ISLA ADENTRO: SOBRE UNA OBRA DE TEATRO, NO LA VERSIÓN DE UN FILME

ISLA ADENTRO: SOBRE UNA OBRA DE TEATRO, NO LA VERSIÓN DE UN FILME

Por Carlos Gámez

Ya tenemos otra vez al grupo La Isla Secreta con un estreno. Ya Soledad 308, vuelve a su público que piensa, que reflexiona sobre el futuro de su país, que se levanta de su cojín o banco, después del último parlamento, y decide conversar con los actores, o taladra su mente; porque esta vez, un cuento de hadas trastocó su noche sin ser American Horror Story.

Las obras de teatro que se presentan hoy necesitan buscar su guijarro. La escena cubana vendría a ser la orilla de ese mar que es la abulia de nuestra vida cotidiana, y los guijarros serían la salvación, la tabla del náufrago que todos anhelamos. Jardín adentro es el más reciente espectáculo de La Isla Secreta, otra vez dirigido y actuado por Lola Amores y Eduardo Martínez, con la asesoría de Isabel Cristina Hamze.

La puesta en escena narra, -si este verbo fuera suficiente cuando hay más de una acción que responden a otras nominaciones como evocar, enfrentar, citar, violentar, seducir- la historia de una joven y un joven que se ubican en el cuento de La bella durmiente del bosque, sin tener las hadas ni el aparataje de los padres de la princesa en escena. La historia sirve como pretexto para lanzar sus ideas, para enunciar la tesis de su obra como alegato artístico, como expresión del compromiso de los intelectuales que son.

Pero también la obra es un divertimento cruel, una broma aguda sobre las condiciones de vida de un pueblo, de un país, quizás de una raza humana. La puesta analiza un modus vivendi sin nombrar tierra alguna, donde sus habitantes han sido hechizados y flotan, o se van de fiesta “al limbo”, mientras esperan la llegada de un príncipe que los rescate. Pero lo cierto es que no llega un caballero en dorada armadura, ni se bate contra un dragón, pues quienes vieron el anterior espectáculo de La Isla Secreta saben cuán lejos están de tales fantasías, mas pudieron constatar la seguridad y credibilidad con la que enfrentan sus fábulas. Esta vez continúan por ese camino, que es de una veracidad posible en el estado dimensional de sus mentes, que son nuestras raíces, lo que nos mantiene fijos a la vida común de los mortales.

La historia vuelve a los referentes nacionales de pensamiento, investiga la literatura cubana para convocar a sus personajes: un hada, una princesa y un príncipe; e inspirados en el pasado, contar su fábula. De ahí debemos partir si queremos leer la función desde unos códigos sólidos del imaginario nacional.

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972) es un director de cine que cuenta en su filmografía con la película Mar adentro (2004), sobre Ramón Sampedro, un marinero que se queda tetrapléjico tras un accidente. La obra no es una referencia a esta historia, siquiera está en sus fuentes de investigación, pero por casualidades, el hechizo que sufre el pueblo bajo las raíces de marabú que lo inmoviliza, tiene el mismo efecto sobre el sujeto. Por lo tanto, la tetraplejia puede ser una inmovilidad en el pensamiento, en la mente, en el control cerebral de una masa poblacional, sin que medie ningún personaje de X-Men.

Jardín adentro 3

La nueva obra de La Isla Secreta es un espacio diferente dentro de su vida estética. Con esta propuesta podemos delinear su camino ya con mayor facilidad: hay una intensión antropológica, hay un trabajo con la máscara, hay una investigación sobre las Cuba pensada por los intelectuales, y hay una referencia a la Cuba prometida por Colón: la Tierra más bella, la amada por sus habitantes, aunque no puedan salirse.

Las primeras funciones realizadas de esta obra son el avance de un proceso que tendremos en cartelera próximamente. Son la primicia de una historia que muchos escucharán en el futuro: la de un jardín que domina, que crece en el interior de sus cultivadores y luego se expande como las plantas silvestres, sin pedir permiso, poblando todo espacio libre hasta asfixiar el terreno fértil y convertirlo en colonia.

Jardín adentro merece la visita de quienes se debaten sobre el presente como una realidad sin alegrías. De eso da fe la princesa de este cuento, que como Dulce María Loynaz, prefiere su jardín a las tardías esperanzas del héroe, dictador de discursos que no la seducen.

Debemos hacer un aparte para el diseño de vestuario que otra vez llega a partir de materiales re-utilizados. Y esta singularidad va construyendo un denominador común en la estética del grupo: lo artesanal del teatro, la necesidad de elaborar cada hebra del vestido del hada, o cada medalla en la armadura del príncipe. Los maquillajes también funcionan como la extensión de los vestuarios que son. Cada personaje asume una caracterización desde la visión de sí mismo, por eso la máscara como expresión macro de las filigranas elaboradas con la luz y el sonido. Porque hablar de Charles Perrault precisa de la indumentaria que sus palabras evocan.

Jardín adentro 1

Cuando fui por primera vez a ver Oración, el espectáculo anterior de La Isla Secreta, tuve la impresión de tener sus orígenes demasiado cercanos. Hoy, después de haberlos entrevistado, de tener un texto sobre la obra y de investigar sus pasos, sé que sus orígenes nunca faltarán y lo agradezco. Porque las raíces no desaparecen por el beso de nadie, o por el grito chocante y estremecedor de una “edición especial” de Shrek en Centro Habana.

Jardín adentro es la nueva puesta de Lola y Eduardo. Ya no hay una tertulia dramatúrgicamente programada, pero el público se queda, ella hornea galletas, y los miembros del grupo intercambian con los que han seguido aquella provocación que hoy es costumbre. La obra viene de la ficción para transmutarse en la crónica de una vida lastrada, de una prisión mental que sólo es detectada por los que se atreven a violentarla.

 

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