Santiago de Cuba tiene una matriz cultural marcada por las tradiciones afrocubanas la ritualidad popular, musicalidad urbana y otros elementos del espacio callejero como el carnaval, lo cual genera un espacio simbólico donde ritmo y representación devienen inseparables.
Esta configuración ha propiciado que las manifestaciones escénicas desarrolladas en la ciudad integren. Un fuerte entrenamiento corporal en el trabajo actoral al tiempo que las compañías danzarias trabajen desde la teatralidad, la dramaturgia del gesto y la performatividad.
En este entramado se inscribe, el Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra, uno de los colectivos artísticos más joven del Consejo Provincial de las Artes Escénicas. Bajo la dirección de Juan Edilberto Sosa Torres, el grupo articula en su praxis creativa núcleos conceptuales que responden a la corporalidad, la hibridez escénica y el anclaje comunitario.

La escena se concibe como espacio de experimentación, más que como un producto terminado, el espacio reducido —La caja negra— respondiendo a su propio nombre, concentra la energía en la presencia del cuerpo y la relación directa que establece con el espectador.
Desde la perspectiva de Erika Fischer–Lichte (2004), el acontecimiento escénico emerge en la copresencia transformadora entre actores y público; en este colectivo artístico la copresencia se intensifica con la proximidad física que elimina distancias jerárquicas y activa la percepción sensorial ampliada.
En el contexto santiaguero donde las practicas escénicas dialogan con problemáticas sociales, el Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra aporta una dimensión introspectiva: el cuerpo del actor se convierte en espacio de tensión, vulnerabilidad y resistencia.

Desde esta perspectiva conecta con la noción de “comportamiento restaurado” de Richard Schechner (2012), entendida como conducta viva susceptible de ser reorganizada y recontextualizada en el acto performativo. En las propuestas del colectivo los límites entre representación y experiencias se tornan permeables.
En procesos creativos recientes se concretiza esta interrelación, los actores comparten una ética del entrenamiento y poética del gesto, donde la acción corporal deviene narración. No se trata de fusiones superficiales entre teatro, danza y música, sino de un intercambio orgánico que produce formas hibridas situadas entre lo narrativo y lo performativo, en consonancia la descentralización del texto.
Obras como Ofelia, Comerse la Noche, Penélope aserrando en televiche abordan temáticas vinculadas a identidad, marginalidad, el género y la memoria histórica. En ellas, palabra, movimiento y gesto se convierten en dispositivos de visibilización y resignificación simbólica.

La dirección escénica de Juan Edilberto enfatiza el trabajo en la desjerarquización de lenguajes, estableciendo un equilibrio entre texto, música y coreografía. El entrenamiento físico funciona como herramienta dramatúrgica, mientras la espacialidad intimista genera complicidad con el espectador.
Durante diez años han sostenido trabajos de investigación profunda que le permiten romper con convenciones teatrales tradicionales y expandir su dialogo hacia nuevos públicos y escenarios, reafirmando el compromiso desde el arte con su entorno social y cultural.
Bibliografía
Fischer-Lichte, E. (2004) Estética de lo performativo. Abdala Editores. (Madrid) España
Schechner, R. (2012) Estudios de la performace: Una introducción, México: fondo de Cultura Económica.
————————– (2011) Entre el teatro y la antropología. México: fondo de Cultura Económica.
Foto de portada: Porno de Juan Edilberto Sosa Torres. Foto © Rubén Aja





