“PENSAR EN CAMAGÜEY, ES PENSAR EN TEATRO”

“PENSAR EN CAMAGÜEY, ES PENSAR EN TEATRO”

Por Mery Delgado

Freddy Nuñez Estenoz lidera la fiesta del teatro cubano en Camagüey, ahora amenazada por las inclemencias del tiempo que puede generar un huracán de gran magnitud como Mathew. Sin embargo, su optimismo contagioso como director artístico, no nos hace olvidar las circunstancias reales, y comenzamos el diálogo por la estrategia seguida para esta eventualidad.

¿Cuál ha sido la maniobra a seguir ante la presencia de este fenómeno atmosférico?

El Festival obviamente ocurre en septiembre-octubre, cada dos años. Esto conspira con la temporada ciclónica, no es primera vez que hemos tenido que suspender un festival, pero las autoridades del territorio han apostado intentar hacerlo hasta donde se pueda llegar.

Asimismo, me parece que es una decisión atinada del Consejo Nacional de las Artes Escénicas iniciarlo, porque si no ocurre el ciclón tenemos todo montado desde hace dos años. Habría entonces que abortarlo y ver otro momento para su reubicación; cuando hay tanto despliegue de todo tipo y están las agrupaciones aquí.

El teatro cubano tiene mucho corazón y también tiene mucha fe. Y nuestra fe y nuestro corazón están puestos en función de que no pase no por Camagüey, sino que no pase por Cuba y que no pase por el teatro cubano.

Este es el evento teatral más importante de la Isla. En una ciudad de provincia con 10 instalaciones diseñadas para el teatro y todas sus entradas agotadas desde hace una semana, te habla de un compromiso real que tienen los camagüeyanos con un festival que está celebrando sus 16 ediciones.

Se dice rápido 16, pero son más de 32 años. ¿Cuántas generaciones han crecido al amparo del Festival Nacional de Teatro? Las generaciones hemos envejecido. El Festival es como el delta de un río, varias generaciones han quedado sedimentando esa tradición. Pensar en Camagüey es pensar en teatro.

Esta edición apuesta desde sus dedicatorias al futuro del teatro cubano…

El Festival está dedicado a los 30 años de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) y al 40 de la fundación del Instituto Superior de Arte. Indiscutiblemente todos los que tenemos algún vínculo con el teatro o con la cultura, hemos tocado las puertas de la AHS en algún que otro momento. Hemos crecido con ella, al igual que el ISA, más del 90 por ciento de los teatristas cubanos han sido educados desde las aulas de la academia. Me parece que son dedicatorias más que oportunas porque es rendir honor a quien honor merece.

Yo a título personal inicié mi trabajo en la Casa del Joven Creador de Camagüey, y a la sombra de la Asociación Hermanos Saíz. Muchacho de municipio, de campo, de Jimaguayú, esa institución me abrió las puertas. Veinte años después, presido el Festival Nacional de Teatro. Si no hubiera estado la Asociación Hermanos Saíz allí calzando eso, esta entrevista a lo mejor no hubiera tenido lugar.

Y el ISA me llegó un poco tarde pero este año termino teatrología, porque en realidad soy médico de profesión. Yo soy deudor de la AHS y del ISA ahora mismo, como todos. Es como reverenciar a dos instituciones que han sostenido el pensamiento de la cultura cubana.

La curaduría del Festival siempre ha sido el punto de mira de los teatristas cubanos. ¿Cómo colegias esta selección?

Todos quieren estar en Camagüey. Aunque existen grandes eventos de teatro cubano como el Festival de Teatro de La Habana y el Mayo Teatral, siempre se arma tremenda disputa entre los teatristas como para estar en Camagüey. ¿Por qué? Porque este es el rostro de la escena cubana. Cada dos años las producciones más importantes de la escena cubana se ven las caras aquí. A pesar de los pesares, organizar una muestra de tamaña envergadura es complicado. El teatro es un arte eminentemente subjetivo y el criterio valorativo no se puede medir ni con una tabla, ni con una escala, es subjetivo. Y en ese saco caben muchas cosas. Y son humanos los que organizan precisamente ese Comité de curaduría. Esto se inició aproximadamente hace cinco meses con una gira por Cuba, desde Guantánamo hasta Pinar del Río, viendo todos los espectáculos que proponían los Consejos Provinciales de las Artes Escénicas.

Después vamos haciendo como una especie de lista o de espacio donde vamos ubicando a todos estos grupos, y al final decidimos lo que está dentro de la muestra oficial. Creo que una de las mayores ganancias del Festival en sus últimas ediciones es la posibilidad de abrir los horizontes de esa muestra teatral.

Hace tres años tenemos el Festival dividido en segmentos. Eso da capacidad a muchas opciones, y entonces se quita ese sentido de rigidez que tuvo el Festival en otros tiempos.

En el siglo XXI, en un mundo de tecnología avasalladora, el teatro es un arte eminentemente artesanal, entonces teatro son muchas cosas, una zona conflictiva donde confluyen a la misma vez muchos aspectos. Estos segmentos posibilitan redondear el teatro que se está haciendo en Cuba.

Entre estos segmentos está el de ciudad anfitriona que he defendido yo mucho. Los camagüeyanos organizamos el festival, si no cabes en algunos de los otros segmentos cabes en el segmento de Camagüey, porque organizamos el Festival y nuestras agrupaciones tienen que tener su rostro en él. Es muy triste que una agrupación venga a hacer función en mi casa, en mi sede, y yo no pueda mostrar mi trabajo.

¿Pero eso también compromete a los teatristas camagüeyanos en mostrar un mejor producto?

Claro, hay gente que cuando le avisamos que iba a estar en la muestra taller ha trabajado más y el espectáculo ha crecido. Me parece que esa es la mejor ganancia del Festival ahora mismo para los camagüeyanos: su muestra.

Ya no es la mejor plaza para la mejor obra, es la ciudad para el teatro cubano, porque aquí hay obras de crecimiento, obras de madurez, obras de apertura, obras de entrada; pero es una ciudad al servicio del teatro.

Este es un evento que nos hemos ganado los camagüeyanos, que se ha ganado el teatro cubano, y que apostaremos porque siga ocurriendo aquí. Y no hacerlo por el ciclón, o no intentarlo, sería como una traición para esa gente que durante todo el año habla del Festival.

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¿Qué trae Teatro del Viento a esta edición?

Teatro del Viento trae este año un espectáculo que se llama Los caballeros de la mesa redonda, un texto del dramaturgo alemán Christoph Hein. Esta obra es un giro dentro de la estética de Teatro del Viento, que como sabes apostamos por una estética de la pulcritud, un vínculo extremo entre el actor, bailarín, cantante e intérprete. Una zona de teatro total allí.

 Ahora también el grupo está cumpliendo 18 años, para cualquier grupo es un estado de madurez al que arribo con cuatro generaciones de actores en la escena, actores fundadores y otros que se han ido incorporando, hasta los que acaban de salir de la enseñanza artística.

Hay un pensamiento dinámico dentro de cuatro generaciones, pero eso puede parecer un huracán, al contrario eso es una zona de conflicto, y el conflicto significa desarrollo y yo me aprovecho en el buen sentido, lo uso, y eso es Los caballeros de la mesa redonda: un texto que tiene limpieza, pero que tiene esa otra mirada estética de un teatro moderno.

Los caballeros… es un espectáculo de cabaret político. Los actores cantan, bailan, están en la escena junto al espectador; es una suerte de teatro arena para 70 espectadores.  El cabaret político es un show bebiendo desde Brecht, de esas corrientes. Es un show para la escena de una hora 15 minutos donde están desde Los Van Van, hasta Laritza Bacallao, porque a mí como director de teatro me interesa la persona que va a disfrutar del arte. Me interesa que la persona vaya a la sala, que siga encontrándose y siga apostando por esa artesanía que es el teatro por lo tanto todos los espectáculos están pensados para el espectador.

A mí me gustaría hacer otras cosas, pero me aterroriza no tener al público sentado. No puedo trabajar tantos meses para una función.

La obra llega con más de 40 funciones. En una ciudad de provincia hemos logrado hacer una temporada de cuatro meses durante todos los fines de semana a teatro lleno, eso si no es un record está bien cerca, para una provincia.

Yo apuesto por el teatro de repertorio con 21 espectáculos vivos y podemos hacer temporada durante todo el año ahora con una magnífica sede, justo en el corazón de la ciudad.

La sala José Luis Tasende acaba de ser terminada, remozada, es como una joya para el teatro cubano. Y ahora convertida en centro cultural porque el teatro debe correr también con el tiempo y no ser esa institución cerrada donde solo se pone teatro.

 Allí se venden libros, hay una galería en homenaje a mi amigo Jesús Ruiz, quien hizo mucho por mí como creador y por el teatro camagüeyano, tiene además dos salas: Virgilio Piñera y Rine Leal. Esta última será para conciertos y espectáculos no convencionales, y un espacio para la conservación de la memoria del teatro cubano, porque esa es mi responsabilidad como artista: velar por esa memoria.

 

 

 

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