El pino (Blanco), el bosque y el teatro nuevo

Por Liset Prego Díaz

Hay adultos que no saben escuchar las voces infantiles, que no respetan el llamado definitivo de la vocación y el talento, incapaces de reconectar con su niño interior, para ser empáticos con los infantes bajo su cuidado; personas mayores tan necias como para percibir que no hace falta crecer para saber qué queremos ser y cómo. De esto nos habla Nelson Beatón, ganador del premio de Dramaturgia para niños y de títeres Dora Alonso, en 2020 y lo hace desde su pieza de teatro Blanco.

El joven holguinero estudiante de la Universidad de las Artes, se apropia de un texto de Hans Cristian Andersen para devolverlo hecho, no la metáfora dolorosa o la moraleja terrible, como las que acostumbramos encontrar en los textos del icónico danés, sino la presencia del niño, su necesidad expresiva, la indefensión del sueño reprimido por las dispares relaciones de poder ejercidas dentro de la familia, la violencia como mordaza para no dejarle ser.

Sobre el nacimiento de su pieza de teatro y los caminos que hasta hoy ha recorrido, nos revela el joven holguinero, quien asevera que Blanco es un texto nacido en el Seminario de Dramaturgia en un aula de tres personas, bajo la vista del profesor Yerandy Fleites Pérez. Es una pieza musical, una suerte de réquiem a las inconformidades que terminan por cambiarnos de forma, de parecer.

Comencé a partir de varios ejercicios que potenciaban la dinámica de escritura, como caracterizaciones de los personajes a partir de monólogos y luego tratar de ubicarlos en escena.

En el cuento de Andersen se narra la historia de un pino que vive en un bosque y siempre tuvo aires de superioridad. En Navidad es cortado y llevado a una residencia. Esa noche es colmado de regalos y se siente parte del festejo, rey. Luego le son arrancados los regalos y es llevado al desván, donde comienza a secarse. Allí conoce a unos ratoncitos y les cuenta su historia, más tarde es sacado del desván, lo hacen leña y terminan lanzándolo al fuego.

En mi versión me interesaba tocar temas como la soledad, la nostalgia, la incomprensión hacia el mundo de los infantes, ese problema de tratar de elegir qué y cómo quieres ser cuando la familia impone una manera de ser y comportarse.

No me interesaba que fuese para títeres. Hay algo con el teatro para niños, que lamentablemente cuando uno le habla de él a las personas, piensan o se van al teatro para títeres, y no me interesaba en lo particular, es para actores. Aunque también puede ponerse algún tipo de esperpento, títeres todo tendrá que ver con la puesta en escena del director.

En cuanto a la estructura explica el autor que está sustentada por dos actos, dos partes. La primera se desarrolla en el bosque Blanco donde vive Hans el pino, que aún no se llamaba así, y la segunda es en la casa de las personas del pueblo.

La obra tiene un motivo musical que es Claro de Luna o Quasi una fantasía, de Beethoven, tomo la estructura de sonata.

Aunque el teatro para niños pueda ser entendido por algunos expertos o parte del público como una suerte de hermano pobre del teatro que se hace para adultos. Hay en él y su ejercicio igual porción talento e ingenio y así lo deja entender Beatón:

Hay que apostar por el teatro para niños, aunque haya quienes lo subvaloran, pero ¿qué mejor manera de empezar a estructurar una forma de pensamiento que desde la niñez? ¿qué mejor forma de aportar, de tratar de enseñar?, ¿y qué mejor recurso que el teatro, que se mueve en ese mundo espectacular y en esas dinámicas, no solo de entretenimiento, sino también didácticas?

Creo que el teatro para niños gana bastante en eso que también el público que asiste a las puestas es un público heterogéneo, porque los adultos que van con ellos al teatro también la recepcionan desde otras ópticas.

Blanco ya ha estado en la escena. La obra tuvo una especie de lectura en escena y nos dio la posibilidad de experimentar el texto desde una lectura dramatizada que nos permitió confrontar con el público. Esto se hizo con el grupo Medea Teatro, de La Habana, que integramos estudiantes del ISA, y se puso en el Festival de las Artes, en 2019.

También en México, por el grupo La Jauría Teatro, en la Universidad de Veracruz, fue puesta como una lectura dramatizada, gracias a Pepe García, el mismo que la dirigió acá, a quien le agradezco.

Quiero destacar los diseños de Massiel Teresa Borges, estudiante de Diseño de tercer año del ISA, que además interpretó al Pino en la lectura, y la ayuda de las personas de la sala Adolfo Llauradó, la Universidad de las Artes, al profesor Yerandis Fleites, por habernos impulsado a escribir este tipo de textos y apoyado en la escritura, a Iván Fernández, el compositor que a partir del segundo movimiento de Quasi una fantasía hizo una reinterpretación.

Además, a Yudd Favier que también nos abrió la puerta a ese mundo del teatro de títeres y para niños, y sobre todo el cubano que tiene un hueco inmenso en los 90 luego de que se vedara la obra de los hermanos Camejo.

Nelson Beatón entrega con su texto un recurso para llevar a la escena la mirada del creador que ve al niño desde una relación de horizontalidad en tanto individuo. Del cultivo de relaciones armónicas y de cultivar la sensibilidad desde el respeto.

De Blanco ha dicho el jurado es una metáfora escénica que propone desde su construcción eminentemente poética, una mirada a temas que validan el poder del ser humano y su existencia. Lleno de símbolos, estructurado de manera eficaz, y con un lenguaje provisto de una fuerza dramática, es un texto hermoso (…) nos habla de la creación, de la fe y persistencia, de otro tipo de relación entre padre e hijo, de la defensa de los sueños. Es un texto complejo que impone caminos novedosos de exploración en el teatro para niños y jóvenes en Cuba.

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