PASANDO CUENTA AL FESTIVAL MÁSCARA DE CAOBA

Entrevista con el director Rubén Darío Salazar, quien fungió como miembro del jurado.

Por Leonardo Estrada

Siendo Rubén Darío Salazar santiaguero de pura cepa, no había contado con una invitación oficial anteriormente, para participar o ser parte del jurado del Concurso y Festival de Teatro Máscara de Caoba. Una sonrisa furtiva es quizás el gesto más distintivo del director, cuando le pregunto a qué se ha debido la desconexión. Noticiable es sin dudas que el maestro no haya vertido aquí su sapiencia desde antaño. De todas maneras, la ciudad que le dio la vida ha sabido resarcirle y gracias a Yasmany Liens Aguilera, el presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, y a otros esfuerzos, vuelve ahora el creador a su suelo natal.

Diversidad de estilos han caracterizado esta edición del Máscara. ¿Cómo ha visto Rubén Darío Salazar el encuentro, tomando como punto de partida las obras presentadas y sus particularidades?

Una festividad así, que tiene 20 años, se supone tenga una experiencia recorrida. La 20 edición tiene el reflejo real y fiel de lo que está sucediendo teatralmente en el Oriente del país, con todos los temas, preocupaciones, defectos, virtudes… Hay una generación talentosa de actores que salen de las escuelas de la enseñanza artística con ganas de trabajar. No obstante, falta en algunos un sentido conceptual abierto y arriesgado de la dirección artística, de la imagen. El diseño ha dejado de tener esa calidad indispensable para una buena puesta en escena. La banda sonora y el texto advierten otros recorridos menos difíciles, pero la dirección artística y el diseño van a la saga.

Yo creo que es bueno que el Festival se convierta en una zona de información teatral para esta parte del país y viceversa. Es bueno que venga el Harry Potter… de Carlos Díaz, que venga El Portazo con su CCPC, la República Light. Que los jóvenes y no tan jóvenes intercambien con los maestros y con los colegas jóvenes del otro lado de nuestro territorio.

¿Cuáles fueron los parámetros que rigieron al jurado para entregar los premios?

Hemos querido premiar lo que más se destacó, o al menos lo que estaba mejor logrado. Los grupos que ostentan una poética definida salieron adelante, como es el Teatro del Viento con Otoño o Teatro Andante con El mejor amigo del hombre. Hubo sorpresas como el espectáculo Ochosi del Teatro Ríos, de Guantánamo, el cual obtuvo premio para el director y el intérprete. Fue una pieza que nadie imaginó iba a sorprendernos, y de repente, atrapó a todos por valores artísticos muy particulares.

No hemos premiado espectáculos que están resueltos del todo, sino que al menos tienen el aviso de lo que pudiera devenir en una mejor puesta en escena. El teatro es eso: acumulación de funciones y experiencias escénicas en el día a día. Hubo mucha diversidad en cuanto a estilos, no así en las temáticas. La problemática social sobresalió. Pero eso es el teatro, las obsesiones y catarsis del pueblo. Qué bueno que no se pierda en cosas vanas.

¿Crees que el Máscara de Caoba debe permanecer sobre el concepto de concurso?

A mí en particular no me gustan los concursos. En mi opinión lo que debiera funcionar como concurso es la curaduría…  Si se seleccionan diez obras, que sean de lo mejor que hay en esta área geográfica del país, ya está. Lo importante es que vengan todos, el público, los amigos, estudiantes, artistas, la prensa… Sí, ojalá no fuera competitivo. Siempre está lo subjetivo, a veces se puede ser injusto.

Hablabas de curaduría. ¿Qué sucede con ella, también con la organización, logística?

Hacer un Festival en estos tiempos en Cuba, y en cualquier país, significa un esfuerzo enorme de un comité organizador que debe velar porque funcione lo logístico y lo artístico. Regir esa mezcla es duro, pero el Consejo Provincial de las Artes Escénicas tiene gente bien capaz, que ama la profesión, que tiene conciencia de que el teatro es el reflejo sociocultural de un país. De igual modo, se deben programar obras con más de una presentación. Es duro viajar desde tan lejos para una sola función.

¿Qué perdura del llamado teatro de relaciones que ha caracterizado el arte teatral santiaguero si lo analizamos en la actualidad?

El único lazo que vi está en el Teatro Macubá, de Fátima Paterson, de una manera renovada y personal. En cualquier caso, no hay que seguir ninguna tendencia estética obligatoriamente, sino insistir en el sello propio que le ponemos a nuestras puestas para que no se parezcan a otras. Alcanzar una poética no es fácil, hacen falta años de trabajo.

Adolece el teatro para niños y jóvenes de un trabajo contundente para evolucionar las técnicas de animación, los temas, modos de construir la dramaturgia textual y escénica. Pero quedan directores como usted que contradicen estas ideas debido a su brillante quehacer. ¿Cuáles son sus apreciaciones de las piezas de teatro para niños y jóvenes que han subido a cartelera?

Las mejores propuestas que vi eran eso, propuestas, estudios, ensayos escénicos, obras en pleno work in progress. Sin embargo, tenían el germen de lo que podría ser luminoso. Paradójicamente, las que estaban más acabadas no fueron tan buenas para mí como estas obras en desarrollo. Hay que seguir buscando, hay que ser más inquietos. Pero estoy contento, porque hay semillas.

¿Diferencias entre los Máscaras, al menos los más recientes que recuerdas?

Te tengo que responder de una manera singular: En 20 años del Concurso y Festival de Teatro Máscara de Caoba, siendo yo santiaguero, y un creador de labor reconocida, es la primera vez que me invitan, por tanto, la primera vez que participo con un espectáculo de mi agrupación Teatro de Las Estaciones (fundada hace 24 años) y como jurado de la especialidad teatral en la que recién me acabo de recibir como Máster en Dirección Escénica.

¿A qué se ha debido?

(Una sonrisa furtiva).

¿Sensaciones con lo vivido estos días?

El teatro está y seguirá vivo mientras haya vida humana. Que exista y que represente una contribución artística e ideológica para las personas, sea en el Mascara o en otros festivales, es lo que verdaderamente importa.

 

 

 

 

 

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