Una todavía amplia cartelera de propuestas teatrales, danzarias, circenses, participativas, tanto para adultos como para un público familiar, se programa en las instalaciones teatrales habituales y en otros espacios alternativos en toda la Isla
Por Noel Bonilla-Chongo
“…creo en lo que está vivo y cambia…”
Ante esta realidad, se me antoja volver sobre un título usado hace diez años atrás y que hoy se acomoda para referir cómo este mundo (mundial) cambiante, va generando nuevos modos de ser en nuestro compromiso situado frente a la profesión de amar y cuidar nuestra escena. Sí, creer en lo que está vivo y cambia es razón inequívoca para seguir siendo puente oportuno entre los variados modos de asumir la investigación y praxis escénica en nuestro contexto. Temporalidades capaces en el tejido que se trama entre acumulados saberes académicos y oportunas emancipaciones; lapsos prudentes que, como herramienta estratégica y eficaz, vincula memorias, conquistas, hitos, trayectorias, deducciones, continuidades y, también, sus derivables rupturas.
En el año 2011, el teatrólogo francés Jean-Frédéric Chevallier, era distinguido con el “Premio Internacional de Ensayo Teatral”, convocado por el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU/INBA) y por Paso de Gato: Revista Mexicana de Teatro. El excelente ensayo lleva por nombre “El Teatro hoy: una tipología posible”. En él, Chevallier, nos advierte que en el quehacer teatral y escénico contemporáneo, las cosas se modifican y cambian, incluso, a veces por completo. Anota que muchas categorías teóricas y prácticas artísticas que uno hubiese pensado inamovibles, pueden desaparecer; al tiempo que especificidades aparentemente caducas, resurgen, y hasta con vigor reivindicado. Creo que se refería, en primera instancia, a esa condición intrínseca teatral de ir y mirar hacia dónde va la vida.
Hoy, en estos mismos días, cuando nuestros escenarios insulares sufren las privaciones de un presente marcado por la insolvencia de energía eléctrica para que la “magia” teatral ocurra, el Teatro y lo escénico se vuelve territorio re-enunciativo, no solo en lo temático de sus proposiciones artísticas, sino, más bien, en algo más concreto y pragmático, el de mantener el hecho escénico, la performance, el artificio, desde esa capacidad innata que tiene el teatro de ser “tipología posible” y conviccional de sus gentes (artistas y públicos). Y sí, asistir al teatro, ya sea para subir al plateau o para sentarnos en la platea, nos reafirma cuánto puede el arte para subvertir penas, privaciones, desconciertos.
Una amplísima y variada cartelera de propuestas teatrales, danzarias, circenses, participativas, tanto para adultos como para un público familiar, se programa en las instalaciones teatrales habituales y en otros espacios alternativos en toda la Isla. Se ajustan nuevos horarios, se comprimen los aforos, de adaptan condiciones y escrituras espectaculares, todo con el propósito de hacer vivaz el teatro. Hecho que nos demanda, a públicos, instituciones, hacedores y a la crítica especializada, a reordenar modulaciones, formas nombrantes, estrategias comunicativas, expresivas y de valoración.
Diría Chevallier que para pensar de manera más o menos adecuada estos cambios, por un lado, debemos inventar nuevas nociones, proponer terceras concepciones; por otro lado, reconsiderar la aceptación de las nociones y conceptos ya existentes, interrogar, redefinir sus zonas de aplicabilidad en el actual contexto teatral. De hecho, ambas estrategias no se excluyen, sino que coexisten, se combinan, se fusionan, aun cuando es pertinente distinguirlas, siendo objetivos en nuestros análisis respectivos, pues vale la pena eludir confusiones para brindar más rigor al ejercicio del criterio que podamos hacer.
Teatro y danza en una pluralidad de formas, gramáticas, vocabularios y obsesiones poéticas. Piezas escritas para un espacio convencional a la italiana que ahora viajan a un café concert, a un estrado distinto en espacialidad y proxemia, en acústica. Reacomodo de la enunciación vocal/corporal y colocación de la mirada de quien actúa y de quien observa. Y esos “detalles” no pueden descuidarse. Aplaudo a quienes, tras el apagón sorpresivo, han seguido “en situación” bajo la luz de linternas y celulares, “olvidando” los diseños de iluminación y trazado escénico previamente planeado y fijado; hay que reconocer la hazaña zapadora del momento. Apruebo, por igual, a quienes no han logrado hacer concesiones, no pudiendo adaptar la espectacularidad de sus propuestas al shutdown invasivo.
En un caso y en el otro, artistas y espectadores han tenido que sortear el momento para resituarse como artífices de un acto que sobrepasa sus roles designados de un lado y del otro. Aun así, apreciar y reverenciar el respeto a la profesión, al rol de turno, al ingenio salvador, se vuelve compromiso responsable y cierto, es vergüenza ganada. Parecería, para seguir inquiriendo en esas potencialidades cambiantes de lo escénico, que tanto artistas como públicos, juegan una nueva razón creíble y realista, la de ser sujetos/objetos activos de su presencia y modo de presentar auténticos; tanto para quienes han seguido bajo la mínima luz de teléfonos celulares hasta el fin de la pieza, como para quienes se han sentado en vestíbulos y jardines a conversar e intercambiar con los públicos ante un show cancelado.
Y es que, a esta altura del partido, después de tantas sujeciones y no menos desamarres, la escena se reafirma obsesivamente como espacio de franquicias y de permanencias. Teatralidades y danzalidades en sus múltiples vocabularios expresivos, alternancias poéticas y variaciones estéticas. Entonces, ¿cómo instrumentar mecanismos transformadores desde una concepción espectacular inquietante y sistémica, ante los retos, emergencias, contingencias, demandas y realidades tácitas que comprimen nuestra la creación escénica hoy?
Arte-Acción, cuando en movimiento y en cuestión se pone el modo mismo de organización de la práctica escénica contemporánea y sus variaciones exhibibles. Cuando ese cuestionamiento y ese movimiento retan el alcance de la taxonomía institucional, posibilitando mutaciones en las maneras de comunicar, movilizar y seducir sensibilidades. Si bien en las múltiples cualidades y modos de hacer del teatro cubano coexisten tendencias, poéticas y obsesiones tan variopintas, es voluntad del momento (para artistas, instituciones y públicos) replantear-nos la relación entre acción artística y producción, entre artisticidad y acompañamiento crítico, entre propuesta escénica y gestión cultural de la misma. Acción-producción, en tanto generación de productos, bienes y servicios, pero, sobre todo, como proceso de trabajo hacia la invención organizativa y re-edificante en los modos en que ella corteja la creación escénica.
No sé si, ante lo que está vivo y cambia del momento, las jerarquizaciones sean posibles, legales, oportunas. Aun así, desde la trazabilidad y rigor acompañante de los públicos y las instituciones, desde el compromiso situado frente a la profesión de amar y cuidar nuestra escena, desde otras modulaciones apreciativas del ejercicio del criterio o desde cuantas tipologías posibles se avengan a los tiempos que corren, queda celebrar esas teatralidades que hoy por hoy se hacen, profetizan, producen y emergen del imaginario y compromiso de nuestras creadoras y creadores escénicos a lo largo y ancho de esta geografía insular.
En portada: Imagen de la obra Lo que hablan las mujeres en el baño, del Estudio Teatral La Chinche, durante su temporada en El Sótano.





