Danza y Diversidades Funcionales, más allá de lo terapéutico

Por José Omar Arteaga

Quien baila toca al otro más allá de la piel; toca su peso y su olor, derrota las pantallas táctiles y borra las fronteras entre los cuerpos y las naciones.
Marianela Boán

El artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos expresa que: toda persona tiene derecho a tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad, gozar de las artes y participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
Teniendo en cuenta este decreto, todo ser humano sin importar raza, sexo, ideología o región tiene derecho a ser parte de la vida cultural y artística, además participar activamente. Aunque este precepto existe, la realidad dista de este ideal. La mayoría no tiene el acceso a esta llamada “vida cultural” y en menor medida a participar.
Las disciplinas artísticas, en tanto productos del ser humano, han estado históricamente en manos de una élite abanderada de sapiencia y cultismo, que dependiendo el período histórico, generalmente ha coincidido con las altas clases sociales.
La danza, en su decursar histórico, ha transitado por disímiles períodos donde ha transmutado sus lenguajes, teniendo al cuerpo como portador del movimiento, del gestus danzario. Este cuerpo danzante ha sido estratificado, construido, moldeado, entrenado y tras cientos de años de humanidad, se ha conformado el ideal que se ajusta a este arte.

Este es el cuerpo que encaja en los parámetros- cánones estéticos, el cuerpo que tiene unas prestaciones concretas, el cuerpo que hay que modelar, domar. Un cuerpo jerarquizado y sometido a estructuras tanto físicas como sociales, comportamentales, emocionales, estéticas y éticas. Un cuerpo subyugado a la normativa imperante de cada época, un cuerpo racionalizado en sus usos del tiempo y del espacio como expresa Michel Foucault.

La modernidad ha traído consigo todo un viraje de lo preestablecido, rompiendo normas y barreras entre las artes. Se desechan los tecnicismos, las zapatillas de punta y el leotardo, a la escena suben los cuerpos desnudos, no entrenados, mutilados, robotizados, el arte del performance invade desde los años 60 del pasado siglo para responder a las necesidades de una sociedad avant-garde, heterodoxa. La liberación del cuerpo supone una liberación de la danza, por lo que los ideales preestablecidos de cuerpo ideal, van a ser derrotadas para apostar por un cuerpo real.
En esta dicotomía cuerpo ideal vs cuerpo real ocurre la irrupción en la escena de las diversidades funcionales*, fundamentalmente de tipo físico-motoras.

Los coreógrafos y compañías profesionales se interesaron en las posibilidades expresivas de estas corporalidades (otras) no concebidas en el canon de la danza. En sus obras se sumaron no solo pies y manos, sino sillas de ruedas, brazos robóticos, ausencia de miembros, ausencia de visión, habla o escucha. Ejemplos fundamentales están en el trabajo creativo de Victoria Marks y Lucinda Childs. Una de las más polémicas coreografías que quedaron registradas por la cámara fue Outside In de Victoria Marks (1994), donde ocurre claramente esta interacción entre cuerpos, apostando por una diversidad en la escena y la kinesia danzaria.

Outside in. Victoria Marks y Margaret Williams. Foto tomada del blog oficial de la autora.

En estos años y desde un poco antes, comenzó un creciente interés en la exploración del movimiento con estos cuerpos diversos, surgiendo así un movimiento denominado Danza Integrada que ha encontrado su espacio y desarrollado metodologías a partir del estudio y evolución de la danza contemporánea y algunas técnicas como el contact improvisation y otras que operan rumbo al análisis y estudio del movimiento somático y otras alternativas que son aplicables al arte danzario. En esta búsqueda han habido iniciativas importantes, María Fux desde la Argentina desarrolló un método particular de danza para  la inclusión de las diversidades funcionales de tipo intelectual, así otros emprendimientos cuyos objetivos están encaminados a esta Danza Integrada o Diversa, como se comenzó a llamar ya avanzados los 2000.

El Síndrome de Down es una anomalía cromosómica que tiene una incidencia de 1 de cada 800 nacidos, y que aumenta con la edad materna. Es la cromosomopatía más frecuente y mejor conocida. (López, 2015, págs. 37-42)
Las personas con Síndrome de Down presentan características anatómicas y fisiológicas que las distinguen, portando cierto “tipo de cuerpo” que se distancia de las concepciones tradicionales del “cuerpo ideal” para la danza.
Estudios recientes en neuromedicina, prácticas corporales y somáticas han explorado las posibilidades y potencialidades de estas personas que han sido incluidas en compañías profesionales en el ámbito danzario de países como Alemania, Francia y Argentina entre otros que van dando pasos discretos hacia un movimiento de Danza Diversa que agrupa a todo tipo de personas más allá de sus capacidades físicas o mentales.

Danza Diversa y los caminos de la inclusión

¿Qué es la Danza Diversa? Es un movimiento inclusivo para todas las personas sin importar raza, sexo, género o capacidades físicas- psíquicas. La danza busca desde un lenguaje inclusivo que todos los cuerpos sean capaces de danzar, teniendo como precepto que los cuerpos pueden aprehender diferentes técnicas, pero también deben ser libres y seguir los impulsos naturales que están influenciados por los estados de ánimo, sentimientos y el temperamento, cuestiones que inevitablemente tamizan el movimiento.

Estas corrientes surgen como alternativas a una danza hegemónica que dicta normas y estratifica las corporalidades. Los cuerpos diversos necesitan y merecen adentrarse en el lenguaje expresivo de la danza, no solo como terapia física, sino con verdaderas intenciones artísticas.

El Síndrome de Down entre sus potencialidades cuenta con una forma de recepción de los conocimientos mediante estímulos, además de una frondosa imaginación y en la mayoría de los casos una sensibilidad al sonido y los colores. Es por eso que gustan de cantar, hacer incursiones con instrumentos y dibujar, también bailar y moverse libremente.

En Cuba se atisban algunas iniciativas por los caminos de la inclusión de estas personas con diversidad funcional. Las artes han sido una vía fértil para explorar todas sus potencialidades, el Psicoballet ha sido un estudio importante desarrollado por Alicia Alonso y la Dra. Georgina Fariñas entre otros especialistas, incluyendo no solo a personas Síndromes de Down, sino con otras diversidades funcionales. Asimismo, se han desarrollado otros estudios encaminados al acondicionamiento físico y a la danza como terapia, sin embargo, pudieran explorarse otras zonas que trasciendan lo terapéutico. Uno de los primeros ejemplos en nuestro país de Danza Diversa está en la creadora y bailarina Yanel Barbeito, joven con diversiades funcionales graduada de la Universidad de las Artes (ISA) quien realizó sus trabajos coreográficos con el Ballet de la Televisión Cubana y expuso sus trabajos en eventos como Danza en Paisajes Urbanos. Barbeito desde la danza contemporánea logró una manera particular de construir el movimiento teniendo en cuenta su cuerpo y el de los demás bailarines. Obras como Des- ahusios mayores, Construcción(e)l- están inscritas en el acervo creativo de esta joven.

Apuntes desde una experiencia personal

Hace unos años llegué a Cuenta Conmigo, un Proyecto Sociocultural Comunitario de personas con Síndrome de Down integrado por 11 jóvenes y adultas y sus madres. En un inicio la tarea era impartir el taller de Psicoballet, sin embargo, el descubrimiento de las posibilidades expresivas y la presteza para el movimiento danzario de estas féminas que integran el proyecto, me condujeron hacia un proceso de investigación en la danza encaminado a la implementación de un programa de danza diversa que tiene dos vertientes fundamentales, la primera en función de adecuar las técnicas danzarias a las corporalidades de las integrantes del proyecto; la segunda al desarrollo de la creatividad como vía para la creación coreográfica.

A partir de esta investigación he hecho estudios del movimiento corporal, la técnica cubana de la danza moderna ha sido asimilada por ellas de manera impresionante. El principio de contracción-release grahamiano, la búsqueda de la espiral, la fluidez, el cambio de peso, la caída- recuperación y otras cuestiones técnicas han sido absorbidos por estas corporalidades, cada una desde su fisicalidad.
Para el desarrollo de la creatividad se han implementado diversos ejercicios, ya sea exploraciones sensoriales, el uso de elementos escénicos, sonoros o pautas específicas contando con el recurso de la improvisación como forma principal para la creación.

Trabajo de creación coreográfica del proyecto Cuenta Conmigo. Foto cortesía del autor.

Esta práctica ha dado frutos, trabajos coreográficos como Corpo di verso, a partir de la interpretación de versos de diferentes autores cubanos, Bellas cubanas, tomando como referencia el tema musical La bayamesa de Sindo Garay, entre otros ejercicios que parten de su ingenio creativo.

Esta labor se ha llevado a cabo en conjunto con otra profesora que se ha dedicado a las técnicas del Psicoballet, complementando ambas prácticas que posibiliten una asimilación de diferentes lenguajes movimentales.

Es importante aclarar en este punto que los objetivos no persiguen adoctrinar los cuerpos atendiendo a esta u otra técnica danzaria, sino aportar elementos básicos que desarrollen estas potencialidades y aptitudes naturales.

La estudiante Romy Rodríguez de la Universidad de las Artes imparte Psicoballet al las integrantes del proyecto. Foto cortesía del autor

El período difícil que estamos pasando no ha amilanado a las integrantes del proyecto Cuenta Conmigo. Familias y maestros han estado en función de continuar el trabajo. Desde cada casa se baila, se canta y se hacen las obras plásticas. Las tecnologías han sido el medio, los grupos de WhatsApp, Messenger y otras plataformas han permitido compartir información, video clases, documentos, tareas o indicaciones que cada profesor envía y se toman con entusiasmo.

De muchas maneras ha afectado a todos esta situación, sin embargo, en estos tiempos ha primado la positividad y las energías puestas en seguir contando unos con otros, apostando por el amor y la sensibilidad de todas estas personas que constituyen una gran familia. El trabajo no ha sido sencillo, pero se ha logrado porque todas y todos sus integrantes han puesto su empeño para danzar, cantar y llenar de colores sus días. Para ellas la danza es ante todo una fuente de placer, también son innegables los efectos terapéuticos. Cualquiera de las manifestaciones artísticas son un motivo de felicidad, y esto asegura un interés hacia las artes como manera de expresión.

Cada vez son más ejemplos en el mundo, las personas con Síndrome de Down u otras diversidades funcionales de tipo intelectual o física conquistan los espacios les han sido negados, emprenden vidas independientes, estudian y se incorporan a la vida laboral. La danza, así como el deporte es una disciplina que exige un rigor físico y psicológico fuerte, no obstante, cualquiera de estas personas puede ser un profesional en esta arista, basta con una mirada por diferentes latitudes para notar el trabajo de diferentes compañías que apuestan por esta danza inclusiva. Es tiempo de replantearse los límites, derrocar prejuicios y aceptar la pluralidad de cuerpos, de capacidades y habilidades.

*El término diversidad funcional se acuña en 2005 y surge como alternativa a otros como  Discapacidad o Minusvalía, que por sus implicaciones semánticas pueden resultar discriminatorios o excluyentes.

Imagen de Portada: Pinterest

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