Danzar.Cu, veinte años producción investigativa sostenida

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Por Noel Bonilla-Chongo

Si la investigación en artes es un tema todavía sujeto a discusión,

lo es aún más si ese arte es la danza…

Susana Tambutti

Transcurría el primer semestre del año 2005 y junto a la colega Mercedes Borges debatíamos la manera más eficaz de dejar estampado sobre algún soporte físico, real, tangible, visible, leíble, accesible, aquellos esfuerzos que desvelaban nuestras múltiples acciones que alrededor de la promoción, divulgación, desarrollo e investigación (diríamos hoy con seguridad total) de la creación en danza, veníamos haciendo por toda Cuba.

Surge así la idea de editar un boletín, un folleto, suerte de gaceta que testimoniara la insurgencia de un quehacer y pensamiento que tendría a la “teoría de la danza” como centro vehiculante de sus partes e itinerarios. Emerge el nombre de “Danzar.Cu”, combinación de la danza como manifestación o forma expresiva que en y desde Cuba pretendía volverse convocatoria plural, nacional y foránea; mientras que el punto entre Danzar y Cu (apocope de Cuba), se hacía eco de la emergencia que el “punto cu”, venía cobrando en el ecosistema digital del país.

Recuerdo que lo primero que hicimos fue pensar en el carácter de la posible publicación, en su alcance, características editoriales, periodicidad, en los contenidos y nombres de colaboradoras y colaboradores fundacionales. Recuerdo que cuando lo conversamos con el maestro Ramiro Guerra, le encantó la idea, dijo que contáramos con él, pero también nos advertía del escepticismo de garantizar la sistematicidad, y nos ponía el ejemplo del tabloide Toda la Danza, la Danza toda que él sostuviera con muchísimos sacrificios y esfuerzos por algún tiempo.

Entonces, después de bocetar, maquetar, darle razones y cuerpo físico a la idea; de conversarlo con algunas colegas de la Facultad Arte Danzario del ISA, de intercambios con varios líderes de proyectos editoriales similares en otras partes del mundo; después de sustentar y fundamentar la solicitud y afortunada aprobación del Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE, institución que asumió el financiamiento de la impresión, derechos autorales y amparó su puesta en circulación bajo el permiso ISSN de su boletín Entretelones), el número cero de Danzar.Cu, en formato tabloide, impreso en el Combinado de Periódicos Granma, salió al aire en los primeros días de 2006; hace ya veinte años.

En la nota editorial, que acordamos que Mercedes firmara, pues su experiencia formativa y laboral como periodista nos parecía más eficaz, se anotaba: el número cero de una publicación es como un salto al vacío. Siempre se hace difícil la arrancada cuando se trata de fundar un órgano impreso para dejar huella y que sirva de referencia a quienes luego llegarán.

Para llenar esos circuitos de silencio y cubrir una zona deficitaria en el panorama editorial de la danza cubana, surgiría Danzar.Cu. En principio, pensado con frecuencia cuatrimestral (asiduidad no siempre conseguida, por razones distintas) y con una estructura de secciones fijas. Abría con “A la barra”, dedicada a la noticia editorial y referencia a las efemérides danzarias más significativas del período; luego “Entrada”, era el plato fuerte donde se abordan aspectos teóricos, de pensamiento, firmados por creadores e investigadores de prestigio a nivel mundial; le sigue el “Adagio”, presentando entrevistas a figuras notables o emergentes en el mundo de la danza cubana e internacional; mientras que “Variaciones” contendría reportes, críticas y comentarios muy diversos dentro del ámbito de la danza; por último, la “Coda”, espacio para la difusión de convocatorias, noticias, promoción de publicaciones, textos, consejos útiles y prácticos para bailarinas y bailarines, etc.

2006 fue una época que la danza cubana exhibía gran variedad de producciones artísticas, de firmas coreográficas muy distintas en calidades y tipologías, de un catálogo de agrupaciones profesionales y amateurs con logros sostenidos, de una nómina copiosa de danzantes, tiempos de giras nacionales y programaciones atentas; aun cuando, no era menos cierto que la práctica coreográfica (tal como lo anotara Borges en aquella editorial), ya tenía zonas borrosas, desdibujadas. Allí donde antes aparecía un grupo de fuerza, diferente, atípico, singular, ahora figuraba una caricatura de lo que antes fue, grupos silenciados voluntariamente durante todo un año, etc.

Entonces, Danzar.Cu, siendo termómetro, medidor del acontecer, nacía en medio de aquel contradictorio panorama, donde creadores e intérpretes, todavía se siguen cuestionando para qué sirve teorizar sobre danza, y quiénes son los “indicados” para escribir una teoría posible de la danza.

De ahí que aquel número cero del tabloide, configurara su primer dossier bajo el rótulo de “Por una Teoría de la Danza”. Convocamos a un grupo de críticos, investigadoras e investigadores que representan varios puntos geográficos, algunos contestaron cordialmente y con puntualidad; otros se quedaron en el silencio más sospechoso. Aun así, el alumbramiento de Danzar.Cu fue sin dudas, un momento significativo en la historia de nuestra danza y que hoy, veinte años después de aquel parto, seguimos recordando como aguda celebración.

Lo que naciera del empeño de nuestra responsabilidad, compromiso y gestión personal/profesional, y que encontrara cobijo dentro de los programas de desarrollo estratégico de las instituciones (CNAE, ISA, Centro de Danza de La Habana o del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso), en la actualidad se resignifica como instancia productora de conocimiento atento, expandido, intencionado y renovado por estimular, acompañar la creación intelectual de las expresiones danzarias convergentes en nuestra Isla y desde ella hacia el mundo.

Quienes hoy, desde las páginas de Danzar.Cu (impreso o digital) nos enfrentamos a este gran reto, dejamos las puertas abiertas para la colaboración, para el ejercicio del criterio, las opiniones y puntos de vistas, por diversos que estos sean.

Hoy por hoy, Danzar.Cu, sigue siendo la “misma” publicación que naciera hace dos décadas atrás, pero es también la Cátedra Honorífica que, desde la Facultad Arte Danzario de la Universidad de las Artes, al paso de casi cuarenta años de la introducción de los estudios universitarios de danza en Cuba, se ratifica como instancia oportuna y sostenida para la investigación, promoción y documentación de la danza toda.

Y si bien, los resuelvos contenidos en la Resolución No. 90 / 2012 del ministro de Educación Superior sobre las Cátedras Honoríficas, legalizan la legitimidad de la misma, creería que nos ampara la legalidad poética de nuestros sostenidos resultados investigativos generados a partir de la producción científica de conocimientos del estudiantado y el claustro docente de la Facultad Arte Danzario, de los órganos científicos de la Universidad de las Artes, de las iniciativas formativas y de socialización de resultados en la gestión del Comité de Doctorado del programa en Ciencias sobre Arte, donde la danza y estudios danzológicos lideran significativas acciones académicas, etc.

Danzar.Cu, la publicación y la cátedra, sigue siendo esa apuesta incansable por la dinamización actualizada que estimula y visibiliza el arte danzario, al tiempo que se amplifica la indagación acerca de objetos de estudio, teorías, momentos, historias, aconteceres, de la vida y obra de personalidades artísticas e intelectuales destacados de nuestro país y de otras latitudes, en sus aproximaciones a la danza. Sigue siendo ese espacio donde la labor iniciática de Ramiro Guerra no dejará de ser vigía permanente, bisagra e inquieto desafío de los tiempos.

Tiempo (im)pertinente para insistir en la capacidad movilizadora de la danza toda para generar, para juntar creación, investigación, gestión, crítica, teoría, pedagogía; para juntar docentes, especialistas, expertos, profesionales, estudiantes, aficionados y públicos en pos de hacer relevantes los provechosos quehaceres que van hacia el desarrollo del conocimiento humano desde la praxis investigativa de la danza, y el necesario acceso a su producción investigativa científica sostenida.