Orozco Contemporáneo: hacer del espacio arte

image_pdfimage_print

La joven compañía fue invitada por el jazzista Arturo O´farrill para subir al escenario del Teatro Nacional junto al cuarteto de cuerdas Longina, como parte de la cartelera del Jazz Plaza 2026

Por Victor Ricardo Cabrera Soriano

Los últimos días de enero llevaron a la danza escénica cubana hasta su génesis acólita como compañera de la música. Y como en los antiguos escenarios románticos algunas orquestas participantes del 41 Festival Internacional Jazz Plaza fueron revestidas con movimiento.

El primer mes del año también trajo novedades: un nuevo colectivo danzario que trata de inscribirse oficialmente en el espectro artístico cubano. Tal es el caso de Orozco Contemporáneo, grupo liderado por Liliet Orozco, ex bailarina de Danza Contemporánea de Cuba y actual gestora del proyecto Galería Línea y Paseo. La compañía fue invitada por el compositor jazzista cubano Arturo O´farrill para subir al escenario de la sala Covarrubias del Teatro Nacional, junto al cuarteto de cuerdas Longina, como parte de la cartelera del Jazz Plaza 2026.

Este experimento/grupo que su directora, califica desde la primera palabra de su conversación con nosotros, como “compañía”, puso en escena una propuesta muy dinámica. Un cuerpo coreográfico meticulosamente planeado para abordar los acordes que lo músicos sacaban de sus instrumentos musicales, en el escenario de la Covarrubias.

Sobre el resultado de sus búsquedas para saciar inquietudes y su experiencia como coreógrafa del Jazz Plaza, Liliet Orozco acotó:

“El objetivo es crear convergencias entre disciplinas artísticas. En esta presentación convocada por el maestro O´farril hubo una dinámica peculiar: revelaciones donde coincidieron danza y jazz. En Orozco Contemporáneo podemos trabajar desde diferentes aristas. Desde lo clásico, lo folclórico y lo urbano”.

Y sí, Orozco Contemporáneo es un colectivo versátil, rítmico. Su propuesta para el festival de jazz cubano mostró analogías entre los cosmos individuales que acontecían al unísono: lo visual, lo sonoro y el movimiento como empaste, ciclo, armonía.

La puesta se dividió en dos cuadros grupales: Cuerpo-intervención-algoritmo y Caleidoscopio. También, aunque no declarado en el programa, sobrevino un unipersonal que interpretó la propia Liliet Orozco.

Hay varios aspectos para considerar sobre esta propuesta. Primero, las apariciones del cuerpo de baile fueron independientes, no se identificó una secuencia lineal entre ellas. Tampoco una narrativa aristotélica como estructura base en la composición de las piezas, que resultaron en apariciones abstractas, difusas, un poco despegadas de la nomenclatura anunciada.

Creo que la coreógrafa y su colectivo habitaron el espacio escénico para funcionar como engranaje y no como motor del espectáculo. Tal vez respondiendo al pedido de la organización del evento o de forma consciente, para no jerarquizar ningunas de las expresiones que allí sucedían. En cualquier caso, fue una propuesta llamativa.

Un segundo análisis nos convoca y es que este espectáculo a nivel danzario fue ágil. Tal como sí se quisiera demostrar por todo lo alto las capacidades de un elenco que se mostró virtuoso. Estas intervenciones danzadas por Orozco Contemporáneo extendieron lo físico desde una objetividad pragmática: las combinaciones de movimiento y movilidad al centro de la composición o el movimiento en sí mismo sin una formulación semántica.

El concepto (como motivo) no jugó rol sustantivo en estas coreografías, un paso que tal vez parezca osado en estos tiempos donde se exige a los creadores llevar mensajes respaldados por razonamientos y culturas. Pero al fin y al cabo la danza es movimiento y no está mal defender su esplendor como motor primigenio y desligado de caracteres. Y existe el moverse como impulso que se convierta en desarrollo, que exprese, se interprete y se vuelva agradablemente efímero. El cuerpo en este caso fue mera ingeniería.

Por otro lado, considero que Orozco Contemporáneo aun trabaja en la formación de sus propios axiomas estéticos. Pero sus propuestas hacen cumplir esas convergencias de las que nos habló su directora. Un rol fundamental lo juega el talento de los jóvenes intérpretes que integran el grupo. Algunos vinculados a la Universidad de las Artes como alumnos o profesores. Otros son rostros que se han dejado ver en distintas agrupaciones cubanas y que ahora se suman a las creaciones de Liliet Orozco.

Le preguntamos a la joven líder de esta agrupación sobre su proceso de selección de los bailarines. ¿Cómo atraes a estos chicos a trabajar contigo?, ¿en qué se basa tu selección?

“No hago audiciones, Claudia Molinet, la asistente de dirección y yo, vamos a diferentes espectáculos.  Creo, además, que el talento que necesito no siempre está en la formación académica, sino en aquello que quiera hacer y perseguir el artista. De esa sensación nos nutrimos”, agregó Liliet Orozco.

Orozco Contemporáneo está en la escena cubana desde 2023. La compañía comienza a dar pasos firmes en el panorama escénico de la Isla y lucha por insertarse a los catálogos institucionales para completarse como ente de nuestro sistema de Artes Escénicas. Se han dado los primeros pasos y seguro que en breve podrán alcanzar esta meta.

Por su parte, Liliet Orozco afirma haber salido de Danza Contemporánea de Cuba (DCC) para “crear un espacio de arte para la gran familia cubana, como oportunidad para que los artistas ‘todos’ pongan su arte”.

Aunque agradece las enseñanzas adquiridas en DCC y a sus profesores y directivos, Orozco ha puesto en su propio foco en lo “multidisciplinario”, a través de lo que ella define como un “grupo de lo subconsciente” que hace el del espacio arte.

Fotos © Argel