Salve, Maestra Olguita, llena eres de gracia

Por Esther Suárez Durán
El pasado día 12 se cerró la historia del Guiñol de Santa Clara, fundado en 1962, con la partida de la Maestra Olguita Jiménez, integrante junto a Allán Alfonso e Iván Jiménez del Trío de Oro del centro de la Isla.
Por décadas fueron el núcleo central del reconocido y legendario Guiñol de Santa Clara, aún en momentos en que la atención de los medios oficiales se centraba en otros grupos. Destacadas son sus trayectorias como diseñadores de personajes y escenarios, constructores de ingeniosos mecanismos, refinados animadores de figuras, actores, profesores, Iván y Allán magníficos directores; en una palabra, Maestros todos del Arte Titiritero.
Tras la partida de Iván y Allán por caminos diversos, quedó Olguita al frente del Guiñol —que ya no era aquel– como Capitán que se niega abandonar la nave donde ha navegado la mayor parte de su vida. Entre las paredes y bajo el techo del Teatro que vio florecer al Guiñol tuvo la sabiduría de dar amparo a una nueva y ya probada agrupación: Teatro sobre el camino, quienes, a su vez, supieron honrar a sus predecesores.
La última vez que compartí con Olguita Jiménez fue durante la celebración del Festival de Teatro para Niños y Jóvenes Cienfuegos 2019, donde realizamos también, la Asamblea General del Centro Cubano de la ASSITEJ correspondiente al período 2015-2019. La escoltaba, con respeto y ternura, el joven relevo con el cual compartía los espacios de soñar y crear en Santa Clara. Son imágenes hermosas que no olvidaré nunca. Olguita, infatigable, participó en todo como si nuevamente fuese la muchacha dulce, que evoca Wilfredo Rodríguez, Director de Teatro Drippy, en sus palabras de despedida; en efecto, Olguita volvía a ser Meñique y el Ratón Compota.
Por fortuna existe un libro valioso, obra de Carmen Sotolongo, quien fuera por años Asesora del Guiñol, que recoge la historia dorada del grupo; una historia que ha quedado, como sucede con las artes del espacio y el tiempo, en las pupilas asombradas de quienes tuvieron el privilegio de ser sus coetáneos, y que merece ser contada a los demás por todo aquel que atesore la memoria de tales imágenes como prueba de cuánto puede lograr la imaginación creadora y el gusto exquisito en esa extraña caja de tela y madera que llamamos la escena.
Olguita querida, que has de estar, por razones múltiples, en la Gloria, salúdanos, allí, por favor, a nuestra Xiomara Palacio, y dale nuestras gracias por su perenne y jubilosa compañía. Esa que nos hace soltar las carcajadas sin que sepamos muy bien, a veces, a qué se debe tanta alegría. Y tú no te entretengas ahora en chácharas interminables con ella, que la inspiración de ambas y vuestros ejemplos de tesón y voluntades a toda prueba nos son muy necesarios todavía.
Conjuren, exorcicen la desidia, la ignorancia, la subestimación, el desinterés, la arrogancia vana y el irrespeto para que se mantengan lejos de nuestro arte y exíjannos ser mejores, superiores aún a ustedes —que nuestros públicos pueden ser más rigurosos y, tal vez, más necesitados y quedará– cabalmente cumplida la tarea del Maestro.

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