Perseguir Un Monstruo

Por Charles Wrapner

El encuentro Desconectado a 969, que organiza la Asociación Hermanos Saíz en Santiago de Cuba, tuvo entre sus propuesta la obra en proceso Leviatán del Grupo de Experimentación Escénica La Caja Negra.

La pieza fue presentada en la sala Mambí del Guiñol de Santiago de Cuba. El joven colectivo santiaguero selecciona personajes cotidianos y los sube a escena en el cuerpo de sus actores. La obra se anuncia como una reflexión intensa, estremecedora de cuán humana es la miseria.

Un Cristo que recuerda aquellos de Juan de Juni abre la puesta con un anuncio de desastre. Habla del monstruo que personifica el pecado del orgullo, pecado padre de todos los pecados. El Cristo ante la vista del espectador asciende hacia las alturas y puesto en puntillas sobre un tanque viejo lanza su prédica casi en grito vivo. Desde la primera escena puede sentirse una influencia que Juan E. Sosa reconoce; la influencia de El Ciervo Encantado. Obras significativas de la agrupación como Visiones de la cubanosofía o Variedades Galiano, son referentes directos que se descubren al ver la pieza de La Caja Negra.

Mientras la obra avanza descubrimos los mismos personajes en diferentes situaciones de su miseria, de su aparente locura. Resalta entonces la preparación física de los actores y el trabajo para lograr la calidad de energía necesaria para los personajes y las situaciones.

No es necesario conocer los referentes reales para saber que los caracteres que vemos en escena están inspirados en la realidad. Tal vez porque el referente de estos seres típicos de las calles que mendigan y rozan la locura todo el tiempo son conocidos por todos. Las tareas de los personajes no consisten más que en ganar el sustento para cubrir las necesidades básicas del vivir. Entonces lo interesante está en cómo lo consiguen o mejor dicho en cómo este colectivo de experimentación escénica muestra las secuencias de modo que el espectador pueda estar todo el tiempo interesado. La parte que se devela de cada personaje invita al público a recrear en su mente el resto de la historia. La música y el ritmo de las escenas ponen al espectador en la situación del que observa lo que pasa en una esquina, en un escondido rincón de la ciudad.

A pesar de ser una obra en proceso, se devela como una seria investigación para los actores sobre la naturaleza de seres que resultan extracotidianos y que suponen una especial atención en términos de interpretación. Leviatán se anuncia como una obra intensa, con un discurso filoso y profundo sobre el fino velo que nos separa de un estado óptimo de conciencia. Una obra que si avanza certeramente será estremecedora por su fuerza escénica, la presencia de sus actores y el contenido de sus historias. Espero y deseo que así sea.

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