DamasDanza(s) Alejandra Díaz, Paraguay

DamasDanza(s) Alejandra Díaz, Paraguay

Coreógrafa, bailarina, maestra, Curadora, investigadora, gestora cultural independiente. Directora de Crear en Libertad: www.crearenlibertad.org

Danza de las Horas

La mañana huele a cascarita de limón.

La siesta a cáscara de naranja

la noche a cáscara seca…

Rubén Barreiro Saguier (Paraguay)

Silencio apagado pesado así de repente, para la vorágine, para el mundo, pero el silencio no existe siempre hay sonidos, en los pensamientos, en el aire, conversando con uno mismo, las casas hablan, el cuerpo emite sonidos, la urgencia de movernos, el cuerpo reclama, así como el chirriar de esos barcos anclados inmóviles, que claman por navegar el encierro oportunidad, quizás de ¿“crear una nueva normalidad”?

Lo cotidiano está más presente que nunca, la repetición, los sonidos, los aromas, los ruidos, encuentros con uno mismo, y uno, o los mil unos que habitan dentro de uno, empiezan a pasar por diferentes estados y situaciones. Desde recorrer la casa o departamentos en ir y venir, desde cambiar los muebles de lugar, desde hacer jardín para tomar aire y sol, balconear, hasta tumbarse y esperar que las horas pasen.

Pero, llevamos la danza, el movimiento, el ritmo en el cuerpo, en la sangre que urge por las venas, en el inhala-exhala de cada movimiento, en el que hacer, como producir, que crear, ¿cómo seguir? Y ahí aparecen esas horas y horas y horas y años de estar en la barra, en el suelo, en el aire, cambiando direcciones, cambiando de focos, cambiando de ritmos, de dinámicas, y entonces cada espacio, cada rincón la convertimos en escena.

Y cuando se puedo abrir el espacio a movernos en la ciudad, con restricciones, conviviendo con el peligro, con las bocas tapadas de colores, con la ausencia de un estado desorganizado, de un sistema de salud que te ampare, sin una esperanza de una medicación o vacuna que nos proteja, con compañeros que van cayendo al encierro de hospitales y que, por gracia de la energía de la vida, logran salir nuevamente, otros no, van migrando a otros universos.

Y uno se siente, desolada, impotente, como tan bien lo decía el poeta amigo la tierra roja y agrietada mis innumerables sangres enterradas.

Así en esta danza de las horas, y con ese aprendizaje de “se abre telón”, la vida se encarga de darnos otra dimensión, aquella de la sororidad, la sinergia en redes de ayudas, como un tejido de ñanduti en red (tela de araña): seguimos adelante desde lo virtual, festivales, encuentros, charlas, clases, reuniones, quienes llevan espacios colectivos, suman al entrenamiento cocinar para la venta y lograr pagar el alquiler de los espacios, otros estudios profesionales logran imponer una “marca” de clases por plataformas digitales, otros espacios, grupos o colectivos guardan sus pisos, telones, equipos en depósitos ya que se quedan sin espacio físico , compañías de reciente formación siguen sus ensayos limitando los días y tratando de cumplir al máximo con las medidas de seguridad, intervenimos espacios naturales, redescubrimos la propia geografía, se graba en videodanza, video para la cámara, el celular se convierte en una extensión de la mano y el movimiento para muchos, los docentes y estudiantes universitarios nos confrontamos a las carencias de equipos informáticos, o el costo de “conectar” por internet, y sin hablar del desafío de cómo continuar una carrera cuando en la familia se impone el trabajar de lo que sea para lograr el sustento diario…. Entonces el horario de clase migra a la tardecita -noche o la tarea se “filma en el patio, en la terraza o en el cuarto y se envía por wasap’, el desafío es seguir de algún modo u otro, pero, cada vez más cerca de cada familia, parecen los enfermos, y empiezan las campañas de ayudas, polladas, rifas, campañas por las redes sociales, soporte afectivo en largas charlas para los compañeros con efectos post-Covid, comprar a quiénes hacen sus propios productos, frutas y verduras de los mercados campesinos, o de aquellos que salen a vender por las calles…

En todo este tiempo, un año ya, en el cual casi nada, o muy poco estamos en los escenarios, que los teatros están cerrados, o que se logra abrir un par de veces para presentar una obra con público reducido, algo nuevo ha sucedido: hemos tenido tiempo, ese tiempo que no estamos en la sala de ensayo, en el escenario, en correr detrás de una producción, tiempo y urgencias vitales para repensar nuestra profesión, reunirnos y articular esfuerzos con instancias de la Secretaria Nacional de Cultura, y del Congreso Nacional.

Intentar trabajar en el diseño de políticas públicas para la danza, los bailarines de la compañía oficial por fin tuvieron un seguro médico, logramos empujar y trabajar con otras organizaciones de las artes en un equipo impulsor de una ley para un subsidio a los artistas y trabajadores el arte ante la veda cultural. participar en numerosas charlas, webinars, etc., en redes de festivales, en plataformas para la danza, en mapeos de espacios culturales, recuperar la memoria de vidas de grandes artistas y sus obras, digitalizar, abrir y difundir archivos a los cuales antes solo se podía acceder viajando a los países y lograr acceder a las fuentes, postular a fondos de emergencias, y así, “siempre el motor creativo es tan grande, y la necesidad es tan grande”

Y así, cada tanto tienes que parar, a alguien hay que ayudar, o llorar, o simplemente contemplar la vida.

A un año de la pandemia esta “nueva normalidad” no es normal, estamos conviviendo con el miedo, superarlo, domarlo, porque las artes escénicas, el arte de la danza, necesitan del calor humano, de la aglomeración, de la energía electricidad con el público, del contacto con el otro, del abrazo y de la piel.

El formato digital es un complemento, un medio, que queda demostrado en plena crisis, ser un aliado para seguir abriendo puertas, derribar fronteras, abrir otros escenarios, pero jamás va a reemplazar la libertad del encuentro con el otro, las miradas que hablan desde el alma.

Al final de cuentas, la danza en Py de alguna u otra forma estuvo medio, aparentemente dormida, no por la creación en sí que existe y la enorme cantidad de bailarines talentosos, sino que no hay canales de puestas en valor de la creación… Que hace que las expresiones no puedan ser explotadas en su totalidad. Y así vamos andando, paso a paso, un día a la vez

Retengo, renuevo, recupero

el horizonte exacto de mi pecho,

por un atajo quedo,

un nombre susurrado

en voz muy baja,

una calle en penumbra,

la voluta del humo en la cocina,

el último pez atardecido

sobre el lomo del río.

Foto de Portada: Tomada delp perfil de Facebook de Alejandra Díaz.

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