Sobre la historia de la danza en Santiago de Cuba

Por  Pascual Díaz Fernández

El cuerpo goza  placeres a los que el alma no alcanza. Durante la Edad Media europea, la danza fue prohibida, excomulgada y perseguida. Era cosa del Diablo y también su instrumento, el cuerpo. Cuesta trabajo pensar que aun existan personas que piensen  de esa manera. Porque cuerpo y alma son lo mismo.

El siempre loable esfuerzo de la Fundación Caguayo y la Editorial Oriente, han dado lugar a una serie de libros sobre el arte, la literatura y, en general, la cultura en Santiago de Cuba, que han permitido una estimación renovada de la creación artística y literaria en esta parte del país, con sus aportes y especificidades. Uno de ellos ha sido Placeres  del cuerpo. La danza en Santiago de Cuba (2015), escrito por el investigador Ernesto Triguero Tamayo.

Se consagró a los 500 años de existencia de Santiago de Cuba. Si hubiera salido este año (2020), se hubiera podido dedicar al medio milenio de la celebración de las primeras representaciones escénicas del Nuevo Mundo. Desde entonces, nuestra escena se ha caracterizado por ser festiva, ritual,  popular, callejera, espiritual y ecuménica; a su vez, mezcla culturas y expresión de la sicología social de quienes habitamos esta parte del mundo.

Placeres  del cuerpo… es el primer intento sistemático de historiar la danza en Santiago de Cuba. Gracias a la investigación del autor se evidencia la poderosa impronta de la manifestación en la cultura santiaguera tanto en lo  popular, en Trocha o Martí, como en los más exclusivos espacios dados al ballet en el Teatro Oriente y el Ateneo Cultural.

Las principales dificultades para la investigación han estado en lo poco   estudiado del tema, la largueza del periodo analizado y la riqueza, amplitud y diversidad de la manifestación en la ciudad. Algunos géneros tienen una mayor información y otros, casi no la tienen. El autor debió recurrir a la memoria oral de bailadores y amantes de los bailes populares, por ejemplo. Acudió a invaluables testimonios que se hubieran perdido totalmente (Miguel Ángel Botalín, Eduardo Rivero, Manuel Ángel Márquez, entre otros).

El texto revela la presencia de acontecimientos, figuras y tendencias en la Colonia, la Republica y la Revolución. Está escrito de forma amena, lo que permite que sea asequible tanto para estudiosos como para todo público en general, y es que, en Santiago, todo el mundo cree saber o, de algún modo, sabe, de danza, y si es folclórica, mucho más.

Quizás por ello haya sido necesario un procedimiento mucho más cuidadoso del tema con la danza folclórica. No es secreto para nadie el escasísimo tratamiento del tema, que, aprovechando la ocasión, pudo haber sido más detallado y profundo. No se tienen en cuenta los elementos del carnaval, la relación entre los grupos tradicionales, de aficionados, los grupos profesionales, y no se mencionan nombres significativos para la manifestación, aunque no están vinculados al movimiento profesional. No aparecen reseñados coreógrafos y pedagogos que han hecho aportes a la danza en esta arte del  país.

Como buen investigador, Triguero Tamayo descubre bailes hoy desconocidos como la Sopimpa, o revela datos sobre el Cocoyé. A su vez, pone de  manifiesto el complejo camino del ballet, desde su consideración como entretenimiento burgués hasta su actual visión como expresión enraizada en el gusto popular.

El arte del libro Placeres  del cuerpo… es una creación colectiva. Martha Mosquera se hizo valer en el diseño del texto, en el afortunado empleo del color y la variedad tipográfica. Zailen Clavería logra una excelente edición, sobre todo, en el exquisito cuidado en cuanto a nombres, hechos y personalidades; lo mismo en la claridad de la organización del material literario. Sin embargo, las fotos son borrosas y oscuras con un bajo nivel de definición de la imagen.

Ernesto Triguero Tamayo ha escrito otros textos sobre danza; entre ellos, una semblanza biográfica de Nicolai Yavorski, coreógrafo y maestro de Alicia, Fernando y Alberto Alonso. Placeres del cuerpo… puede ser un incentivo  para que, tanto Triguero Tamayo, así como otros jóvenes investigadores continúen por este camino. De igual forma, para que el caudal de investigaciones y publicaciones sobre la danza, en Santiago de Cuba, sea más amplio. Lo necesitamos porque cuerpo y alma son lo mismo (en la cultura cubana, al menos).

En portada: Ernesto Triguero Tamayo, investigador y autor del volumen Placeres  del cuerpo. La danza en Santiago de Cuba. Foto Archivo Cubaescena.

 

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