Marineros en tierra firme

Por Omar Valiño

La crisis mundial que el nuevo coronavirus trajo a los espacios culturales, ensañada con las artes del espectáculo, volcó una parte de la producción bajo confinamiento a las transmisiones en línea. Más de una vez lo hemos mencionado en esta columna con algunos ejemplos del patio.

Después de algunas intermitencias de normalidad, tan efímeras como el mismo arte del teatro, el alargamiento sin fin de la pandemia ha obligado a esa manifestación a experimentar con una modalidad que se va estableciendo como un «género» y que algunos, como el crítico Percy Encinas, de Perú, nombran ya, entre disímiles calificativos, teatro «tecnomediado». Y, por supuesto, con la fuerza de una presencia inevitable, comienza a estudiarse, precisamente, en coloquios por la vía virtual, como el sostenido hace unos días sobre varios temas entre creadores e investigadores latinoamericanos en la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, gracias a la organización allí del profesor peruano Luis Ramos-García.

Pero he aquí, entre nosotros, a Teatro Tuyo con su salto a la pista desde Las Tunas, es decir a la red, con Clownsicos, jocosa amalgama de clown y clásico para reverenciar y trabajar con la savia de paradigmas universales del arte del payaso, bajo la dirección de Ernesto Parra.
La cualidad distintiva está en que ya este no es un espectáculo preexistente en el repertorio y ahora filmado para transmitir por vía virtual, sino una puesta en escena concebida bajo pandemia y, por tanto, «puesta en código» donde el lenguaje audiovisual de destino y el escénico de origen y saber se tejen, como bien señala el especialista Alberto Estrada Segura, fiel seguidor y estudioso de la agrupación tunera, para ofrecer, de manera integrada, lo que podríamos denominar una «puesta en línea».

Clownsicos denota, en sí mismo, el uso del tiempo de aislamiento y la inmersión en las redes a favor de la búsqueda de información y el acarreo de materiales –música, fragmentos de filmaciones escénicas y películas, biografías–, para concebir y componer este concierto sobre la base de las figuras de Trompoloco-Edwin Fernández (Cuba, 1928-1997), el mimo Bip-Marcel Marceau (Francia, 1923-2007), Ferdinando-Jiri Vrstala (República Checa, 1920-1999), Charlot-Charles Chaplin (Reino Unido, 1889-1977) y el «Sol» Oleg Popov (urss-Rusia, 1930-2016).

Frente al lunetario vacío, solo los ojos de las cámaras de Tunasvisión a las órdenes de Dalgis Román y Eddys Crespo. Ante un solo de violín o el brillante final de una pieza por parte del ensamble musical, conducido por Ridel Mariño, extrañamos los aplausos del público. Ante la evocación, por parte de los actores Aixa Prowl, Alex Batista y el propio Parra, de un pasaje clásico de sus homenajeados, como el dueto con la muñeca de Trompoloco o el baile de los panecillos de Charlot, recordamos el murmullo de los espectadores. Ante las imágenes en pantalla de los malabares con las manzanas de Popov reclamamos los rugidos de ¡Bravo!

Ahora reaccionamos en silencio frente a la pequeñísima pantalla del teléfono móvil, sin contaminarnos del fervor colectivo. Pero, con efectividad, de otro modo, Teatro Tuyo y su amplio círculo de convocados para este gran proyecto, entre ellos la Compañía Infantil del grupo y la Escuela Nacional del Clown, nos demuestran que también navegan en esos lenguajes, que también son, como define la canción tema del concierto-espectáculo, marineros en tierra firme.

Foto de Portada tomada de Granma

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