vuelca sus andares hacia una danza múltiple en sus modos y maneras de ser y convocar. Diecinueve ediciones se han realizado con esta que viene cerrando el 2025; podría resultar especulativo para algunos, pero lo cierto es que “Para bailar en casa del trompo” ha sido uno de los eventos más constantes en el país y que ha mantenido acogida a la danza en la ciudad, como su hija mejor cuidada. Aquí se vive con la misma pasión y entrega, con la que cada año se preparan Ernesto Alejo y su equipo de Danza del Alma, con el gran objetivo de ser los mejores anfitriones cada temporada.

Corolario

Al cabo de estos fugaces treinta años transcurridos en la existencia de Danza del Alma y el décimo noveno cumpleaños de “Para bailar en casa del trompo”; cuánta dicha para la danza, fugacidad del aquí y el ahora movimental, que la buena voluntad del hacer permita atrapar la expectación del cuerpo en juego. Qué riesgo para la coreografía, escritura de lo fugaz, contar con un cuerpo que le permita ser sorprendido, procurando nexos entre impulsos, poses, claros y oscuros, caídas y recuperaciones.

Qué dicha para el cuerpo descubrir al trompo, a sus muchos caprichos giratorios y a los azares de la pausa. Aun, ante el difícil permanecer en la memoria sabiendo desairar las oquedades del camino, las ausencias terribles y el tiempo que, veloz transcurre, oportuno es celebrar la vida que revive cada día Ernesto para impulsar sus quereres y amares. Hoy, siendo días especiales de celebración, potenciando nuestros deseos de ser testigos de una realidad cambiante y misteriosa, la sensualidad del cuerpo danzante y de la escena que lo acoge se tornan mágicas grafías capaces de dialogar con la abstracción del ritmo, los compases menos sospechados, las fragilidades y certezas del cuerpo en juego y su corporalidad danzante. Pues, sencillamente, es imposible desprenderse del cuerpo, esa instancia real y significativa, a veces, mágica, ligera, pesada, fugaz, seductora; a ratos, circunstancial, figurativa, repetidora de formas; en ocasiones, inoperante, mas siempre propositiva.

No por simple deleite, el baile del trompo ha seguido los trazos de la porfía que habita en Ernesto y entre los cuerpos de sus danzantes; transfigurarse en quietud aparente, en remolino evidente, en firmeza, es rigor y voto, atrevimiento y obstinación, apuesta e infinita utopía. Con él, el cuerpo se muestra y glorifica las pulsiones, las pasiones, queriendo penetrar en una ceremonia de entrega y participación. Ceremonia para la duda y la certeza, la forma y el concepto, el movimiento y lo estático, el traje y el desnudo. Quizás, tras la traza engañadora de un instante que al rato es insistencia, perpetuidad, torna la convicción de que sí, la Danza, se piensa…

Hoy como en el ayer de esta comarca, los caminos surcados por la Academia de Ballet de Marta Anido y su influencia en la formación de públicos, el antecedente obligado que es la Fiesta de la Danza, hasta llegar a la Temporada y ese público creciente que “hala la pita” junto a Danza del Alma, nos conminan a transfronterizar la causalidad temporal del camino andado, quizás como paráfrasis a Para salvarme contigo a todo riesgo, pieza de los momentos iniciales de la compañía, también facturación del presente.

Sé que hoy, nos convertiremos en testigos de un tiempo-cuerpo real y verdadero. Quiérase que las corporeidades relatadas nos permitan volver sobre esos otros cuerpos-imágenes-memorias, otorgándole al movimiento una fuga también aparente. Pues, hemos quedado por siempre atrapados entre el deseo de seguir siendo pasado, presente y futuro de almas y sus danzas.

Pretender narrar treinta años al presente de la aventura, es ya un desafío. Traerlo, devolverlo en palabras, tras la escritura de quien acompaña y registra, seguirá siendo franca porfía en devenir. Hace tres décadas que Ernesto votó por la permanencia, por quedar atrapado entre aquellas encrucijadas de los cuerpos idos y venidos, de los árboles talados y plantados, de las luces cálidas y gélidas que encienden y apagan, de las almas, las nubes, las certezas y también, de las preguntas en ellas contenidas. Y, por qué no, de las nostalgias que imprimen los andenes. Aun así, hace ya mucho tiempo que Ernesto trastocó su andar en baile perpetuo, en mágica manera para transfigurar saltos, giros, caídas, extensiones, equilibrios, en sueños reales e imaginados. Hace rato que su utopía cobró cuerpo firme y diestro para volverse desafiante ante la quietud y el silencio.

Ernesto, te aseguro que, de no estar tú, demasiado inmenso sería nuestro bosque. ¡Felicidades por estar y seguir desde el alma que anima tu danza!

En portada: La invitación de la temporada por los 30 años de Danza del Alma.

Fotos cortesía del autor