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Ballet Español de Cuba, deja huellas en la geografía China

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Por Toni Piñera

Por segunda ocasión, el Ballet Español de Cuba (BEC) visita China. Esta vez, de la mano del espectáculo Yo soy Cuba, coreografía  inspirada en los “ladrillos” que conforman nuestra nacionalidad cubana, construida con esa rica mezcla que reúne lo hispano, africano, chino y lo autóctono de estas tierras caribeñas, en la que la magia se funde con el ritmo, la alegría, el colorido, y lo mejor de las tradiciones. Las ciudades Nantong, Taicang y Tongxiang, en la provincia de Jiangsu, fueron testigos ya de esta cruzada cubana repleta de emociones.

El elegante Teatro Gengsu Nantong, acogió el siete de junio la primera presentación  del espectáculo cuyo diseño coreográfico es de Eduardo Veitía, director del BEC, en colaboración con el maître Eddy Veitía (padre), y los bailarines Yessel Ramos y Daunis Noblet. Luego se presentó en los modernos Gran Teatro Taicang y Gran Teatro Tongxiang, respectivamente.

Esta obra resulta un trabajo artístico/danzario que se inspira en la música y la cultura en el Caribe, región de confluencias, y, principalmente en el mayor archipiélago de las Antillas.

Yo soy Cuba suma amor y elegancia porque, es un retrato de nuestras más caras tradiciones danzario/musicales, esas que se han forjado con la diversidad de ritmos, lenguajes, gestos y vida de los hombres y mujeres de varios continentes, a lo largo de cinco siglos, y que han desembocado en lo cubano.

Las distintas escenas (El bar, El solar, El malecón, El parque y El carnaval) diseñan una magia que cautiva al espectador. Junto con los primeros bailarines Claudia González y Daniel Martínez, el bailarín principal Eduardo Arango y el cuerpo de baile del BEC, así como los artistas invitados: Yessel Ramos, primer bailarín del Conjunto Folclórico Nacional de Cuba, y Daunis Noblet/Yankro Y.Jiménez, del Ballet Rakatan, se suma en la parte sonora el grupo musical acompañante Son D’Estilo, liderado por el maestro Enrique Collazo -director musical del espectáculo-, e integrado por otros cuatro excelentes músicos y cantantes, quienes con su quehacer, realzan la obra.

Ellos entregan un variado catálogo de sonoridad con boleros, rumba flamenca, jazz flamenco, sones, cha cha cha, rumba, bachata, danzones, danzonete…, que los bailarines interpretan con el fulgor, alegría y pasión de los cubanos, y una profesionalidad nata, que traspasa fronteras.

Se suman, los diseños escenográficos y el video mapping, de Tamine González, que aderezan la pieza con sus imágenes de La Habana y otros rincones de la Isla, así como el vestuario de Maray Pereda, que nos transportan visualmente a la nación caribeña y su rico folclor.

Este pedazo de tierra (Cuba) deviene un faro de culturas cargado de banderas, historia y vida, en el que reposan sueños mezclando razas y pieles, transformadas luego en un ARTE singular que atrapa desde todos los sentidos, con su música, danza, ritmo, fulgor y alegría.

Precisamente esa ha sido la inspiración del maestro Eduardo Veitía en Yo soy Cuba, que contagia al mundo con su alegría, llevando amor y amistad.

De esto habla la obra, que muestra, al fin y al cabo, retratos de nuestra nacionalidad, de nuestro pueblo, muy querido y admirado en China, a pesar de las distancias…

Cuando en el fragor de Yo soy Cuba pasan una tras otras las escenas, uno siente que respira en el Caribe. Es una magia que llega desde el tiempo, con el calor, la luminosidad y el espíritu alegre y contagioso del Caribe.

Pero, el acento fundamental de este espectáculo sólido, atractivo y desbordante de creatividad escénica, aparece antes de iniciar el último cuadro. Cambia el ambiente, el escenario viste el pasado, y pasean, cual recuerdos, ante el espectador signos y rumores del tiempo. Son los “ladrillos” fundamentales donde reposa nuestra nacionalidad, que cruzan de repente en una secuencia fina y emotiva, donde nada se olvida, y cautiva por el colorido, la música y el baile: lo cubano (Siboney), lo africano (Canto a Elegua), lo español (Mediterráneo) y lo chino (La Habana hermosa (versión china de una Habanera) como homenaje a los emigrantes. Y seguidamente El Carnaval donde todo confluye. Es la apoteosis. Las ovaciones. Un efecto de encantamiento que atrapa.

El próximo escenario espera en Shanghái.

Fuente: Radio Enciclopedia

Foto: E. Palomino