Pensar la danza desde la creación

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Por Alexis Peña Hernández

La creación coreográfica en Cuba necesita espacios de reflexión. Con ese propósito se desarrolló un nuevo conversatorio del proyecto artístico-docente Danza Interpretación en Movimiento (DIM), iniciativa auspiciada por la filial camagüeyana de la Universidad de las Artes, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la Dirección Provincial de Cultura en Camagüey.

El encuentro reunió a docentes, investigadores y creadores, con un panel integrado por Regina Balaguer, directora del Ballet de Camagüey, Lisandra Gómez, directora del Ballet Contemporáneo, y Reinaldo Echemendia, director del Ballet Folclórico de Camagüey, para dialogar sobre los desafíos que enfrenta hoy el ejercicio coreográfico en el panorama danzario nacional, así como la necesidad de fortalecer los procesos formativos vinculados a la creación en los distintos lenguajes de la danza, en su vertiente clásica, contemporánea y folclórica.

Una de las preocupaciones recurrentes durante el intercambio fue la disminución del ejercicio creativo dentro de las propias compañías profesionales. En ese sentido, la maestra Regina Balaguer recordó que el Concurso de Coreografía e Interpretación Fernando Alonso, surgido en 2019, nació precisamente de la inquietud de varios especialistas ante el decrecimiento que experimentaba la producción coreográfica tanto en Cuba como en otros contextos.

“La coreografía no puede entenderse únicamente como una sucesión de pasos. Es una construcción escénica que articula ideas, conceptos y emociones a través del movimiento”, explicó. Desde su perspectiva, estimular la creación dentro de los colectivos profesionales resulta esencial para garantizar la continuidad artística de las agrupaciones.

Aunque la presencia de coreógrafos invitados enriquece el repertorio, señaló que son los creadores que se forman dentro de las compañías quienes, a largo plazo, sostienen su desarrollo. En esa línea, alertó también sobre una tendencia cada vez más visible; privilegiar la cantidad de producciones por encima de la profundidad interpretativa, práctica que puede erosionar uno de los rasgos distintivos de la escuela cubana de danza: la fuerza expresiva del intérprete.

Desde la perspectiva de la danza contemporánea, a partir de su experiencia como coreógrafa, Lisandra Gómez subrayó que, las nuevas generaciones enfrentan un reto considerable ante la ausencia de espacios sistemáticos donde formarse específicamente como coreógrafos.

“La creación exige investigación. El coreógrafo necesita herramientas para comprender los procesos de improvisación, composición y construcción dramatúrgica del movimiento”, afirmó. No obstante, defendió la importancia de que los jóvenes artistas mantengan viva la capacidad de imaginar y crear, incluso en medio de las limitaciones del contexto actual.

El vínculo entre pensamiento y movimiento constituyó otro de los ejes del debate. Para Reinaldo Echemendia, la práctica coreográfica no puede desligarse de una reflexión teórica que permita comprender sus fundamentos.

“Si no se piensa la danza, no se puede ejecutar”, sostuvo. En ese sentido, defendió la creación profesional como un ejercicio pedagógico en el que confluyen interpretación, aprendizaje y construcción artística. De igual forma subrayó la necesidad de generar espacios teóricos donde se aborden las herramientas del acto creativo.

El conversatorio dedicó además un momento a examinar las particularidades que distinguen cada lenguaje danzario. En el caso del ballet, Regina Balaguer señaló que la creación se desarrolla dentro de una estructura técnica más rigurosa que la de otras manifestaciones, aunque la escena contemporánea evidencia constantes procesos de hibridación estilística.

Cuando se aborda el gran repertorio clásico explicó, el coreógrafo debe procurar que el lenguaje coreográfico se acerque lo más posible a la versión original de la obra, respetando los códigos que sostienen su dramaturgia.

En ese contexto se hace necesario desmentir uno de los prejuicios más extendidos en torno al ballet: la supuesta limitación interpretativa de sus intérpretes. “Es un mito pensar que el bailarín clásico es menos expresivo. La clave está en sostener la técnica sin perder la comunicación con el público ni el disfrute del propio intérprete”, señaló.

Durante el intercambio también se evidenciaron debilidades en algunos programas de estudio de la enseñanza artística. Los participantes coincidieron en que determinados contenidos históricos y estéticos no siempre llegan a los estudiantes con la profundidad necesaria, lo cual limita la comprensión del repertorio y de sus contextos culturales.

La formación integral del bailarín —subrayaron— exige un conocimiento amplio de las obras que integran la tradición coreográfica, así como de los procesos históricos que han modelado cada estilo.

En Camagüey, la historia del repertorio clásico confirma la persistencia de ese legado. El deseo de montar El lago de los cisnes, presente desde los años fundacionales impulsados por Fernando Alonso, pudo concretarse finalmente en el año 2012, cuando el Ballet de Camagüey presentó una versión coreográfica del maestro Rafael Saladrigas, con motivo de uno de sus aniversarios.

El diálogo incluyó, además, reflexiones sobre la danza folclórica y la complejidad que implica trasladar al escenario, prácticas danzarias surgidas de la cultura popular, teniendo en cuenta que cada manifestación posee dinámicas técnicas y simbólicas propias que el intérprete debe comprender para recrearlas en el espacio escénico.

En ese ámbito, varios participantes recordaron los aportes teóricos del investigador Ramiro Guerra, cuyas reflexiones continúan siendo referentes esenciales para el estudio y la interpretación del folclore escénico cubano.

Otro de los temas abordados fue el papel de la Danzología en el desarrollo del pensamiento crítico sobre la danza en Cuba. Para los especialistas, la crítica debe asumir un enfoque analítico capaz de acompañar los procesos creativos y contribuir a su crecimiento, más que limitarse a emitir juicios descontextualizados.

No obstante, reconocieron que la Danzología en el país aún se encuentra en una etapa incipiente y necesita consolidar herramientas que permitan comprender la diversidad de prácticas escénicas existentes a lo largo del territorio nacional.

Entre las propuestas surgidas durante el encuentro, destacó la necesidad de impulsar proyectos formativos dedicados específicamente a la creación coreográfica, así como la incorporación de asignaturas orientadas a este campo dentro de los programas de estudio de la enseñanza artística.

En medio de las complejidades que atraviesa hoy el contexto cultural cubano, el conversatorio dejó una certeza compartida: el futuro de la danza dependerá en gran medida de la capacidad de sus creadores para investigar, reflexionar y sostener el impulso creativo desde el conocimiento profundo del movimiento. Teniendo la premisa de que mientras exista compromiso con la escena y voluntad de hacer, la danza cubana seguirá encontrando caminos para renovarse.

Foto © José Antonio Cortiñas Friman