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Lorna Burdsall evoca al Che Guevara

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Por Marilyn Garbey Oquendo

La bailarina norteamericana Lorna Burdsall (24 de marzo de 1928- 27 de enero de 2010)  llegó a Cuba enamorada de Manuel Piñeiro, quien se convertiría en el legendario comandante Barbarroja. Ella acompañó al maestro Ramiro Guerra en la gesta fundacional  del Departamento de Danza del Teatro Nacional. Bailarina, coreógrafa, pedagoga, directora del grupo Así somos, recibió el Premio Nacional de Danza en 2008.

Compartimos fragmentos de sus memorias, en las cuales evoca al Che Guevara:

Aunque curiosa a veces, nunca le preguntaba a Manolo (2) acerca de su trabajo. Pero en 1967-un año especial que el mundo entero recuerda a causa de la muerte de una de las figuras más importantes de la Revolución cubana, Ernesto Che Guevara- me pareció que había algo más que las usuales, misteriosas y tardías visitas a la oficina de Manuel en casa. Mucho más tarde me enteré que estaban  relacionadas con la última partida del Che para convertirse en un guerrillero en Bolivia. Para engañar a las autoridades de inmigración tuvo que disfrazarse de hombre de negocios uruguayo, y artistas del maquillaje y peluqueros entraban y salían en horas tardías mientras dormíamos.

La prueba final de la transformación del Che ocurrió cuando él exhibió el producto final a sus hijos antes de salir para Suramérica. Cuando su esposa Aleida lo presentó a los niños ninguno de ellos lo reconoció, confirmación de que el trabajo había quedado bien. Después de lo que pareció ser unos pocos meses-pero en realidad fue un poco menos de un año-el 8 de octubre de 1967 el Che fue capturado y asesinado al día siguiente, por un sargento boliviano embriagado cuyas órdenes vinieron del agente cubano-americano de la CIA, Félix Rodríguez. Guevara dejó de ser un extraordinario ser humano y se convirtió en leyenda. El Che valoraba la importancia de la historia. A su muerte, la soldadesca boliviana escamoteó su diario y amputó las manos con que lo escribiera. De alguna forma, con la colaboración de un alto funcionario del gobierno que simpatizaba con el Che, llegaron a Cuba las manos y una fotocopia del diario. Todos sus libros, muchos escritos y cartas, incluidas las que dejó a su esposa e hijos, se publicaron a raíz de su muerte y se han convertido en trascendentales recuerdos y un compendio de su personalidad. Siempre recuerdo la visita que el Che  hizo a nuestra casa una noche de 1963 cuando mi hijo era un rollizo niño de seis años. En ese entonces su mente estaba ocupada con su nuevo cargo de presidente del  Banco Nacional de Cuba, y cuando él saludó a Kahlil le dijo: ¡Me gustaría tener tu peso en oro!

Cuando el diario del Che, escrito en español, llegó a Cuba, era urgente traducirlo al inglés, por lo que me sacaron del estudio de danza y me llevaron a un “confinamiento solitario”, mi casa. En cuatro días, junto a unos pocos amigos angloparlantes, incluida mi entrañable Christine, por entonces profesora de psicología en la Universidad de La Habana, lo tradujimos en tiempo récord con el objetivo de que fuera la primera publicación en inglés de lo acaecido en Bolivia. Entre tanto, debido al secreto con que se cumplía la tarea y para desaliento del personal de la escuela, fui reportada como enferma, algo insólito en mi saludable persona, que,  pese a tener una vez un tobillo fracturado iba saltando  desde el carro hasta el estudio. Y en otra ocasión en que un médico me ordenó dar descanso a mi voz afónica, yo continué enseñando en mis clases  mediante el lenguaje de señas.

Los días tristes sin el Che se tejían lentamente en la urdimbre de la vida, y retorné a la enseñanza y a la coreografía. Mientras perfeccionaba  A Noventa Millas, inicié un trabajo para mis jóvenes estudiantes de danza de la escuela, basada en la canción Now, acerca de los horrores del Ku Klux Klan, en el Sur.

1-Burdsall, Lorna: Más que una nota al pie.pgs 251-252. Ediciones Unión, 2012

2-Manuel Piñeiro (14 de marzo de 1933-11 de marzo de 1998) Conocido como el comandante Barbarroja. Miembro del Ejército Rebelde. Apoyó las operaciones militares del Che en el Congo,  y luego dirigió las acciones que implicaban burlar a la CIA para lograr que el Che y su tropa llegaran a Bolivia.

Foto: Archivo Centro de Documentación de las Artes Escénicas María Lastayo