Por Andrés D. Abreu
Todos expresaron ser bailarines del espacio urbano, hacedores de hip hop y el arte de la calle. Algunos con formaciones colaterales en danza (popular y académica) o en artes circenses. Hacedores de espectáculos por voluntad de todos, por el deseo de crear entre colegas, amigos que se encuentran, suman, se integran bajo la visión y el liderazgo cohesionador del coreógrafo Mickaël Six, y asumen una intencionalidad común de sobrepasar la codificación estandarizada del hip hop al integrarlo en otras formas de moverse y expresarse con el cuerpo.
Así se ha ido definiendo, desde el 2011, la compañía francesa Bakhus, con el hip hop como fuente y herramienta útil que no deja de ser parte de la danza contemporánea que asumen y de lo que aporta cada bailarín convocado como vector de singularidad desde su individualidad: Marius Fanaca lleva en sí una herencia de bailes acrobáticos rumanos, Camille Masia viene de una familia de tradición artística general, a David Owel los vídeos de danza en la TV le entusiasmaron a bailar y desarrollarse entre batallas de hip hop. Sami Loviat tomó cursos teórico-prácticos de danza en la Universidad y encontró una visión de lo danzario marcada por la expresividad interior. Así, desprejuiciados de orígenes y formaciones, hermanados por el hip hop y guiados por Mickaël, se mueven desde el sur de Francia por el Mundo; y así llegó Bakhus hasta La Habana con su espectáculo Gaia 2.0.
La diosa griega madre del planeta sirvió de aura para crear, sobre la inquietud del desarrollo tecnológico, un espectáculo metáfora sobre la evolución de lo humano, acercándose hasta lo posthumano como interrogante. Organizado como una especie de desfile de imágenes-movimientos desde el accionar de la célula, base y soporte biológico de la vida, hacia ese hombre aumentado en los territorios de la realidad expandida por la imagen electrónica o “e-imagen”.
Gaia 2.0 se estructura desde una performatividad corporal que proyecta elementalmente en lo carnal una expresividad de lo animal en progresión hacia la humanización y socialización del ser, sobre esa corporalidad se apoya el uso de la tecnología (fundamentalmente del video mapping) implicado como apoyatura para trasmitir información, texto visual capaz de apuntalar ideas desde lo pictórico y hacer viajar la imaginación.
Entre los elementos más destacables del espectáculo está esa integración noble y coherente entre el cuerpo carnal danzante y el cuerpo imagen electrónico proyectado, recurso que sobrepasa en expectativas e interrogantes a otros momentos donde el trabajo multimedial se hace más paracinematográfico con el uso de las sombras proyectadas sobre el telón-pantalla de fondo.
En la conjugación de una dramaturgia apoyada en estos recursos audiovisuales se van anunciando conflictos como la dominación de un cuerpo humano sobre el otro. Desde la simulación de una danza interactiva, muy bien coordinada entre las acciones de los cuerpos carnales y los cuerpos imágenes electrónicos proyectados, se devela una interpelación a la dimensión de lo humano dentro de ese universo expandido más allá de la tierra y más allá del cuerpo biológico.
La utilización de la estructura cúbica lleva los movimientos hacia una acrobacia controlada, que, en principio importuna, pero que desarrolla a bajos niveles esa incertidumbre que se abre desde su construcción espacial habilitadora de otras secuencias de lo danzario ante el discurso ya planteado.
Con la vuelta a los efectos de paracinematografía, la utilización de linternas, dentro del espacio y el tiempo de movimientos escénico, la luz gana niveles paradanzarios en el desarrollo de lo coreográfico. Se acentúa el trabajo de sombras chinescas entrelazado con la proyección de imágenes audiovisuales hasta llevarnos a una escena de debate entre ese cuerpo humano carnal y su cuerpo imagen electrónico proyectado como una suerte de avatar empoderado y dominador.
La estructura cúbica regresa a las escenas de Gaia 2.0, no como espacio abierto, transparente, sino como lugar pantalla para la proyección de seres tecnologizados que, gracias a una correctísima trasportación en video mapping sobre los cuerpos carnales danzantes, se desplazan por el escenario, acercándose al público en hibridación metafórica, engendrando una especie de nuevo eslabón de lo evolutivo, seductor, cuestionable, ¿cierto o no?
Fotos Adolfo Izquierdo