Loipa, una joya finísima

Loipa, una joya finísima

Por José Omar Arteaga

Loipa Araújo cumple hoy 80 años de vida, una cifra nada ordinaria cuando se ha dedicado prácticamente toda la vida al arte de las puntas, lo que ha posibilitado que sea este uno de los nombres inscritos en la historia de la danza cubana y que sea reconocida nacional e internacionalmente como una de las más prominentes bailarinas de todos los tiempos.

Con solo siete años, la pequeña Loipa Yobana Araújo Carruana, hija de un prominente médico y de madre maestra, comenzó sus estudios de ballet en la Sociedad Pro Arte Musical de la Habana (1948). En estos años de formación académica, primero en Pro Arte Musical y luego en la Academia de Ballet Alicia Alonso, contó con la presencia de sus grandes maestros, los iniciadores de la tradición del ballet en Cuba Alicia, Alberto y Fernando Alonso. Otra importante influencia pedagógica que encaminó a la joven en este arte fue León Fokine, en ese entonces asentado en Cuba, también tuvo como maestro al boricua José Parés, cuya formación provenía de la incipiente escuela americana. En 1955 la adolescente de 14 años realiza su debut escénico en la compañía de Ballet Alicia Alonso.

Ese mismo año, ante la decisión del gobierno tiránico de Fulgencio Batista de retirar los fondos gubernamentales a la compañía de ballet y la enérgica respuesta de la Alonso que trajo consigo la disolución de este colectivo que ya llevaba varios años cosechando lauros, Loipa acompaña a Alicia a los Estados Unidos donde se integró al Ballet Celeste de San Francisco y luego fue contratada por el Ballet del Teatro Griego de Los Ángeles hasta 1959.

Al volver a Cuba con la Revolución triunfante se organiza la compañía de ballet y se dispone la creación de las escuelas de arte, entre ellas la de esta especialidad escénica. Loipa de inmediato integró las filas del Ballet Nacional de Cuba donde alcanzó el rango de solista en 1962 y en el año 1967 le fue otorgada la categoría de Primera Bailarina.

Su carrera despegó con fuerza, no tardaron los reconocimientos cuando en fecha tan temprana como 1965 obtuvo la medalla de oro en el II Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria y cuatro años más tarde, recibía la medalla de plata en el Concurso Internacional de Moscú.

En 1970 le fue otorgado por el jurado del Festival Internacional de Danza de París el Premio Estrella de Oro a la Mejor Bailarina del evento. Fue el crítico inglés Arnold Haskell, uno de los más influyentes en ese oficio en la época, quien la enmarcó entre estas “cuatro joyas” del ballet cubano, junto a Mirta Plá, Josefina Méndez y Aurora Bosch.

Como bailarina, la Araújo era excepcional, se caracterizó por el dominio de la técnica, el cuidado del estilo, los detalles, el estudio de cada personaje que encarnaba. No sólo esta cuestión destacó en Loipa, también poseía una presencia escénica y una fuerza interpretativa que la hicieron admirable no solo en los clásicos, sino en las creaciones contemporáneas que defendió con la entereza profesional que la ha caracterizado siempre.

Loipa Araújo y José Zamorano en Conjugación de Alberto Alonso. Foto tomada de Pinterest.

Piezas como Conjugación (1970) de Alberto Alonso, así como en Tarde en la siesta (1973) y Paso a tres (1976) de Alberto Méndez entre otras, fueron parte de su repertorio artístico. Además de las obras cubanas, también bailó otras de importantes coreógrafos internacionales como Webern Opus 5 de Maurice Béjart y Notre Dame París de Roland Petit.

A partir de su interpretación del rol principal en este ballet de Petit, el crítico Antoine Livio escribió en 1974:

Loipa Araújo es Esmeralda. Medio Lollobrigida, mitad Zizi Jeanmaire y dotada de una técnica a toda prueba, ella hace vibrar la atmósfera: toda la compañía parece participar de ese encantamiento. Pequeña y fina como una llama, como un golpe de fusta, Loipa Araújo está tan admirablemente proporcionada que uno queda mudo de admiración ante todo lo que realizan sus delicados pies tan bellamente cambrés.

Uno de los momentos memorables en la carrera de la Araújo fue la gira que realizó con Los Ballets de Marcella por la Unión Soviética, donde pudo mostrar su arte en importantes ciudades como Leningrado, Moscú y Odesa.

Algunas de las más prestigiosas compañías del mundo contaron con la presencia de Loipa, entre estas se encuentran el Ballet Bolshói de Moscú, el Real Ballet Danés y el Ballet Internacional de Caracas, Ballet del Siglo XX con Maurice Béjart entre otros renombrados colectivos danzarios.

Aunque tuvo compromisos internacionales, Loipa nunca dejó su compañía de ballet de Cuba, como ese compromiso sagrado con quienes la formaron como artista. Regresó a La Habana en 1974 para el montaje de La Bella Durmiente del Bosque en versión de Alicia Alonso, donde interpretó el rol protagónico de la princesa Aurora.

Otra de las aristas que hay que reconocer en esta mujer de la danza cubana, es su dedicación a la pedagogía, su labor como maitre ha sido de vital importancia para la formación de grandes bailarines de este país que fueron forjados en la escuela cubana de ballet, algunos de ellos en arenas internacionales. Además de este arduo trabajo en el Ballet Nacional de Cuba, ha brindado sus conocimientos en importantes plazas como el Teatro La Scala de Milán, el Real Ballet Danés, el Royal Ballet de Londres y el Teatro de la Ópera de París.

Loipa Araújo, con una extensísima trayectoria, es merecedora de la Distinción Por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier, la Orden Félix Varela, la Distinción Por la Cultura Nacional, la Medalla Fernando Ortiz de la Academia de Ciencias de Cuba, el Título de Doctora Honoris Causa, por la Universidad de las Artes y la condición de Miembro Emérito de la Unión Nacional de Escritores y Artista de Cuba.  Le fue otorgado en 2003 el Premio Nacional de Danza junto a Aurora, Mirta y Josefina.

«Las 4 joyas» junto a Alicia Alonso. Foto tomada del Portal Cubarte

Ostenta además galardones internacionales como la Medalla al Mérito Danzario del Consejo Brasileño de la Danza (1990), la Orden Nacional de la Legión de Honor en el grado de Caballero, otorgada en 2010 por la República Francesa entre otros reconocimientos a su labor artística.

Llegar a los 80 con el sabor de tantos méritos artísticos es un orgullo, con una labor desplegada por tanos años de compromiso total con el arte.

En cierta entrevista para la televisión Loipa expresó: “No sé que joya seré”, refiriéndose al apelativo con el que son conocidas ella y sus compañeras. Sin dudas una joya finísima, una mujer cubana y universal, exponente fiel de la más sublime forma de la danza.

Foto de Portada: Tomada de la revista La Jiribilla

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