Arte Danzario: por el placer de la investigación

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Por Noel Bonilla-Chongo

Sí, hay que investigar la danza y exigir una vigilancia extrema por parte de la comunidad de investigadores académicos de danza para seguir «inventando la profesión» de investigador y evitar que se defina y confine por las llamadas normas científicas, que, en mi opinión, son esencialmente un mecanismo de estandarización ideológica”.

Isabelle Ginot

En estos días de enero donde vamos haciendo repaso crítico del camino ya transitado, al tiempo que nos proyectamos nuevas metas y alcances, ojalá realizables hacia el futuro inmediato, en el terreno de la investigación, me queda claro que se impone traspasar fronteras transdisciplinares. Y, aun pudiendo parecer una obviedad, créanme que no es tal; más si esa investigación se realiza desde y en el terreno del arte, de la producción simbólica que emerge de diferentes áreas y prácticas de la creación y de ese cúmulo de conocimiento teórico, metodológico, “explicativo” que, en arte y cultura, hace rato viene mostrando crecimiento. Ah, podría decirse, reclamarse, que no es suficiente, que no se corresponde en equilibrio a la magnitud (que no es lo mismo que calidad) de la producción artística, que es incompleto y, en ocasiones, “bla-blatúrgico”, todo podría ser, no lo dudo, pero negar que se produce buen conocimiento “teórico” en/desde/a partir de la creación entre nosotros, sería inadecuado e insano.

Es así que celebro (más allá de la discreción del acto y lo restringido de su alcance) la reciente jornada que la Universidad de las Artes, ISA, realizara alrededor del Día de la Ciencia Cubana, centrada en la entrega de premios que reconocen los resultados investigativos académicos más notables. Ejercicios de culminación de estudios en pregrado y posgrado, así como otros rubros que transversalizan los currículos formativos y procesos sustantivos dentro de la alta casa de estudios, única universidad que en Cuba forma especialistas (artistas, creadoras y creadores, dentro de las prácticas profesionales de la música, el teatro, la danza, las artes visuales y audiovisuales, la gestión y conservación patrimonial) con intencionada preparación sensible, cualificada, singular.

Vivimos en tiempos de creciente producción de información y conocimiento, también en el terreno de la enseñanza artística; en ella, la educación se ratifica como recurso estratégico vital, no solo a lo interno del arte mismo y sus derivas curriculares formativas y expresivas, sino también para los procesos de desarrollo socio económico que tipifican su impronta en el comportamiento y emergencias del mundo actual. Y esas correspondencias evidenciadas entre educación y currículos formativos generales y propios dentro de las carreras de la Universidad de las Artes (si se quiere, lo inherente a la función tradicional de transmitir y adquirir viejos y nuevos conocimientos) y la visibilización e introducción de resultados tangibles (más allá de los márgenes perimetrales del otrora Country Club habanero), como contribución al fortalecimiento de los derechos de participación, autonomía, transformación y generación de accesos a la información, al arte y a la cultura, en armonía con estrategias institucionales de desarrollo, programaciones y agendas culturales, el quehacer comunitario y extensionista, bajo entornos de crecimiento sociocultural y económico sostenible, viene dando pasos en positivo.

Y aun cuando “el debate sobre la investigación en las artes”, al que nos exhortara Henk Borgdorff hace ya veinte años, sigue suscitando las interpretaciones más diversas en nuestro campus universitario, sus procesos académicos y modos de asumir la praxis investigativa alrededor y al interior del arte, es muy cierto que el ISA ha proseguido un camino progresivo, a pesar de circunstanciales cortocircuitos, buenas experiencias abortadas o deseos truncos. Quisiera ver, en los múltiples premios otorgados y recibidos, la apuesta hacia nuevas rutas científicas-artísticas más arriesgadas en sus planteos, procesos, resultados, impacto y reconocimiento en el campo cultural cubano. Ya dentro de las festividades por el 50 aniversario de fundada la hoy Universidad de las Artes, no dejo de creer en la importancia impostergable de sistematizar experiencias allí emergidas, de recordar nombres y momentos medulares en la historia de la institución, pero, aun así, siento que sería principal entender cómo producir, transferir, compartir, investigar y generar conocimiento y experiencias en la Cuba de hoy, tras cambios dinámicos nuestros y del mundo donde gravita el peso de esta isla.

Aquellas lecturas y discusiones que sustentaran los posicionamientos de Borgdorff y lo que él llamaría etiquetas, a modo de rótulo, sello, marbete para calificar dos modos evidentes, el de “práctica artística como investigación” y el de “investigación en y a través de las artes”, continúa bordeando nuestras miradas cuando analizamos proyectos presentados por quienes en pre y postgrado tienen a la práctica artística (en ocasiones la suya propia) como supuesto objeto de estudio, ya sea en ejercicio de culminación de estudios en la universidad o como aspirantura de ingreso al Programa Doctoral en Ciencias sobre Arte. Entonces, la alerta sigue vigente, por fortuna el debate no está acabado, solo que se requiere avanzar y rápido, pues la vida y sus retos marchan atronadores y cada día más veloces e implacables.

El encontrar modelos pedagógicos innovadores donde, por ejemplo, utilizáramos las potencialidades de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías de la información, fue requisito indispensable hace ya veinte años. Entonces, creamos laboratorios, proyectos de investigación en colectivos mixtos, fundamentamos nuevas disciplinas y asignaturas, y hubo hasta proyectos de graduación marcados por la más emergente tecnología en función de lo artístico. Hecho que nos serviría, por igual, para reevaluar la equidad, pertinencia y calidad de nuestros procesos formativos, educativos interdisciplinares, de cara a la dicotómica presunción de “revolución científica de la enseñanza” a merced de las “máquinas para enseñar”.

Nuevamente la hibridación, la mixtura y confluencias entre arte y ciencia, entre práctica y teoría, vuelve a la palestra de los debates sobre marcos metodológicos, epistemológicos, para presentar el conocimiento supuestamente “teórico”, ante maneras y estrategias docentes de concebir las “prácticas” artísticas. Y al centro, en las afueras y los adentros de este meollo, la bendita palabra: investigación. Solo que ahora también entendida como estrategia que transversaliza lo uno y lo otro, o sea, las teorías y las prácticas, el sistema curricular por disciplinas, asignaturas o módulos. Creo que, la investigación así tramada, para bien, es fortaleza y contrición en la claridad y calidad cualitativa del debate.

Facultad Arte Danzario, mejor colectivo

Así se distinguiría a la Facultad donde por más de veinte y cinco años he tratado, de conjunto con las y los colegas que permanecen y con quienes sin estar allí seguimos atentos, poner en acción el componente investigativo. Dicho de otro modo, recolocar, redimensionar mi (nuestra) profesión de docente-investigador universitario; pues, como diría la profesora francesa Isabelle Ginot, ser investigador en danza significa redefinir la profesión de investigador en danza cada día.

Agradecidas y agradecidos estamos por el premio recibido, hecho que como suele decirse, nos insta a superar lo conseguido y tratar de adelantar en aras de posicionar un pensamiento que, emergido de la praxis dancística y la enseñanza de la danza, desde la Facultad y la Universidad, ha de significar que nuestra labor deberá seguir basándose en la investigación y no confundirse con la que supuestamente realizan otros artistas y profesionales de la danza.

Al interior de la Facultad Arte Danzario, el proyecto de investigación institucional que nos junta en colectivo, sigue teniendo como eje transversal la producción de análisis, la sustentación de nuevas conceptualizaciones y marcos críticos tanto dentro de la práctica didáctica, metodológica, historiográfica, teórica de la danza misma, como en los procesos creativos, productores de obras coreográficas endógenas o exógenas. La cuestión “crítica”, es consustancial al enfoque del proyecto, sin ella, se correría el riesgo de confundir el reconocimiento del conocimiento práctico con su sacralización. Dicha integración del conocimiento práctico en los procesos de investigación también involucra una mayor vigilancia epistemológica; de hecho, el probable diálogo entre el conocimiento académico y el conocimiento profesional de/sobre/en/desde la danza no es evidente, y requiere seguir repensando constantemente sus referencias, contextualizaciones y usos verdaderamente operativos, no decorativos ni por empalagamiento teórico presuntuoso.

Quienes, a partir de nuestros proyectos personales/profesionales de investigación integramos el colectivo de investigadoras e investigadores de la Facultad, quienes fuéramos felizmente reconocidos por la dirección del ISA, no habitamos en una cápsula aislada, desligada del día a día de la danza cubana. Todo lo contrario, ya sea por otras responsabilidades, ocupaciones como docentes, gestores, artistas, consultores y asesores, etc., o por voluntad salvadora de sentirnos parte del gremio que somos. Nosotras y nosotros sabemos que solo en el camino progresivo de nuestras investigaciones, es que se podría aportar una dimensión mayor a nuestras propias y generales perspectivas.

Oportuno es referir que en la Facultad Arte Danzario conviven saberes, disciplinas, asignaturas, modos de entender el ser y quehacer dancístico desde los llamados “prácticos” y “teóricos” y, aun así, si bien la cuestión de la relación teoría-práctica sigue siendo central para todo y todos, también está vinculación ha experimentado una diversificación significativa. Tampoco podemos dejar de reconocer que en este camino de cuarenta años que distan de la introducción de los estudios superiores de danza en el ISA, la trayectoria y prácticas profesionales siempre han estado fuertemente influenciadas por las circunstancias, las oportunidades y los encuentros, y donde la intuición investigativa de muchas y muchos docentes ha jugado un papel fundamental. Sin embargo, creo observar una ética de trabajo que, habiéndose construido gradualmente, ahora me parece cuasi uniforme, equilibrada, muy a pesar de nuestras diferencias, gustos, preferencias, criterios, fundamentos, modos de sentir el peso de lo danzario y de la danza misma.

La Facultad que nos ampara

Este fue el titular de un artículo de años pasados, publicado también por Cubaescena, que como propuesta del colega Andrés D. Abreu ha servido para identificar parte de las acciones de socialización de proyectos de investigación y de creación, resultados parciales y cortes de los mismos en escenarios nacionales. Espacios donde el encuentro vinculante entre quienes hemos realizado investigaciones sobre/en/de danza conducentes a tesis de maestrías y doctorados, en otras como talleres, exposiciones de conocimientos y muestra de ejercicios o piezas coreográficas, incluso de lanzamiento de plataformas concursivas, de redes o eventos de mayor alcance (congresos, simposios, coloquios nacionales o internacionales), nos permiten ir aunando más las divergencias temáticas y sus operatorias de tratamiento.

Hoy por hoy, creería que, sin temor a equívocos inexactos, el posicionamiento epistémico de nuestro colectivo de investigadoras e investigadores, estaría marcado por el lugar que ocupa el conocimiento de las “prácticas de la danza” en nuestras referencias; aun para quienes no se formaron dentro del sistema de la enseñanza artística cubana, en sus niveles elementales o medio dentro de la danza, las artes escénicas o musicales. Claro, esta referencia no es exclusiva (más cuando nos nutrimos de diversos campos disciplinares), pero es central en la medida que el conocimiento sobre las “prácticas”, incide y favorece la organización de nuestras lecturas sobre otras referencias. En otras palabras, el conocimiento exógeno de numerosas disciplinas no tiene un estatus dominante en nuestro enfoque, ni mucho menos una autoridad superior.

Diríamos que en la Facultad que nos ampara, el “enfoque sistémico” unifica y organiza nuestro interés en una amplia escala de prácticas corporales, físicas, gestuales: técnicas de danza, prácticas somáticas, danzas y bailes sociales, etc. Este conocimiento del movimiento se concibe principalmente como “el conocimiento del danzante”: la kinesiología (con énfasis en la biomecánica, la fisiología y la anatomía, que, además es asignatura del currículo propio de todos los perfiles de la carrera); también se relacionan con el movimiento, forman parte de él, pero sin ser forzosos en nuestro enfoque, constituye un foco de atención en desarrollo.

Nótese en nuestro enfoque sistémico, la implicación de diversos métodos de trabajo: combinación de metodologías académicas tradicionales, en particular la investigación bibliográfica, con metodologías emergentes: desentrañar gestos, acciones, movimientos funcionales; analizar prácticas, describir procesos, experimentar directamente con prácticas observadas, categorizar prácticas, etc. Navegar entre diferentes marcos temporales y espacios (el salón de danza y la biblioteca, la conferencia y el festival). Colaborar con otros investigadores, pero también con artistas, educadores, profesionales, clínicos y con otros usuarios de prácticas corporales. Reconociéndolos como participantes plenos en la investigación. Nunca caer en la trampa de tratarlos a ellos y a su trabajo como «objetos» (cosas) de la investigación.

Desde la Facultad que nos ampara, vamos por un 2026 de nuevas apuestas: profesoras y profesores que avanzan en los cronogramas de sus investigaciones conducentes a doctorado; los entrenamientos específicos y cursos de postgrado en favor de ganar conocimiento “teórico” situado para hacer el proceso investigativo y escritural de tesis y memorias científicas y artísticas una instancia más parecida a lo que somos, hemos sido e, incluso, a lo que creemos y queremos ser en materia de arte danzario en esta tierra. Y en ella, seguir avanzando en la investigación como esa práctica artística cuyo propósito es aumentar nuestro conocimiento y comprensión sobre el objeto de estudio de las danzas, sus procesos formativos, creativos, de gestión, documentación, solo y solo sí de ellos emerge una consciencia crítica capaz de develar que “ser investigador en danza significa redefinir la profesión de investigador en danza cada día”.

¡Felicidades colegas, por nuestro merecido premio!

Danzar.Cu, veinte años producción investigativa sostenida