Por Noel Bonilla-Chongo
“… no consiste en combinar palabras conforme a reglas establecidas,
sino en inventar siempre combinaciones nuevas y,
de este modo, poder presagiar y testificar lo que somos y lo que nos ocurre…”
Luisa Muraro en El dios de las mujeres
Hace casi cinco años atrás, justo cuando la emergencia pandémica de Covid-19 nos trastocaba la vida y nuestras rutinas más comunes y ordinarias, socialicé parte de los resultados parciales de una investigación que, al presente, ha devenido fértil e infinito cúmulo de experiencias multiplicadas. Se trataría de la puesta en circulación del dossier “DamasDanza(s), coreografías en trazos de mujer”, treinta entrevistas a mujeres de la danza donde procuraba capturar sus reflexiones a partir de la obligada virtualidad impuesta en aquel impasse y el consustancial alejamiento del cuerpo/carne que baila.
Hoy, en continuidad de la investigación, regresar a algunas de aquellas observaciones que marcarían el rumbo del propósito inicial, y sin dejar de ser médula vívida in progress, advertiría ahora nuevas señales para juntarnos en marzo 2026. “Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas” nos dejaría resignificar los insumos que todavía nutren el proyecto todo, al tiempo que seguimos perfilando el rumbo de la brújula que soporta el quehacer de principales damas nuestras dentro de expresiones artísticas y culturales, cual síntesis ejemplar de lo tanto implícito en ellas, en la Cuba de hoy. Despertar anteriores alianzas, forjar perspectivas inexploradas, formular nuevas preguntas y, también, nuevas y mejores respuestas a muchas urgencias para construir, colectivamente, esos reclamados nuevos horizontes que el arte y la cultura procuran, en proyectos intersectoriales de “nuevos futuros”, volverían a generar esperanzas y distintas (mejores) realidades.
“Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”, se genera en la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de La Habana (OHCH), con el acompañamiento de cómplices cooperantes del Centro Histórico habanero y de otras zonas y latitudes. Dos de los principales proyectos de cooperación internacional fueron decisivos: “Promoción del desarrollo territorial inclusivo, equitativo y sostenible de La Habana”, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), ejecutado de conjunto entre la OHCH, la Asamblea de Cooperación Por La Paz (ACPP) y el Movimiento Por La Paz, el Desarme y La Libertad (MPDL) y “Promoviendo la cultura como herramienta de transformación social en el Centro Histórico de La Habana, desde un enfoque de género, participación y sostenibilidad ambiental”, financiado por la Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad (AVCS) y ejecutado entre la OHCH y KCD ONGD.
Desde la ideación del proyecto y sin haber decidido la dinámica que seguiríamos, nos quedaba claro que “Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”, tendría la vocación de “inventar siempre combinaciones nuevas” para visibilizar, a través de su agenda, el importante ejercicio cotidiano de creadoras con una obra sólida y referencial en el panorama de las artes escénicas. Con ellas, desde la realización audiovisual, la danza y el teatro, sustentar las potencialidades en torno a las relaciones escena-género-ciudad, no fue extraño ni azaroso. Tres conceptos estrechamente ligados en el contexto de la cultura contemporánea, que entre nosotros está mostrando efectos y afectos ciertos; ejes que vectorizan los procesos de investigación, creación y puesta en acción de los modos de producción artística de las creadoras aquí reunidas y su impronta en la cultura y sociedad cubanas.

¿Cómo construir entre las grietas y subvertir la precariedad que se vuelve oportunidad para la emergencia creativa desde la reinvención situada? Acaso, ¿al centro de estos tiempos convulsos, asistimos a una nueva era para la danza, el teatro, el audiovisual, el arte y la gestión cultural? Ellas, allí expuestas, espiadas, auto-rebeladas con explícita franqueza, nos mostrarían “noveles” cartografías, cual mapeo pertinente y contrapuesto de lo escénico y su ineludible “territorio de rebeldía”. Con “Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”, en los fórums, diálogos y muestras artísticas, nos acercamos a emancipaciones, extensiones, prolongaciones del ideal renovador y la asunción del rol cambiante y generativo del hacer/rehacer para existir a través de sus creaciones. Sí, traspasando la noción de pieza bien faite que es la propia vida/obra de ellas en nuestro presente. La realizadora Lizzete Vila, líder del Proyecto Palomas, des/montaría ante los ojos del ojo observador sin pretender ocultar costuras ni dobleces, mostrando las cosas como son, que resistir no es acicate sin su dupla re-existir; o sea, dotar de nuevas y mejores significaciones lo que producimos en agencia, activismo cultural y transformación de nuestras gentes.
Junto a Lizzete, las realizadoras Niurka Pérez y Milagros Coromina, interpeladas por Katia Cárdenas, abrirían el ruedo de las jornadas del evento. Mujeres en un escenario multivocal que ahora cedía para escuchar el silencio de las palabras. Aquel silencio que se torna trinchera, jurisdicción, imagen, señal salvaguarda y creada por el mundo en sus narrativas culturales. “Cinematografiando nuestros universos”, sería la línea temática del panel inaugural. El asunto de las producciones y liderazgo femenino dentro de la industria del cine, la televisión, la producción audiovisual o el estadio de las plataformas streaming en nuestros escenarios nacionales. Sin llegar a la socorrida victimización de la mujer cuando se abordan asuntos de accesibilidades, poder, jefatura; cuando la emergencia de temas e historias alrededor del asunto sigue siendo no tan expedito, la empleabilidad de la mujer en el audiovisual, en una posesión que, sin embargo, continua altamente masculinizada, vibró desde las obras de las artistas.
“Volvernos teatro”, también como alegoría al título de aquella singular memoria del Festival Nacional de Teatro de Camagüey (compilación de Mercedes Borges publicado bajo el sello Tablas-Alarcos), fue el lema del panel que agrupó a notables artífices del teatro cubano hoy. Ellas, mujeres que desde su quehacer mantienen una sinergia participativa en varios escenarios del Centro Histórico habanero y que ahora, desde Habana Espacios Creativos, conectarían los ítems que movilizaron las tres jornadas de “Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”.

La teatróloga, profesora y gestora Isabel Cristina López Hanze, fundadora del proyecto multidisciplinario para las infancias La Vía Láctea, introduciría a las directoras teatrales Ederlys Rodríguez (La Salamandra), Irene Borges (Aldaba Teatro), Lizette Silverio (Estudio Teatral La Chinche) y a Agnieska Hernández, líder del colectivo La Franja Teatral. Todas, mujeres protagonistas activas de la escena teatral habanera y cubana de hoy. Con ellas, advertir cuánto puede el teatro en su conversión de la metáfora en clamor y certeza de lo escénico, traspasando habituales diatribas entre lo femenino y lo masculino, así como de las líneas transversales que garantizan una presencia serena y contumaz. Reflexionar sobre los vínculos colaborativos entre ellas, mujeres creadoras y sus acompañantes masculinos, parejas o cómplices laborales. Acentuar que, más allá de supuestas rivalidades estereotipadas, los itinerarios que hoy ellas exhiben desde sus creaciones, han sido posibles gracias a relaciones de apoyo y complicidad artística. Qué sería si no, el fragmento que la actriz Amanda Acosta, estudiante de actuación en la Facultad Arte Teatral de la Universidad de las Artes, (ISA), bajo la guía de su profesora Lizette Silverio nos ofrecería hacia el cierre del segundo día.
“Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”, estando en el inside de lo más interno y, también, en lo explayado de sus vecindades, nos abre ese gran cruce de caminos hacia una investigación mayor, multifactorial y multisectorial en progreso, donde se vinculan objetivos estratégicos de la Dirección de Gestión Cultural de la OHCH y las cátedras “Danzar.Cu” y “Estudio de la Mujer”, del ISA. Cómo los intersticios sobre la perspectiva de género en el tratamiento de lo escénico es razonamiento de una refracción abierta y diversa: el acceso, el consumo y la participación cultural, por un lado; del mercado laboral, el empleo del sector cultural y las profesiones artístico culturales, por otro. Del análisis y registro pormenorizado resultante en el fortalecimiento de las capacidades institucionales para promover la equidad de género y su transversalización en la gestión y educación patrimonial, en la producción artística, creativa y su encuentro con los públicos, estimando el enfoque de derechos y participación, son señales reveladas de nuestras ocupaciones. El acompañamiento especializado de la crítica, la asesoría y consultoría artística, operativos en la creación, las agendas de programación y difusión cultural del afán de nuestras mujeres en escena.

La igualdad de acceso y participación a la cultura entre hombres y mujeres es uno de los desafíos reconocidos por la UNESCO para combatir estereotipos negativos y limitaciones en la libertad de expresión. Las relaciones de género juegan un rol sumamente importante en la transmisión de conocimientos asociados a la producción cultural y al fomento de expresiones de creatividad. Y al igual que la creación de la Red Colaborativa de Mujeres en La Habana Vieja para promover el empoderamiento femenino y la igualdad de género, lo acontecido, esas producciones escénicas que referimos como felices partos post pandemia, de “Mujeres a escena”, es espacio para compartir metodologías de trabajo desde el cuerpo escénico como vehículo en la amplificación de modos seguros para habitar los espacios.
Y para cerrar con broche dorado los días compartidos, llegaría la danza como síntesis y convergencia. Un panel moderado por la crítica, profesora y gestora Mercedes Borges Bartutis, webmáster del portal Cubaescena, relacionaría los territorios y poéticas de cada una de las coreógrafas presentes. Isabel Bustos, líder de Danza-Teatro Retazos, Premio Nacional de Danza y fundadora del Festival de Danza en Paisajes Urbanos. Habana Vieja, ciudad en movimiento, tiene el mérito de haber favorecido un diálogo unívoco e imperecedero entre la danza y nuestro Centro Histórico habanero. Junto a ella, los modos expresivos, elocuentes y cualitativamente particulares de Lizt Alfonso, directora de Lizt Alfonso Dance Cuba; Eva Despaigne, fundadora y artífice del colectivo de percusión y danza Obiní Batá; Susana Pous, creadora de Micompañía en línea continuante de los que fuera DanzAbierta en el panorama de la danza cubana y más; la bailaora y directora de la compañía flamenca Ecos, Ana Rosa Meneses.

Mujeres en una escena de tantos cruces y caminos, de tantas porfías y apuestas. Ellas, al centro y también en las márgenes de un espacio total que conecta individualidades múltiples; la ciudad como reservorio de memorias que transitan las edades del presente y nos devuelve una Habana teatralmente danzante desde cada una y cada uno de sus hacedores. “Mujeres a escena: territorio en las industrias culturales y creativas”, zona visible para creadoras (consagradas y noveles / profesionales y amateurs) asociadas a varios programas de desarrollo, capacitación, promoción y circulación generados con anterioridad y que hoy van fortaleciendo nuevas dinámicas para extenderse hacia perspectivas más integradoras y de permanencia en el tiempo.
Fotos © Néstor Martí





